sábado, 10 de noviembre de 2007

Un lugar de la Mancha llamado Tokyo

El miércoles pasado, gracias a la divinidad que protege tal día semanero, tuve una jornada estupenda. Como me marcharé al simposio de Salamanca el mes que viene, debía recoger mi "visado de reentrada". Resulta que cuando uno vuelve a Japón del extranjero necesita un sello en su pasaporte que -supongo- avisa a los funcionarios de inmigración de que ese elemento es "persona grata", digna de vivir en el país, vaya. Pues para cumplimentar ese engorro tuve que tomar el tren durante media hora y marcharme hasta la hermosa ciudad de Shinjurigaoka, donde están las oficinas que tengo más a mano.

Aprovechando mi cercanía a Tokyo pasé toda la jornada de acá para allá en "la gran mandarina", como he oído que la llaman, por semejanza, me imagino, con "The big apple", que es Manhattan. Creo que ya he cantado suficientemente las alabanzas de la metrópolis en alguna otra parte. Si no es así, no faltará ocasión. En cualquier caso para mí una oportunidad de visitar Tokyo es motivo de distracción, esparcimiento y aprendizaje. Nunca acaba uno de descubrir rincones, paisajes, o gente. A los que me hablan de lo horroroso de las grandes aglomeraciones de personal contemporáneas siempre les recomiendo que se busquen algún libro informado (The Atlas of London podría servir perfectamente) para que se enteren de lo que era la vida en esas orbes hasta el siglo diecinueve, concretamente, hasta que se hizo lujo popular el alcantarillado público. Seguramente si a un "manolo" madrileño de finales del dieciocho lo trasplantáramos ahora sin explicar nada al Paseo de Recoletos pensaría que se le había hecho realidad la frase manida esa de "De Madrid al Cielo".

En fin, que lo que yo quería decir con los Cerros de Úbeda de arriba es que me pasé el día en Tokyo y que de todas las cosas buenas que me ocurrieron una de las mejores es que, acompañado de cinco graciosas damas, un amable profe argentino del Centro me enseñó el Cervantes. Algún otro día analizaré si merezco de verdad esta bendición que de vez en cuando me acontece: el verme rodeado de las graciosas féminas hispánicas que moran en estas tierras. La verdad es que no sé cómo me lo hago y desde aquí a los dioses de occidente o a los de oriente, a los que corresponda, doy las gracias. El caso es que, aunque sin duda lo mejor fue la compañía, el Instituto me sorprendió, para lo bueno, y aquí ahora quiero contar un poco la visita.

Hace ya demasiados años -en el verano del 94- mi amigo y colega Marc Rigaudis, egregio novelista y fotógrafo, me invitó a un coloquio que sobre su libro de relatos Ito san celebraba en la Maison Franco-Japonaise de Tokyo. Cuando llegué al sitio me puse verde de envidia: un lugar precioso, en pleno centro de la ciudad, amplio, elegante, lleno de vida, de cultura francesa, con su cafetería y jardincito donde uno casi se olvidaba del ruido de los coches y de las otras inconveniencias que, a pesar de las loas que hice antes de la gran ciudad, inevitablemente ésta trae. Para saciar en su librería la sed de lectura gala que de vez en cuando me asalta, alguna otra vez he visitado esa "Maison"; pero me dolía acercarme por allí, y no por otra cosa sino por la comparación, o sea, por la realidad de que España, el español, más bien, no contaba con ningún espacio ni de lejos, similar al que disfrutaban los franceses.

Pues bueno, esto se ha acabado: me parece que, a partir de ahora sí podré visitar el Instituto Francés, el Goethe, el Centro Italiano y cualquier otro que me apetezca sin que se me tenga que caer ningún anillo debido a mi condición de hispano. El Cervantes de Tokyo es un sitio de verdad muy digno, por la zona en la que está, por su estructura y su tamaño, por el cuidado con el que se ha diseñado y, sobre todo -de lo que he podido conocer- por el personal que lo maneja. Mi loa de esto último va motivada por la política que parece ser que sigue la dirección: no primar en absoluto lo español sobre lo transantlántico. Nos contaba nuestro guía -un argentino con un gran charme porteño- que allí no se escondían acentos, orígenes o modismos. Un hurra por el señor director. A pesar de que soy español, me siento estomagado por el imperialismo ridículo que en la mayor parte de las universidades de esta tierra pinta a la hora de la lengua de Cervantes: el español es cosa de España y punto. Pues, hombre, gracias al noventa por ciento de la gente que habla con acento sudaquillo, pringaditos como yo gozamos de un buen pasar enseñando lo que hablamos. ¿Es que alguien se imagina que si solamente los peninsulares usaramos el castellano el mundo iba a tomarse tantas molestias para aprenderlo? Yo, personalmente, siento una gratitud enorme por esas multitudes de hispanoamericanos que con tantos acentos diferentes hablan con una sintaxis similar a la mía, aunque con entonaciones varias. No lo haré, pero si me pusiera a especular en qué sería nuestra literatura si no existieran Garcías Márquezes y tal, pues podrían darnos las uvas.

El Cervantes de Tokyo se completa con los espacios habituales en escuelas de este tipo: biblioteca -muy amplia-, bar -por desgracia, y como manda la tradición hispánica, todavía en obras-, librería y salón de actos. Sólo hay dos pegas que se le pueden poner; una leve y la otra, no tanto: el salón de actos cuenta con doscientas plazas escasas. En una ciudad como ésta en cuatro días no va a dar abasto. Posiblemente dado el espacio y el presupuesto no quedaba más remedio que hacerlo así. La segunda pega es de mucho más calado. El Cervantes, en lugar de organizar su librería desde cero optó por otorgar la contrata a una ya establecida en Tokyo desde hace años. Esta librería ha cerrado su otra sede y ahora lleva la del Centro. El stock con el que cuenta es lamentable: la cuarta parte son best-sellers traduccidos del inglés, la presencia de los clásicos (incluso de los contemporáneos es ridícula), de los poetas, otro tanto de los mismo, y los precios están inflados sin piedad alguna. Supongo que a estas críticas se me contestará que, qué remedio, la librería tiene en sus estantes aquello que se vende, y que con respecto a los precios, su nivel va determinado por el de los costos de transporte y el actual cambio terrorista del euro. Bueno, si alguien me responde así le aconsejaría que se acercara hasta Jimbocho y que diera un vistazo a la librería "Italia Shobo", con los estantes repletos de excelente literatura y a precios mucho más razonables que los de la que tratamos. Si "Italia Shobo" ha sido rentable durante tantos años con esa política de "stock" y precios ¿por qué una con las condiciones tan favorables como la del Cervantes no mantiene otra similar? Misterio.

En definitiva: muchas felicidades a la dirección del Cervantes de Tokyo por sus sabias elecciones, a la gente que lo anima y a todos los hispano-hablantes que vivimos en esta tierra, que tanto tiempo hemos esperado.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Hijos avechuchos

Mi muy querido amigo Paco de la Vega en su blog Las casas del canal trata un tema muy peliagudo, uno que a todos los que somos padres nos preocupa, tanto que seguramente no haya otro que nos quite más el sueño: la educación de nuestros hijos. Utilizaré términos algo salvajes y así espero que nos entendamos más pronto: ¿Qué es mejor para el futuro del niño, el palo o el caramelo? O, para ser más preciso: ¿cuál es la ración adecuada de cada uno de estos gloriosos instrumentos para que, sabiamente empleados, lleguemos a conseguir que nuestros hijos crezcan sin acabar convirtiéndose en individuos infelices, acomplejados o pusilánimes?

