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sábado, 5 de junio de 2010

El misterio de la cifra embrujada

Una de las lecturas posibles de 4 es shi, homófona de "muerte," y otra de 9, ku, la primera sílaba de kurushimu, "sufrir," así que en un hospital de esta tierra no encontraréis habitación con esos números.

Decía algún escritor antiguo que los romanos eran los más supersticiosos (o "religiosos") de los hombres. Hoy, por lo que yo sé, esa calificación se podría extender a los ciudadanos de Japón: como los miembros del Imperio de alrededor del Mare Nostrum, los de estas islas tradicionalmente mantienen altarcillos en el mejor rincón de la casa, acuden al sacerdote cuando emprenden una obra o creen en el poder oculto de los números. He oído decir también que antes de dar nombre a un recién nacido -nosotros, irresponsables, no lo hicimos- cuentan los trazos de los caracteres que lo forman y miran bien que sea un número fasto.

Un amigo americano fue a contratar un teléfono. Antes de hacerlo, en la oficina de la NTT, la Telefónica local, le ofrecieron tres combinaciones: él, sin pensar mucho, apuntó a la primera. Después de que la empleada del negocio la hubiera tecleado, cayó en la cuenta: estaba repleta de nueves y de cuatros. "Quiero que me lo cambie: las chicas van a pensar que soy un tío raro y me voy a quedar pa vestir santos." No hubo solución y se tragó el número. La maldición pitagórica surtió efecto: se casó con una moza estupendísima. El resto -las muy bobas- huían despavoridas...



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