Mostrando entradas con la etiqueta Góngora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Góngora. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de febrero de 2008

梅が香 Ume ga ka




梅が香に
のっと日の出る
山路かな



Ume ga ka ni
Notto hi no deru
Yamaji kana.


Apunta el sol
por ciruelos fragantes.
¡Mira! Un sendero...


Prunos fragantes
so el apremio del alba,
¡y ese sendero!



On sweet plum blossoms
The sun rises suddenly.
Look, a mountain path !




¡Uf, qué tirao estoy! Me imagino que alguna gente que no ha traducido poesía -o que no ha escrito ninguna en su lengua propia- me vendrá con que este mío es trabajo que se hace en dos minutos, y que más aquí, con tres líneas mal contadas en las que no hay que someterse al galeotazo de la rima o a un ritmo prefijado. Pues será que soy muy bruto o que no tengo condición, pero lo cierto es que me paso la jornada dando vueltas a éstos los tres rengloncillos de mis dolores, pesando y repesando palabras, vocales, consonantes, tónicas, átonas y tal y no veo un fin de fiesta. Con este haiku, al cuarto de hora de labor, ya tenía la sensación de andar dándome de cabezadas contra un muro, pero de esos que hacían los egipcios y que duran todavía. Para empezar, el primer verso dice literalmente: "En el aroma de ciruelas". Bueno, no de ciruelas, claro, eso ya se sabe, sino de los ciruelos en flor: el poeta -otra vez el genial Basho- usa esa figura retórica que toma la parte por el todo o al revés; el continente por el contenido y olé. Me parece que se llama sinécdoque, pero no me hagáis mucho caso, porque estas cosas desde la EGB siempre las mezclo. Y eso que hay una historia que debería ser suficiente para hacerme recordar el nombre. Veréis: cuando yo era muy chico, en el colegio, un maestro le pidió a un compañero mío -debíamos de tener doce años- que le explicara la frase gongorina de Oh siempre glorïosa patria mía / tanto por plumas cuanto por espadas. Mi compa le dio una respuesta digna de un premio, pero grande: "Córdoba, famosa por sus toreros y por la calidad de sus gallinas". Ayer pensé que no sería mala obra el recopilar todas las barbaridades que había presenciado en mi larga vida académica (las de los profesores: con los estudiantes sucede generalmente lo contrario, que uno oye genialidades, si es que sabe escuchar). Bueno, pues tendría que empezar por aquí, porque el colega docéntico en cuestión se llevó las manos a la cabeza. A lo mejor un genio -el que dormía en el porvenir de mi compañero- se perdió para siempre.

En fin, aterrizando de los altos mundos de la retórica: que el problema era cómo meter en cinco sílabas aroma, ciruelos y de remate, artículos, preposición y otras alharacas. Aún decidiéndome por odor o árbol o cualquier otro apaño sinonímico, todavía me faltaba espacio en el renglón. ¿Qué hacer? La única respuesta a tan supremo enigma que había podido encontrar hasta el momento estaba en una página de internet y dice:

Aroma del ciruelo
de repente el sol sale.
Senda del monte.


Sobran las palabras que diría en idéntica circustancia Guillermo Sautier Casaseca (¿A qué no sabéis quién es, eh? Chincha, rabia... El listo que se acuerde que deje abajo un comentario...). En fin, que no es solución ni nada, porque el traductor renuncia de antemano al combate cuerpo a cuerpo quinquesilábico y se resigna al hepta sin más. ¿Qué hacer pues? En un primer momento creí que no había más solución que alterar el orden de los versos. Es un recurso de tufillo picaresco, claro; pero, oye, si no se incluye la traducción al inglés, pelillos a la mar...

Bueno, pues estaba ya tan contento con mis diecisiete silabejos en los que sólo había tenido que renunciar a piltrafas como el orden de los versos o al notto -"rápidamente"- del segundo, cuando me vino la idea de que quizá la posposición ni la podría trasladar mediante alguna chapucilla del gremio al segundo verso y, así, echando mano de obsequioso sinónimo, salvar el expediente X de las cinco sílabas. ¿Tendría prunus algún derivado en castellano? Según la RAE sí. Aunque no especifica dónde, resulta que hay lugares en los que al ciruelo se le llama pruno y a la ciruela, pruna. Vaya, que parecía que por esta vez iba a salir con el oficio.

Comparada con el japonés, la segunda versión tiene sólo un pero gramatical: mientras que en aquélla aparece un verbo deru, "salir", ésta, cual estación de tren tokiotera de ocho en la mañana, no deja espacio para más. Pues mira, cuando iba escribiendo la línea anterior se me ha ocurrido so alba que presta asoma; pero la falta del artículo o la alternativa de incluirlo, so el alba que ya asoma no me acaban de convencer, pero que ni un pimiento bercianero. Así que ahí lo dejo y santas pascuas.

Por cierto, ayer a las tantas volví sobre los tres haiku que compuse originalmente, los que me metieron en este negocio. Más que nada por obsesión de simetría les endiquelé unas traducciones albiónicas que no se las salta un gitano, vaya, ni con acta de eurodiputado adjunta en zona estomatera. Pues descubrí una cosa que demuestra lo bobo que soy por no haberme dado cuenta antes: el vicio monosilábico de la eufónica lengua de don Chaucer hace que la elección de palabros resulte muchísimo menos complicada que lo que sucede con el castellano, y es que a uno le suele suceder lo que a mí jugando a la siete y media, que siempre me paso. Es más, un problema muy frecuente es el inverso: cómo encontrar elementos léxicos que sean lo suficiente buenos mozos para rellenar la línea. Qué cosas, oye.