Ya se sabe que las teorías pedagógicas -sobre todo las prácticas pedagógicas- han cambiado mucho. En mi infancia, sin ir más lejos, era todavía común el que el maestro nos calentara el trasero sin ningún miramiento. Hay una imagen de mis seis años, que me hace temblar de rabia cuando me viene a la cabeza: un maestro salvaje que nos preguntaba la tabla de multiplicar cada día. Llamaba a la pizarra a los alumnos uno por uno y, delante de todos, nos azotaba si no recordábamos la cantinela. Había un pobre muchacho, un alma cándida y simple, que era incapaz de meterse en la cabeza la retahila de los números. Un buen día el maestro le llamó y él, teniendo la absoluta certeza de que acabaría con las posaderas doloridas, iba hacia la mesa del salvaje frotándoselas de antemano. La ceremonia de todos los días: "Dime la tabla del siete". El pobre muchacho que se atasca en lo de siete por cinco y el baboso que se prepara para dar el golpe de gracia. En aquel momento mi compañero da un salto instintivo hacia atrás y el salvaje aulla: "Ven aquí".

Bueno, pues lo que siguió fue una imagen tragicómica propia de la España negra: el bestia persiguiendo al muchacho por toda la clase vara en ristre y éste zafándose con gracia de los mandobles de la hiena. Todavía me río por dentro con una risa amarga cuando lo recuerdo, y cuando me acuerdo de los gritos: "Cogédmelo, cogédmelo" Por supuesto que aquella mula pedagógica fue capaz de alcanzar al mi condiscipulo y la paliza que llevó fue de aupa, pero creo que aquel gesto de rebeldía le reportó a la larga una satisfacción que bien valió el dolor de trasero que seguramente le hizo la puñeta durante todo el día.

El que estas cosas quedaron para siempre desterradas y bien desterradas es algo en lo que todos estaremos de acuerdo. Ahora, ¿se debe de ceder a los lloros de los críos, es tan nefasto como indica mi amigo Paco el que a los niños se les lean libros antes de acostar o que se les concedan caprichos gratuitos? Con respecto a lo primero diré que yo tenía una idea muy clara antes de venir por estas tierras: a los ñajos, desde muy pequeños, hay que obligarlos a pasar la noche en su habitación solos, si lloran que lloren y si patalean, pues ellos verán. La costumbre de los japoneses de dormir conyuges y vástagos en un mismo futón me parecía salvaje y promotora de un vínculo insano entre unos y otros. Después de vivir en esta tierra, de conocer las costumbres de gentes de aquí y de allá creo que hay que tomarse todas estas cosas con su pizca de sal. Hablaré por ejemplo de Japón, que es el país que más conozco. Mirando a la gente de esta tierra me da la impresión de que el nivel de atontolinados por metro cúbico vendrá a ser el mismo que en España o América, y eso a pesar de que los niños japoneses reciban en la infancia el tratamiento del que he hecho alusión, el que en muchos casos se deje una luz encendida durante toda la noche o el que las madres sean comparativamente más permisivas con sus churumbeles que las occidentales. En definitiva ahora me parece que cada cultura, por motivos diferentes, tienen un patrón de enseñanza para las nuevas generaciones y que, por lo que a los resultados se refiere, vienen a ser equiparables. Está claro que el abuso sexual, la violencia física, el abandono en cualquier contexto producen resultados nefastos; pero también hay que recordar que los límites de santo y nefando son diferentes de Vitigudino a Vitigudazo. Pondré un ejemplo extremo: los miembros de una tribu africana, de cuyo nombre siento mucho no acordarme, tienen por costumbre fomentar la amistad entre los niños y los adultos no casados: éstos sirven de maestros de aquéllos; los pequeños, a su vez, cumplen con su parte del rito antropológico practicando cotidianas felaciones a esos adultos. Para nosotros esta costumbre es mostruosa; pero a los miembros de esta sociedad africana lo que les parecerá escandaloso es su carencia. Según cuentan los sabios, cuando los misioneros anatemizan la conducta que he descrito los africanos responden: "¿Cómo es posible que haya gente cabal que desconozca el hecho de que si los niños no ingieren suficiente cantidad de semen en sus primeros años de su vida no se desarrollarán correctamente y, además, acabarán siendo dominados por las mujeres o, aún peor, peligrosamente afeminados?"

En fin, que la única receta que yo sería capaz de admitir en cuestiones de educación es la siguiente: cada circunstancia es un mundo, cada niño también y, como dice Paco, y lo repite cada uno de los manuales que cuentan algo interesante sobre el asunto: al final lo primero es ser consciente de que los factores que podemos controlar de verdad son mínimos y, por tanto, lo mejor es relajarse y tomárselo con calma. Si una cosa está demostrada es que el crío acaba convirtiéndose en lo que vive, o sea, que en el fondo los humanos somos monos de imitación. El hijo de padres al borde del ataque de nervios tiene muchas papeletas para acabar andando ese camino. Del que se ríe de su sombra, pues diremos otro tanto de lo mismo. Bueno, sí; terciaría mi madre añadiendo: "De padres periquitos nacen hijos avechuchos". Y me da la impresión de que, a poco que la contradiga, usará de un argumento contundente; el que su propia familia cuente con un buen ejemplo: quien acaba de escribir estas líneas.

martes, 6 de noviembre de 2007

El Sol del Membrillo

Hace unos días, mirando un blog que recomiendo muy encarecidamente, el de mi amigo Moisés, el Fotero, me encontré con unas imágenes rotundas de membrillos en su otoñal esplendor. Las fotos de Moisés son siempre una delicia para la vista; éstas me evocaron también otra: la película El Sol del Membrillo, de Víctor Érice.

Los dos primeros largometrajes de egregio director español ya los había visto en los años ochenta: El Sur cuando se estrenó y El Espíritu de la Colmena algún tiempo después. Las imágenes de la primera película, esos atardeceres íntimos de las ciudades de Castilla, creo que me acompañaron toda mi juventud, y lo siguen haciendo ahora que estoy tan lejos de mi tierra. El recuerdo de esas imágenes y el hecho de haber leído aquí y allí críticas favorabilísimas sobre la última película de Érice, me llenaban de curiosidad y de deseos de verla. Todo imposible: en ninguna tienda de vídeo, ni bajo forma de alquiler ni de compra, era capaz de echarle el guante. Cuando me enteraba de que en tal cine de Tokyo, en tal festival, se había proyectado, ya era a toro pasado.

Hará unos cinco años, un día de reyes, mi señora me sorprendió: sin que yo lo supiera Kinokuniya, la librería de Tokyo, publicaba el DVD de la película, y ella me lo regaló.

La primera vez que vi sus imágenes no pude evitar que se me cayeran unos lagrimones del tamaño de los susomentados membrillitos. Y es que la película es uno de los gozos más absolutos para los ojos que se puede cualquiera echar al caletre. Durante dos horas vemos como Antonio López, el gran Antoñito, prepara toda la parafernalia de su oficio, cómo le visita su tribu, cómo el tiempo del otoño le va haciendo putaditas. Los momentos se deslizan entre tardes de luces imposibles, tornasoles, lluvias, músicas, palabras. Enrique Gran sostiene con una varita una hoja rebelde del árbol casi niño y en ese momento magistral le dice a Antonio: "Sabes lo que pienso: ¿No te das cuenta de que si esto no fuera tan serio sería cosa de mucha risa?".

