martes, 26 de febrero de 2008

梅の木 Ume no ki


梅の木は
望の香り
パパの花


Ume no ki wa
nozomi no kaori.
Papa no hana,

Como el ciruelo
fragante es mi tesoro,
flor de su papa.


Like plum tree blossoms
Fragrant little thing my boy
Is daddy's flower.





El diciembre anterior fuimos a España. Yo, por cosa del trabajo, tuve que regresar a Japón y pasé las navidades solo. Mi hijo y su madre quedaron en casa de los abuelos y allí estuvieron hasta concluidas las fiestas. El reencuentro en el aeropuerto fue emocionante: no olvidaré nunca la imagen de mi peque cuando venía del control de aduana arrastrando una maleta casi más grande que él mismo con un aplomo tal que daba la impresión de haber nacido viajando. En su carita se veía la felicidad encarnada: estaba otra vez en Japón y después de dos semanas -para un niño unas mil- veía por fin a su papa. Al salir de la terminal el viento de la anochecida cortaba. Me quité la bufanda que en invierno siempre llevo, la bufanda que su madre me regaló precisamente ahora hará unos diez años paseando por Kobe, se la puse al cuello y él inmediatamente exclamó con ese tono de satisfacción sincera del que son sólo capaces los niños: "Papa no ii nioi da!" (¡El buen olor de mi papa!). Es la frase más dulce que nadie me ha dicho jamás. Este poema querría contener un poquito del "aroma" de ese momento, tan trascendental para mi vida.

Como sabéis todos un buen haiku necesita de un kigo, una palabra clave que marque la estación: en los dos anteriores una es yuki, "nieve" y la otra, anacrónica porque estamos en época seca, ame, "lluvia". La de hoy es ume, o sea "ciruelo", apropiadísima para estas kalendas: desde mi ventana se ven tímidas pinceladas blancas y rosáceas que entre los árboles del monte, aún desnudos, se mecen con el viento. Me iría en su búsqueda al instante, pero el día amenaza nublado y se está tan agusto aquí dentro, oyendo el aullido del viento que golpea los cristales...






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