Con un aviso termino: mis buenos compadres angliparlescos, los pobres desgraciaítos a los que asaeteo con los mostruos de mis escritos originales en su lengua, a causa de variadas investigaciones estos días están para pocas: el primero, metido hasta las canganillas en una cosa de biología molecular de mes y un poco que ya atiende al nombre de Kent-chan; los otros dos, obedeciendo a la llamada de natura, de trabajo de campo de amores, flamantes y floridos. En fin, que hasta que Charles, el papa de Kent-chan, no lo meta en guardería o a alguno de los otros dos les deje de echar la zancadilla la dulce Afrodita, en absoluto respondo de que mis traducciones al inglés valgan medioduro. Bueno, ahora que lo pienso, como último recurso, a lo mejor éstos hasta podrían ayudar. No sé...

martes, 12 de febrero de 2008

De sus obras y sus pompas



Una compañera de trabajo se enteró de que a mis estudiantes les hago escuchar cierta canción de Antonio Machín en la clase que dedico a la música popular dentro de la asignatura de "Cultura y Sociedad Españolas" (en fetén スペイン語文化と社会). Parece ser que uno de ellos, con esa ingenuidad enternecedora que sólo se disfruta a los veinte años, le había preguntado si ella también compartía esa mi afición por la música del bardo cubano. No sabiendo con qué carta quedarse -si con la de la indignación proporcional a la gravedad de la circustancia o con la de la incredulidad benevolente- se me acercó en la sala de profesores y, provista de la energía del púgil peleón fajado en mil veladas, ése que salta al ring dispuesto a devorar al otro primerizo y tontorrón, me preguntó a bocajarro por el asunto. Cuando le confirmé sin rubor su sospecha me miró con cara de pasmo y soltó un irreprimible "¿Y no te da vergüenza?" que le salió del alma.

No era ésta la primera vez que me veía blanco de su santa y justificada indignación: poco tiempo antes, cuando tras las lecciones me pilló absorto en la misma sala sobre el Polifemo me pulverizó con una mirada telúrica al tiempo que me esquinaba contra las doce cuerdas lanzándome un directo a la parte más blanda de mis asaduras en forma de: "¿Pero no me digas que tú lees poesía...?" Ella parecía que no; por eso me ahorré la cita de César Vallejo que me vino a la cabeza -ella es española, aclararé-; bueno, por eso y porque, obviamente, compartiendo ambos la nacionalidad, a lo mejor el verso se me podría caer también a mí un día en la cabeza.

Como yo soy de los que escarmientan poco, este segundo round -el de Machín, digo- su pregunta me pilló también de guardia baja y tampoco supe responder de forma más o menos decorosa. Creo que, como la otra vez, sencillamente, con un buen juego de piernas hurté el cuerpo al castigo. Ahora me doy cuenta de que obré de forma muy prudente: si ella hubiera sabido de mis gustos plebeyos en materia musical quizá habría removido Roma con Santiago hasta conseguir por lo menos un K.O técnico, o sea, que el catedrático encargado del currículo académico no me asignara otra obligación que la de enseñar cursos de "Gramática 1" con el argumento de que en clases más avanzadas me convertía en peligro público para la sanidad mental de nuestros pupilos.

Como estamos en confianza, como esto no lo leéis más que vosotros que sois muy de casa, os lo digo así, en voz susurrada y con mucho sotto voce: lo cierto es que, además de Machín, me alegra y hasta estimula escuchar ciertas canciones de Manolo Escobar, María del Monte, Antonio Molina o Sara Montiel. Qué le vamos a hacer: hay lo que hay, se es como se es y, del mismo modo que sucede con los padres o los hermanos, uno no se puede escoger a sí mismo. Pero quede claro, y advertidos os dejo: si se lo contáis a alguien, si lo vais repitiendo por ahí, si llega hasta los oídos de la Santa Inquisición, renegaré las veces que haga falta; y me sentiré como un bendito, oye.




jueves, 25 de octubre de 2007

Góngora



[...]

Pero en la poesía encontró siempre, no tan sólo hermosura, sino ánimo,
La fuerza del vivir más libre y más soberbio,
Como un neblí que deja el puño duro para buscar las nubes
Traslúcidas de oro allá en el cielo alto.
Ahora en el reducto último de su casa y su huerto le alcanzan todavía
Las piedras de los otros, salpicaduras tristes
Del aguachirle caro para las gentes
Que forman el común y como público son árbitro de gloria.
Ni aun esto Dios le perdonó en la hora de su muerte.
Decretado es al fin que Góngora jamás fuera poeta,
Que amó lo oscuro y vanidad tan sólo le dictó sus versos.
Menéndez y Pelayo, el montañes henchido por sus dogmas,
No gustó de él y le condena con fallo inapelable.

Viva pues Góngora, puesto que así los otros
Con desdén le ignoraron, menosprecio
Tras del cual aparece su palabra encendida
Como estrella perdida en lo hondo de la noche,
Como metal insomne en las entrañas de la tierra.
Ventaja grande es que esté ya muerto
Y que de muerto cumpla los tres siglos, que así pueden
Los descendientes mismos de quienes le insultaban
Inclinarse a su nombre, dar premio al erudito,
Sucesor del gusano, royendo su memoria.
Mas él no transigió en la vida ni en la muerte
Y a salvo puso su alma irreductible
Como demonio arisco que ríe entre negruras.

Gracias demos a Dios por la paz de Góngora vencido;
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora exaltado;
Gracias demos a Dios que supo devolverle (como hará con nosotros),
Nulo al fin, tranquilo, entre su nada.


Luis Cernuda, Como quien espera el alba

Entradas populares

Vistas de página en total