De mucha risa, de mucha belleza, de gran sabiduría, de profunda presencia de la vida... Confieso que la primera vez que les proyecté la película a mis estudiantes casi temblaba de temor. Cuando leí sus opiniones me quedé patidifuso, pero de satisfacción: esos estudiantes a los que muchas veces solemos menospreciar habían entendido perfectamente el mensaje de aquellas dos horas largas de la explosión tan brutal de hermosura que es El Sol del Membrillo. "Profesor, qué envidia. Ya me gustaría a mí ser capaz de poder decir lo mismo que el pintor: 'Lo hermoso es estar aquí, junto al árbol. Qué resulte al final, eso es algo secundario'.

lunes, 5 de noviembre de 2007

A propósito de cinco poemas de La cifra. Borges y Japón V (y final)

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El Japón que vivió Borges gracias a su relación, quizá amorosa, con María Kodama acabó siendo, junto a los creados por la matemática y la filosofía, uno más de sus laberintos personales. Este nuevo dédalo estaba construido por elementos queridos para él, los mismos que constituían la realidad delicada de su amada Inglaterra: los pequeños objetos cotidianos (una pieza de ajedrez, el jardín, la brújula, el alba, en el primer caso; una ficha de go, el templo shinto, el espejo o la espada, la tarde, en el otro).

En la visión particular de Japón del gran poeta argentino no existe mención alguna de los avatares históricos del país insular del Oriente, de su literatura (de la que él tenía conocimiento: Ise Monogatari se contaba, en su apreciación, entre una de las obras principales de la literatura universal). Silencia cualquier referencia a la vida del país contemporáneo. Borges elige un Japón íntimo, a la propia medida de su sensibilidad: más que de la influencia de lo japonés en Borges podríamos hablar de la borgeización de los elementos culturales que entran en contacto con él en su viaje. Lo japonés que aparece en esta poesía no altera, no cuestiona el mundo interior del poeta; se acomoda a él. El go toma su puesto junto a los otros laberintos de su vida y su obra, el Shinto adquiere un sentido nuevo adaptado a su visión filosófica del mundo, los elementos naturales y cotidianos que tanto le conmueven lo hacen en la misma medida a los de la "dulce Inglaterra".

¿Es el Japón de Borges un mundo absolutamente asimilado a su visión personal? Sí y no. Sí, según se ha argumentado antes. Con todo "en ese laberinto no me fue dado penetrar". Como un indio pampa, esos que "Veían y tocaban esas cosas, no menos raras para ellos que para nosotros Manhattan, y volvían a su desierto", seguramente regresó a su Argentina donde en cinco magistrales poemas evocó una isla lejana, tan querida al final de su vida, quizá como su" amada Inglaterra".

domingo, 4 de noviembre de 2007

A propósito de cinco poemas de La cifra. Borges y Japón IV


Diecisiete haiku siguen. Los temas son variados: la tarde, la montaña, la noche, el sueño, el alba, la música, los almendros, libros, piezas en el tablero, desierto y aurora, espada, la muerte, la mano, espejo, luna, luciérnaga, ruiseñor, el olvido. Elementos naturales o, de nuevo, pequeños objetos cotidianos. La única realidad "transcendente" que se nos presenta aquí es la muerte. Estos pequeños poemas están construidos sobre una estructura silábica consagrada: tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente. Como en el resto de la tradición del haiku en español (una tradición que cuenta ya con casi un siglo de cultivo), el poeta buscará la simplicidad, el efecto de lo sencillo, de la sensibilidad de lo común. Personalmente diré que, si bien existen haiku meritorios en lengua castellana (ejemplos son algunos de estos), a quien conoce aunque sea mínimamente la realidad del Haiku japonés la tradición de este verso en lenguas occidentales le deja una sensación de vacío. De nuevo desde mi punto de vista personal -argumentable, obviamente- el mérito del haiku original en japonés nace de su sencillez, sí, de su simplicidad, pero de una simplicidad más aparente que real. En Occidente la poesía se construye entreverando dos niveles: fónico ("la palabra que quiere transformarse en música") y el semántico. En la japonesa, especialmente en el haiku, aparece un nivel intermedio que añade referencias nuevas, connotaciones, juegos y relaciones inesperadas entre expresión y contenido: el nivel gráfico, el que produce la elección de ideogramas, de los kanji. Estos kanji introducen nuevas conexiones sintagmáticas y paradigmáticas en la estructura del poema que multiplican exponencialmente las posibilidades expresivas. Un haiku escrito en una lengua occidental consta de dos dimensiones, tendrá -permítase la metáfora- una proyección plana; el japonés, al añadir una tercera, se convierte en una construcción cúbica, prismática, -al menos en potencia- mucho más compleja. Hace más de una década intenté servirme de estos textos mismos en una clase de cultura española para mis alumnos de la Universidad Tōkai. Quise hablar de la influencia de la literatura japonesa y sus formas en la de lengua española. Aunque mis estudiantes comprendían perfectamente el contenido de los poemas, eran incapaces de apreciarlos como literatura: no entendían, de un lado, qué conexión podría existir entre los haiku originales japoneses, cómo el profesor podía argumentar que las composiciones en castellano guardaran ninguna relación de parentesco con las de su propia lengua, la de los estudiantes. Todos, sin excepción, manifestaban una sensación de "vacío", se les hacían "demasiado prosaicos".

Finalmente, el poema (más bien la prosa poética) con la que concluye el periplo literario de Jorge Luis Borges por la cultura japonesa, "Nihon": Russell y la teoría del infinito matemático, Spinoza y los orbes sin límite, laberintos ambos en los que "no me fue dado penetrar". Japón se muestra también como el tercer "delicado laberinto", al que -por sugerencia deducimos- no le ha sido tampoco posible acceder. El poema termina con la evocación castiza de los indios pampas, los que se acercaban a la guarnición de Junín para ver y tocar objetos cotidianos -para los "civilizados"- que ellos nunca habían visto, y volvían a su desierto.

sábado, 3 de noviembre de 2007

A propósito de cinco poemas de La cifra. Borges y Japón III.

Los dos poemas siguientes son de tema religioso, "Shinto" y "El forastero". En el primero se nos presenta una visión particular del escritor de la religión japonesa: "Cuando nos anonada la desdicha,/ durante un segundo nos salvan/ las aventuras ínfimas/ de la atención o de la memoria" comienza. Se refieren consecutivamente esas aventuras íntimas: los sabores, las imágenes, las sensaciones, los olores, los recuerdos, realidades todas ellas marcadas por una honda cotidianeidad. El poema concluye con un cambio de tono, abruptamente: "Ocho millones son las divinidades del Shinto/ que viajan por la tierra, secretas./ Esos modestos númenes nos tocan,/ nos tocan y nos dejan". ¿Qué relación existe entre esas aventuras íntimas nombradas al principio del poema y los ocho millones de divinidades del Shinto": obviamente, el que "nos toquen y nos dejen", que se conviertan en "las aventuras ínfimas que nos salvan durante un segundo", son los "modestos númenes" de los cotidiano que evocaba Borges en su poema liminal a Inglaterra (otra referencia que aparece en ambas composiciones es la de la brújula): gracias a estos modestos númenes (palabra recurrente) el mundo de particular del poeta Borges y el del país nipón se conectan de forma explícita.

El tercer poema -"El forastero"- aparece redactado, en primera persona, con la voz de un sacerdote shinto. La primera parte nos sirve de somera introducción a la doctrina religiosa: "el más leve de los cultos", "no ha fijado una ética","no quiere intimidar con castigos ni sobornar con premios", "son legión las divinidades". En la conclusión del texto el sacerdote refiere, tomando indudablemente al al propio Borges como referente: "Esta mañana nos visitó un poeta peruano. Era ciego". "Los rostros occidentales son máscaras que no se dejan descifrar". El equívoco de nación y la supuesta inescrutabilidad de los "rostros occidentales" aparece como elemento irónico, paralelo al desconocimiento general de lo japonés en Occidente y del estereotipo relacionado con el supuesto misterio y la dificultosa interpretación de los gestos de los orientales.

viernes, 2 de noviembre de 2007

A propósito de cinco poemas de La cifra. Borges y Japón II.

Gracias a ese interés, motivado por la relación del escritor con María Kodama, Borges, acompañado por ella, visitó Japón en septiembre de 1978. Fruto del viaje son cinco poemas publicados en el libro La cifra: "El go", "Shinto", "El forastero", "Diecisiete haiku" y "Nihon". Aunque sea universalmente conocido por sus relatos, durante su larga vida cultivó continuamente el género poético. Al igual que otros grandes de las letras recordados sobre todo por sus obras en prosa, se consideró desde su juventud "un poeta que escribía también historias". A la hora de rastrear su mundo fantástico, la génesis de sus ficciones y sus referentes literarios e ideológicos la poesía de Borges es fundamental. Con todo, como atestiguan los poemas de los que tratamos, su obra en verso merece atención también por sus valores intrínsecos.

Estos cinco poemas, al final del libro, aparecen entre otros dos, que les sirven de marco: "A cierta isla", que los precede, y "La cifra", cerrando el volumen. Me detendré en "A cierta isla", una oda a Inglaterra, la nación por cuya literatura -especialmente la anglosajona- Borges sintió tanta pasión. El poema es una alabanza no a esa literatura, a la historia o filosofía de la nación insular, sino a los símbolos y a los objetos cotidianos. Al evocarnos Japón en los poemas siguientes Borges elegirá el mismo camino; pondrá en primer plano los elementos simbólicos y las realidades mínimas y no estridentes para crear el tono de sugerencias con el que nos pintará la nación insular del oriente. Esta realidad insular resaltada por el escritor servirá de referencia común a ambas culturas. Los atributos de la "delicada Inglaterra" aparecerán en paralelo a los de Japón. Con el siguiente verso: "un hombre que extraña (y que a nadie dice que extraña)/ el Oriente y las soledades glaciales" se nos introduce a otro extrañamiento del Oriente, el personal de Borges.

"Hoy, nueve de setiembre de 1978,/ tuve en la palma de la mano un pequeño disco", comienza la primera de las composiciones, "El go". Aparecen elementos del mundo particular previo de nuestro escritor: "juego astrológico", "ajedrez", "el tablero es un mapa del universo", "sus variaciones negras y blancas/ agotarán el tiempo.", "laberinto"; en resumen: el juego (en especial el ajedrez, que aparece en dos memorables poemas de su juventud), el mapa, el tiempo y el laberinto. En el pequeño disco que sostiene en la palma de la mano, en ese objeto minúsculo y sencillo, Borges funde las señas de identidad de su cosmos íntimo. Como en textos previos ("El poema de los dones", notablemente) agradece a los númenes no lo que posee, lo ya aprendido, no el acto del conocimiento en sí, sino la potencia de ese acto: el desconocimiento que implica el infinito, "un laberinto/ que nunca será mío".

jueves, 1 de noviembre de 2007

A propósito de cinco poemas de La cifra. Borges y Japón I.

Decía Marguerite Yourcenar que el tiempo y el azar eran los más perfectos escultores. Debemos sin duda al segundo el hecho de que en la última década de su vida Jorge Luis Borges tuviera un interés especial y una relación estrecha con Japón. Un fruto de esa relación es posible que sea la pasión creciente en nuestro país por la obra del genial autor argentino (el presidente de la Asociación de Estudios Borgeanos de Japón, el Prof. Noda, es un querido colega mío en la U. de Waseda). Gracias a Delia Ingenieros y a su biografía laureada del autor de Ficciones conocemos ciertos detalles de su vida íntima que, de otro modo, habrían quedado olvidados. Por cierto, a pesar de esto -a lo mejor hasta por ello- y en contra de los hábitos de este blog, no recomendaré en absoluto la lectura del libro. Piadosamente silencio las razones. Ingenieros nos cuenta que a finales de los años sesenta, creo recordar, Borges, ya casi ciego, necesitaba emprender un viaje a algún lugar remoto. A sus sobrinos, los acompañantes habituales del escritor, les resultaba imposible aceptar el compromiso, así que, como último recurso, se optó por encargar la labor de lazarillo a una joven y -aparentemente- tímida María Kodama. Para sorpresa de todos los que, ante la supuesta impericia para cualquier asunto práctico de María habían intuido el desastre, el viaje resultó un éxito; ella se ocupó con habilidad del confort de Borges en el viaje y se decidió en el futuro encomendar a la casi invisible señorita de origen japonés misiones similares. A partir de aquel momento María Kodama se convirtió en la sombra fiel del escritor, poco a poco fue ganando terreno en su vida personal hasta que, pocas fechas antes de morir el anciano, sellaran su relación oficialmente con la firma de un certificado de matrimonio, extrañamente no en la Argentina natal de ambos, sino en el vecino Paraguay.

Lo que sabemos de la historia íntima de la relación de esta singular pareja es bien poco. La especulación -siempre morbosa cuando se trata de dos personas con una diferencia tan grande en la edad- mucha. Por la forma aparentemente draconiana con la que ella administra el legado literario de Borges deducimos que se trata de una mujer de carácter férreo, casi inflexible. Lo que nos cuenta Delia Ingenieros de los comienzos de aquella relación nos inclina a pensar que esa naturaleza interior de María, que años después habría de emerger, quedaba velada por una característica muy propia de las mujeres japonesas: el ser capaces de aparentar un desvalimiento muy lejano al de su auténtica naturaleza. En el Japón tradicional diferente es lo que las cosas son, el honne, y lo que aparentan, el tatemae. En el caso de las mujeres la fachada al exterior ha de ser espejo de una simplicidad casi infantil, a ser posible cercana incluso a la estupidez. Esa imagen, claro, de ningún modo se refleja en la realidad interior de la fémina. Yendo aún más lejos: la jovencita japonesa, como recién horneada en las tahonas de Disneylandia, cuanto de más dulce, tímida, desvalida y opaca apariencia se muestre, por dentro esconderá una realidad más inteligente, calculadora y brillante.

En la Universidad de Shenshū, hará de esto una década, me encontraba una vez a la semana con una alumna que ponía a prueba los límites de mi paciencia: llegué a pensar que se trataba de un caso incurable de estupidez motivado por excesiva exposición a los programas de telebasura que proliferan en cualquier lugar del mundo desarrollado. Esta pobre chica parecía el estereotipo de la joven tonta que airean las cadenas comerciales a cualquier hora. Un buen día al acabar la clase, cuando acabé de borrar la pizarra, vi que quedaban sólo dos estudiantes en el aula: la tontita en cuestión y un compañero de ella al que aparentemente estaba explicando algún punto de la gramática del inglés. Yo, un poco sarcásticamente -me duele ahora el reconocerlo- en el mismo idioma le pregunté: "Sabes algo de inglés". Con un perfecto acento californiano, me respondió: "He vivido en América siete años". En la media hora que siguió, gracias a mi conversación con ella, creo que aprendí más de la sociedad del Japón que en el lustro aproximado que llevaba viviendo por aquí. La chica era una recién regresada a esta cultura donde uno de los refranes más conocidos es: "Al clavo que sobresale se le machaca". Por contra de lo que yo había pensado se trataba de una joven con una inteligencia realmente notable, y todo ese poder intelectual lo estaba malbaratando sólo para conseguir ser aceptada por un grupo que, estúpidamente, valoraba, sobre todo, la homogeneidad. Esta chica, adoptando las formas de hablar idióticas de sus pares, la misma indumentaria clónica y simulando una incapacidad para aprender lenguas extranjeras que de ningún modo sufría, seguramente estaba consiguiendo verse aceptada.

Para no dar una impresión equívoca a la gente que no ha vivido en este país diré que, en la última década las cosas han ido cambiando, y me imagino que lo seguirán haciendo, y a marchas forzadas: hoy en día "unique", que era una palabra con un estatus un poco ambiguo en el idioma japonés, va tomando un matiz francamente respetable. Entre los jóvenes existe cada vez más una tendencia a diferenciarse, a buscar su camino y a no aceptar las rutas trilladas. Ejemplo claro de ello es el que cada vez más las nuevas generaciones opten por la escandalosa vía -para los políticos televiseros, por lo menos- del niito, el muchacho que no busca la seguridad del trabajo de por vida en la empresa, sino que va tirando con chapuzas temporales, vuelve a estudiar a veces, viaja, se dedica a las artes, en fin, busca su ruta personal al margen de ese -perdón por la franqueza- suicidio en vida, camino de muertos vivientes, que supone la aceptación de la disciplina de la empresa media de este país. Las cosas están cambiando, sí. Como no soy sociólogo, no ando al tanto de investigaciones serias con respecto a la deriva de la sociedad nipona, no viajo demasiado, ni tampoco hablo con mucha gente, no puedo hacer una valoración de cuánto irá calando esa tendencia anti-uniformadora que veo en el ámbito de mi universidad. No obstante cuando salgo a la calle y miro la masa oscura de los autos que circulan por las calles me da por pensar que ese afán de ser diferente, de impactar, de distinguirse, no debe de andar muy extendido. Pero vete tú a saber qué hay debajo de esa cortina de tatemae, que fluye detrás de las gamas ocres de las pinturas de los coches.

Señores clientes, por favor, en nuestras suites de superlujo, nada de sexo,

Has reservado una suite de superlujo que te ha costado más de diez mil euros. El servicio de habitaciones te trae el mejor champán, ostras frescas... Tú y tu pareja os acostáis y, cuando la cosa se empieza a poner interesante llaman a la puerta: "Lo siento, señores. cualquier actividad sexual por parte de los clientes está estrictamente prohibida." ¿Por qué? La solución, aquí, en The Times

miércoles, 31 de octubre de 2007

San Sebaldo de Dacia

Como prometí, aquí incluyo la noticia del santo al que hacía referencia ayer. Se trata de san Sebaldo de Dacia, peregrino (siglo VIII). Sellner lo cuenta así. Por desgracia no tengo el texto original Immerwärender Heiligenkalender. Sin que sirva de precedente cito una traducción (con algunos arreglos de estilo míos), la española de Mercedes Figueras. Lo publica la editorial Edhasa, la misma que, en mi adolescencia, contaba con un gran fondo en literatura de ciencia ficción.

Sebaldo procedía de Dacia, la actual Rumanía. Había vivido la juventud en París. Sus padres lo desposaron con una piadosa doncella de buena familia, pero en la noche de bodas él le hizo la siguiente proposición: "Hoy llevamos alhajas y mañana seremos pasto de los gusanos. ¿Quieres verdaderamente renunciar a tu virginidad, una joya eterna, y dar a luz hijos con dolor? ¿No sería mejor ponernos bajo la protección de san José?".

Aquella misma noche huyó y se mantuvo escondido durante tres años.


Nótese que en el relato no se precisa la respuesta de la esposa. ¿Tendría que ver la inmediata huida del santo con ésta? No lo sabremos nunca. Como tantos buenos relatos éste acaba siendo quizá más interesante por los silencios...

El santoral da mucho juego narrativo, ejemplarizador y también mundano. Merecerá la pena volver a él cuando haya más tiempo.

El rectificar es cosa de cuerdos

De fuentes muy bien informadas sé que las disculpas por lo del cambio climático van a ser sólo el principio; dentro de poco vendrán otras: por el "Prestige", la guerra de Iraq y el 11M. Me lo ha dicho mi primo. Es profeta, y muy bueno.

martes, 30 de octubre de 2007

Beatus Ille

El domingo pasado la iglesia católica beatificó a varios centenares de mártires de la Guerra civil española. Informaré a los pocos que no lo sepan que soy un gran aficionado a la hagiografía: años atrás lo primero que hacía al despertarme era tomar el santoral de Sellner y leer el relato de la vida del bienaventurado al que se dedicaba la fecha. Los hay de todo tipo: divertidos, sorprendentes, surrealistas incluso. Mi preferido es aquel del joven noble que, obligado a casarse contra su voluntad, la noche de bodas, un instante antes de consumar el matrimonio mira a su desposada y le dice: "Oye, ¿qué te parece si en lugar de pecar nos encomendamos a san José?". Siento mucho no acordarme del nombre de ese benemérito caballero, pero prometo buscarlo e incluir su referencia.

Existen patrones de, contra y a favor de cualquier cosa: yo soy parcial de san Simón y san Judas (contra las malas mujeres viriles, [¡líbranos señor!]) y de santa Ágata (contra las heridas del recto [otro tanto de lo mismo] ), aunque también guarde devoción a santa Notburga (del reposo laboral), Conrado (contra el trabajo duro [es posible que, por desgracia, se trate de un error del pobre Sellner]), san José Copertino (de los astronautas y los célibes), santa Bibiana (de los bebedores [único vicio que para la iglesia católica merece santo]), san Porciano (de los enfermizos, entre los que afortunadamente me encuentro), santa Clara de la Cruz (de los patizambos, a los que, también por suerte, creo no pertenecer).

Es posible que mi afición por el santoral venga favorecida por los cuatro patrones que me acompañan y protegen en mis correrías por el mundo: Santiago, el Menor; San Jorge de Capadocia; San Martín de Tours y San Cipriano de Antioquía: dos alquimistas (san Jorge no es sino uno muy bien disimulado), un aficionado a los libros (Santiago, hijo de Alfeo) y un cuarto del que no hace falta dar referencias. Con todo, y a decir verdad, lo que más me agrada del lote con el que voy por la vida es el que, de cuatro, sólo uno es mártir probado (el santo de Capadocia tiene todas las papeletas para ser apócrifo). Y digo todo esto porque, si algo no puedo soportar, -pido disculpas a quien se sienta ofendido- son las historias de martirios.

Sé que me tengo que explicar. Asesinatos por causas de conciencia siempre han existido y qué duda cabe de que los primeros cristianos los sufrieron: es lógico que la Iglesia posterior reivindique su martirio y hasta que lo ensalce. Pero -lo siento mucho- esas efusiones continuas de sangre, huesos crujientes y carnes humeantes me parecen excesivamente irreales y su relato cercano al morbo más cutre. No afirmo que sean todas ellas producto de la imaginación de los apologetas, -de cualquier modo nunca se podrá comprobar a ciencia cierta- pero pienso lo mismo que un cura joven con el que tuve una conversación muy interesante acerca del sacramento de la penitencia: "Mira, si una feligresa viene y confiesa que ha pecado contra el sexto, le pregunto cuántas veces y basta. No hace falta que me dé más detalles." Pues eso.

Me parece muy, pero que muy bien, el que la Iglesia organice todas estas ceremonias de masas en Roma: para eso está y para eso ha estado siempre. Personalmente pienso como los modernistas: el mayor atractivo del mundo católico es el rito. Sin él toda la cristiandad se vería ahora luterana. He leído, por ejemplo, que se les critica por no haber reconocido también como mártires a las víctimas a manos del bando nacional. Es su elección dentro de su ámbito y, como cualquier otra no impuesta al resto de la ciudadanía, respetable. Claro está que los miembros del Real Madrid son libres de dar la medalla de oro y diamantes del club a quien les venga en gana, y que los socios del Atlético, por ejemplo, nunca irán a meter la cuchara en asuntos internos del equipo merengue.

En resumen, las cosas de la Iglesia católica son problema de sus miembros, y nadie más que ellos tiene derecho a criticar sus actividades de puertas para dentro. Punto. Eso sí, nunca hay que olvidar que la recíproca también cuenta: yo, como persona ajena, no tolero que ningún directivo de ese club privado vaticano -ningún obispo, vaya- se venga a meter en mi conciencia, la evolución política de mi país, la moral de mi sociedad o mi comportamiento de alcoba, faltaría más. Iré más lejos: a estas alturas de la historia, una asociación civil que practica en su seno discriminación reconocida contra mujeres y homosexuales, por ejemplo, carece de estatura ética para dictar lecciones de civismo. Esta realidad se debería recordar machaconamente tras cualquiera de las diatribas sociales que emite periódicamente la Conferencia episcopal española.

domingo, 28 de octubre de 2007

Deliciosa paella mista a la sombra del Vesubio



El siguiente artículo es una "carta al director" en respuesta a "A la caza de la "paella mista" y el "rebuelto"", uno del periódico madrileño El País. Imagino que, siguiendo una tradición añeja del citado rotativo de publicar lo mínimo posible que contradiga las opiniones de sus propios redactores, no la incluirán. Yo lo hago aquí para evidente regocijo de mi afición incondicional, esa gran afición que, obviamente, no merezco.



El que en Pompeya no existiera una "Unión de Correctores del Idioma del Imperio" es algo de lo que se congratulan mis colegas, los estudiosos de la lengua latina. Entre los tesoros que debemos a los arqueólogos que desenterraron aquella ciudad romana el menos conocido para el público general son las pintadas que hermosamente adornaban sus paredes y cuyos vigorosos errores ortográficos -¡sorpresa!- los convierten en testimonio de valor incalculable a la hora de reconstruir la pronunciación del idioma latino en aquel siglo I de nuestra era.

A los cocineros que ahora se sentirán seguramente abochornados por haber visto sus "rebueltos" y "paellas mistas" en papeles de tanta alcurnia, si no les sirve de consuelo suficiente el que sus "errores" de escritura les pongan precisamente en conexión con aquellos clásicos habitantes de la Roma antigua, quizá sí lo haga el saber, por ejemplo, que regla de oro de nuestros hombres más eruditos del Renacimiento era la naturalidad, el que "se debe escribir como se habla" (precisamente lo que hacen ustedes, señores cocineros); que las normas de ortografía castellana constituyen un sistema muy incoherente desde el punto de vista etimológico; que nada menos que un ilustre premio Nobel de literatura propuso no hace demasiado tiempo finiquitarlo y que, de remate, si en escritura original leen a nuestros mejores literatos del Siglo de Oro encontrarán sus obras plagadas de esos "errores" ortográficos que los censores modernos les afean a ustedes: en fin, que los mejores son reconocidos precisamente por su genialidad -al igual que les sucede a nuestros artistas de los fogones- y no por su pericia en el manejo de las uves o las haches.

Con todo, si lo de arriba no acaba por curarles el escozorcillo en el amor propio que de forma tan insensible les acaban de herir, les revelaré un secreto personal: el que esto escribe obtuvo en sus años mozos dos licenciaturas en filología, conoce con bastante detalle el idioma latino -origen del nuestro- consiguió matrícula de honor en la asignatura de historia de la lengua española impartida por uno de los más reconocidos expertos vivos en esta disciplina y, para remate, se ha pasado más de veinte años a vueltas con el idioma de Cervantes y su evolución. Pues bien, a este señor tan listo también de vez en cuando se le escapan elles a destiempo, se le descontrolan ges y jotas o hasta hay días en que le salta de rondón, cuando menos se lo espera, una be un pelín impertinente. Si esto le sucede se ríe de sí mismo y va a otra cosa. No obstante, cuando a toro pasado cae en la cuenta de que ha escrito alguna estupidez, descortesía o fanfarronada, eso sí que, de verdad, le quita el sueño.

Lástima es que no exista una organización paralela a esa de correctores que vele, no por la forma ortográfica, sino por el contenido, que nos ponga en guardia contra los políticos que bromeen al tratar de problemas de gravedad, como, por ejemplo, el cambio climático. Ellos, puesto que no se descuidan omitiendo hache, jota o uve, cuando plasman negro sobre blanco sus idioteces -pido disculpas, pero no sé calificarlas de otra manera- a la vigente "Unión de Correctores" no le queda más remedio que inhibirse.

sábado, 27 de octubre de 2007

Kabuto-mushi


El clima del verano en Tokyo es el más parecido al del infierno en esa temporada: húmedo, calurosísimo, pegajoso, sin apenas viento que mitigue la canícula. El que se lo puede permitir marcha, como los miembros de la familia imperial, a las montañas de Nagano o, aún mejor, al norte del país, a la isla de Hokkaido.

Para mí, además del calor, el verano de Japón aparece marcado por el misterio, y no me refiero al que imprime el festival del Obon (el regreso de los muertos a la tierra), que se celebra por esas fechas, sino sobre todo a dos fenómenos cuya naturaleza va ligada a la de la estación de los calores: el campeonato de béisbol juvenil y la pasión nacional por los kabuto-mushi.

Imaginemos que en España, en el mes de agosto, se organizara el campeonato de fútbol juvenil en el que participaran los representantes de los mejores equipos de los colegios de cada provincia: el instituto Miguel de Cervantes de Alcalá de Henares, el Antonio Machado de Sevilla, el Colegio Marianista de San Sebastián, el de los Padres Claretianos de Zaragoza... Pongamos también que se celebran en el Santiago Bernabéu, que el certamen dura quince días y que los partidos se transmiten íntegramente en directo y que, de propina, a la hora de mayor audiencia de la noche se emiten resúmenes, comentarios, programas especiales. Bueno, por imaginar... La verdad es que en España existen estos campeonatos escolares, pero, que yo sepa, jamás la televisión ha prestado la menor atención a sus resultados y nadie lo echa en falta. Pues en Japón es el furor. Recuerdo un domingo, precisamente el quince de agosto del año 1995 en que estaba leyendo a eso de las tres de la tarde en la biblioteca central de Kanazawa, en Ishikawa, en la costa del Mar del Japón. Levanté la cabeza de mi lectura y de repente me percaté con asombro que ninguno de los asistentes atendían a las suyas: los ojos de todos estaban en los monitores de televisión que habitualmente sin sonido retransmitían las noticias de la CNN o la BBC -quienes querían escuchar el programa tomaban prestados unos auriculares inalámbricos que había sobre una mesa-. Estos televisores, silenciosos como siempre, mostraban aquel día la final del campeonato de béisbol juvenil en el que participaba por primera vez en no sé cuántos decenios un equipo de esta prefectura. Los lectores seguían el partido totalmente hipnotizados, guardando el mismo silencio religioso que cualquier otro día del resto del año en aquella biblioteca.

No he encontrado todavía a ningún japonés que me pueda explicar el fenómeno de la pasión veraniega por el béisbol juvenil de forma racional. Es más no he encontrado a ninguno que no se sorprenda a su vez ante mi sorpresa por un hecho que para ellos constituye una realidad casi frontera al mundo de las verdades de la naturaleza y no de la convención social.

El calor, el béisbol y, finalmente, Los kabuto-mushi, esa especie de escabarajos de monte que en español llamamos "ciervos volantes", unos animales del tamaño aproximado de un huevo de gorrión, cuyos machos exhiben en la parte frontal de la cabeza dos cuernos, uno mucho más grande, que utilizan como defensas del ataque de otros animales y como armas de lucha para competir por la posesión de las hembras.

No me andaré con rodeos: a mí estos bichos siempre me han parecido animales repugnantes. Pues bien, la ciudadanía nativa los tiene como el colmo de lo gracioso e infantil, al mismo nivel que el pato Donald, los vídeos de Heidi o toda la tropa que forma la ganadería de Walt Disney: los vecinos se los regalan a los niños, los sufridos padres les acompañan a cazarlos a los bosques suburbanos, las familias que carecen de tiempo o de energía los compran en los centros comerciales, donde montan unas enormes jaulas en las que los bichos, machos y hembras, vuelan a su antojo. Hay exposiciones de todas sus variedades en los jardines botánicos, parques, museos de ciencias. Existe toda gama de productos para el bienestar de los escarabajos: jaulas, sacos de tierra mullida -se pasan el día enterrados- comidas diversas, especies de enormes peceras transparentes para observarlos...

En fin, hasta el año anterior yo me había librado; pero con un hijo de cuatro años que no hablaba de otra cosa desde el principio de la primavera ya sabía que esta año no iba a tener tanta suerte. Un día fatídico, de vuelta de una expedición por el bosque con el padre de unos amiguitos experto en estas bestias (dudo que ningún varón japonés, infante o adulto, no lo sea) trajo a casa una pareja de ellas. Ni que decir tiene: a los cuatro días ya se había olvidado de los coleópteros y era su padre el encargado que darles alimento, mullirles la tierra y humedecérsela. Con toda mi repugnancia, me perdía el impulso samaritano, esto es, no era capaz de, a sabiendas, dejarles morir de hambre o sed.

La cosa fue a peor: el edificio donde está nuestra casa se encuentra en el centro de un valle, a medio camino entre una cordillera y un montículo arbolado donde hay unas escuelas. Los animales, atraídos por la luz en la noche, cuando están precisamente más activos, vuelan hasta donde nosotros y, agotados, aquí se quedan, en la cuarta planta. Raro es el día, en lo más crudo del verano, en que no me tope en el corredor exterior de nuestra casa con alguno de estos bichitos, medio agonizantes, sedientos, al borde de la muerte. Antes, cuando desconocía sus costumbres, los ignoraba y se acabó. Ahora, sabiendo que si no los recojo y los alimento morirán, no puedo abandonarlos. Así que, venciendo mi repugnancia, los tomo por el cuerno grande (el único punto de su cuerpo que soy capaz de tocar) y los llevo hasta el terrario mientras ellos patalean. Por fortuna casi siempre se trata de machos (las hembras no tienen cuernos). Allí les doy de comer y enseguida, cuando recuperan fuerzas, se entierran hasta llegar la noche. No conviene meter más de un macho y una hembra en un terrario, pero como sólo tenemos dos no nos queda más remedio a veces que rentar a inquilinos multiples. Una noche escuché alboroto en una de las cajas y me acerqué a ver qué pasaba: dos machos practicaban su esgrima. Temiendo que se hicieran daño los separé. Al día siguiente se repitió la gresca. Miré de nuevo y descubrí que, en la caja grande, donde yo creí que sólo convivían una hembra y un macho, dos de éstos luchaban por la fémina. Ella inteligentemente tomaba su papillita desentendiéndose de la contienda. La pelea del día anterior era un juego de niños comparada con la de ése. Comprendí inmediatamente que lo que había presenciado la víspera no era sino un inocente pasatiempo: y lo de hoy, de verdad, una lucha a muerte. Aunque me sentí tentado a presenciar todo el combate (se trataba de algo homérico, impresionante) resistí la curiosidad investigatoria y, como pude, tomé a uno de los machos y lo coloqué en otra jaula. Inmediatamente el restante se abalanzó sobre la hembra, colocó sus dos patas anteriores sobre el caparazón frontal de ella y comenzó a, yo diría, besarla, a hacer visajes con los palpos sobre la quitina de la cabeza de la moza. La chica, mientras tanto, lo fue ignorando. Como un tonto me quedé allí, mirándolos, durante media hora, sin que la situación cambiara: él, dale que te dale al morrito; ella, comiendo su gelatina lentamente, cada vez con más parsimonia. Aburrido me fui a hacer mis cosas, aunque de vez en cuando volvía, cada media hora, a intentar espiar el progreso de lo que yo consideraba que deberían de ser los prolegómenos de la cópula. Después de tres horas de besuqueos finalmente desesperé y me fui a dormir. Hace unos años leí que una tercera parte de la población de este país consideraban la actividad sexual humana como: "demasiado cansada, tediosa y consumidora de tiempo precioso". Debe de ser, seguramente, el mismo porcentaje que no han tenido la suerte de observar la de los kabuto-mushi. Yo les regalaría una pareja.

No volví a ver a la hembra durante una buena temporada. A los machos sí: uno detrás de otro iban saliendo de la tierra por las noches; a veces, hasta practicaban su esgrima, pero ahora sin el fragor de aquel torneo a muerte que presencié una vez. Poco a poco se fueron muriendo. Mi suegro -que es biólogo, como creo que ya he dicho- me informó que su vida media no va más allá de las dos semanas. Bueno, pues el que menos llegó al mes y medio, a decir de los expertos gracias a mis esmeradas atenciones.

Vinieron los finales de setiembre. La hembra seguía con vida y con un apetito extraordinario. La mañana del último día del mes la descubrí plácidamente tumbada sobre la gelatina que tanto le gustaba. Estaba muerta. Su vida había durado como unas seis veces más que lo que decían los libros. No sé por qué me pareció en aquel momento que su postura fúnebre era la de un animal que se había despedido de este mundo feliz de haberlo vivido.

Los terrarios están todavía, vacíos, entre las plantas del balcón. Cuando ahora, otoño avanzado, los miro, siento una tonta nostalgia. El próximo año, al principio del verano, seguramente acompañaré a mi hijo, a su amiguito y al padre experto en los kabuto-mushi a su excursión de caza. A ver si hay suerte y atrapamos alguna buena hembra. Quien sabe: a lo mejor hasta nos nacen crías. Sería tan bonito.

A propósito de "Japón exprime el atún del Mediterráneo"

Rescato ahora otro artículo de la misma época y tono de los anteriores. Creo que éste conserva mayor vigencia.



Lunes, 26 de agosto de 2002

Pesadilla algo ejemplar de una noche de verano

A propósito de "Japón exprime el atún del Mediterráneo"

Jacobo Nipónico | Tokio


Flores de color violado, coronas funerarias; un ataúd. Pierre y Manolo, dos hijos sobrios, dignos, velan al padre. Terminan las exequias. Se lee el testamento: el legado de los muchachos, un generoso patrimonio. A los pocos meses -qué desgracia- comienzan a malvender su herencia a un pérfido oriental de mirada aviesa.

Los pobres calaveras ya se ven al borde de la ruina. Buenas gentes se apiadan. En los periódicos aparecen artículos: Un astuto japonés exprime a los herederos. La opinión pública denuncia que las compras masivas de empresas a los hermanos Marenóstrum están acelerando su caída en la ruina miserable. Se haga aquí, no obstante, honor a la verdad, que no quede en entredicho la integridad de la prensa. Tras los titulares, alarmistas -que diría algún exagerado-, en el cuerpo de los sedudos artículos, ya se explica todo sin sombras, sin sensacionalismo: las transacciones son legales hasta el escrúpulo; los precios, justísimos; nadie, sino su propia mala cabeza, aconseja a los muchachos malbaratar su patrimonio.

Pero ¿quién lee un periódico hasta su última línea? El tiempo es oro, sabe usted. Las buenas gentes señalan al mercader oriental con el dedo. Las amenazas, primero entre dientes, acaban por no disimularse. Vuelan las primeras piedras. Una le alcanza, en la frente. Ya se oye a otra romper el aire, su impacto seco...

Santiago se despertó bañado en sudor. En el último momento de la pesadilla la cara del oriental se había transformado en la suya propia. Se levantó del futón sobre el pie derecho y miró el calendario buscando un omen: 25 de agosto, santa Ebba la Mayor. Qué mejor augurio: las verdes colinas de Nortumbria, la furia del viking, "Tú, que tanto quisiste a tu Inglaterra/ que ni tan siquiera la nombraste...". Este iba a ser, sin duda, un gran día. Se fue para el ordenador y releyó a Ferrán Adrià: El mejor 'sushi' del mundo, El País, 3 de agosto. La cosa estaba clara: aquel domingo, sushi.

Ya en el taxi los jugos gástricos comenzaron a trabajar. "Irasshaimase!", le saludó Tanaka san, con su sonrisa de siempre, mientras, entre la palma de su mano izquierda y dos dedos de la derecha, amasaba de forma tan diestra el arroz. El aroma del pescado fresco pusieron a Santiago en un estado de franco delirio. Sin casi mirar el menú, casi también sin dar tiempo a la esposa de Tanaka san para que sirviera el té, ordenó su plato favorito: sushi surtido de la casa.

Sabía que el divino manjar tardaría como un cuarto de hora en ser servido. Sacó de la cartera su pequeño portátil y el keitai del bolsillo. En España eran las cinco de la mañana, pero seguramente ya podría leer la edición electrónica de El País del domingo. ¿Tocaba éste el artículo de Vargas Llosa o era al siguiente?

Japón exprime el atún del Mediterráneo. Las ONG denuncian que las capturas masivas para el mercado del 'sushi' están acelerando la extinción de la especie, leyó estupefacto. No le dio tiempo a más. La sonriente esposa de Tanaka san ponía delante de él, en ese mismo instante, la bandeja con la ambrosía: el mejor sushi del mundo. Ahí estaban: el blanco con tonos marfiles del arroz, el rojo incitante del maguro; ese sabor del más exquisito gohan aromatizado con el punto justo de vinagre y wasabi; el suave filete de pescado que, apenas sin esfuerzo, se disolvería en la boca...

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. El allí, cargado de culpa, en su ignorancia, con sus hedonismos, con sus placeres egoístas, pérfidamente, estaba contribuyendo a un 'desastre ecológico de primera magnitud'. Pero Santiago era un buen ciudadano. Sin mirar el plato siquiera, se levantó, pagó y salió muy dignamente del restaurante para no volver a pisar en él nunca más. Sus jugos gástricos se rebelaron. No importaba. Qué duda había: en la esquina, en cualquier esquina, fieles, siempre le esperaban miles de MacDonals.




Jacobo Nipónico era hasta hace unas pocas horas (más exactamente, hasta el momento de leer el artículo arriba glosado) presidente-fundador de la ya disuelta y liquidada "Asociación de españoles amantes del sushi".

viernes, 26 de octubre de 2007

De cuando me hice mundialmente famoso

Me acaban de pedir que republique una serie de artículos antiguos (tres) y un soneto gracias a los que hace unos cinco años me hice mundialmente famoso. Aquí están.



ÉSTAS SON LAS MAÑANITAS


Me florece mi clavel en la mañana
lozanito del color de lindas rosas.
Con süaves caricias no artificiosas
sin sentir ya va virando a un tono grana.

Pronto toma consistencia soberana
y aparecen sensaciones tan hermosas
que cualquiera las llamara milagrosas
en el punto cuando el sabio néctar mana.

De un olímpico se diga que éste es llanto,
el cometa que escapó al divino pecho,
el licor que a tal dragón enterneciera;

mas la triste fuente ha poco pétreo canto,
de rubí recio y diamante tan bien hecho,
humillada en su victoria vuelve a cera.

11.5.02



GÓNGORA


Cual parece al romper de la mañana
aljófar blanco sobre frescas rosas,
o cual por manos hecha, artificiosas,
bordadura de perlas sobre grana,

tales mi pastora soberana
parecían las lágrimas hermosas
sobre las dos mejillas milagrosas,
de quien mezclada leche y sangre mana,

lanzando a vueltas su tierno llanto
un ardiente suspiro de su pecho,
tal que el más duro canto enterneciera:

si enternecer bastara un duro canto,
mirad que habrá con un corazón hecho,
que al llanto y al suspiro fue de cera.





"EL PAIS" Martes, 28 de mayo de 2002
La guerra del 'kit sexo'


Hierve Brasil por la supuesta entrega federativa a los jugadores de revistas porno para 'reflexionar'

  
DIEGO TORRES | Ulsan


Luiz Felipe Scolari convocó ayer una conferencia de prensa exclusiva para la prensa brasileña. Enclaustrado y grave como el presidente de un país en crisis, el seleccionador ofreció a los periodistas firmar la paz 'para conseguir entre todos el pentacampeonato' y cerrar de una vez por todas el escabroso asunto del kit sexo.

Las selecciones que se sienten perseguidas por reporteros desalmados componen un cuadro clásico en un Mundial. Pero el proceso se ha desencadenado con especial furor en Ulsan. En esta ciudad se halla España, con José Antonio Camacho en pie de guerra contra quienes pretenden 'joder' al equipo. Pero también, a sólo tres kilómetros, en los mismos montes que dominan el astillero de Hyundai, Brasil vive días turbulentos. El detonante del conflicto ha sido una supuesta caja con parafernalia pornográfica que, según el diario O Estado de São Paulo, habría sido el producto de una estrategia de la federación para ayudar a los jugadores a soportar la castidad impuesta por Felipao. La solución: reflexionar mirando tales imágenes.

Scolari pidió a los informadores que apagaran sus grabadoras y desconectasen sus cámaras o las apuntaran para otro lado. Finalmente, les suplicó que le escucharan 'como a un amigo'. Se hizo un silencio espeso en la lujosa sala del hotel Hyundai, abarrotada de periodistas, agentes, representantes de la multinacional de ropa deportiva Nike y cajas de hielo en las que flotaban los refrescos tradicionales cariocas.

'Se han escrito noticias falsas que denigran moralmente a la selección y los deportistas brasileños', dijo el técnico antes de pedir que cesara el flujo de información presuntamente irreal sobre cierta incitación al onanismo.

O Estado de Sao Paulo comenzó la polémica diciendo que 'Scolari, a quien no le gusta hablar del asunto, llegó a decir que estaba en contra de la actividad sexual durante la Copa y que después se volvió atrás. Así, no evitaría la entrega de un pequeño kit sexo a los jugadores más curiosos una vez que hubieran dejado Malaisia, lo que hicieron el domingo. Se trata de revistas diversas, desde las picantes a otras que mezclan reportajes interesantes con fotos de mujeres deslumbrantes. Algunos jugadores, como el evangelista Kaká, serían preservados de su lectura. Según el integrante de la delegación que las compró, se pretendería ofrecer al equipo un momento de reflexión. En el "kit" se incluiría un soneto erótico, compuesto, al parecer, por un poeta de origen español residente en Japón. El entrenador de Brasil, informan varias agencias, habría tenido conocimiento de la obra de este escritor a través de un amigo personal, catedrático emérito de la universidad de Brasilia, de origen japonés. Scolari habría encargado la composición utilizando como intermediarios a miembros de la comunidad carioca residentes en el área de Tokio.

Lejos de tomarse el asunto con ligereza, Scolari reaccionó como si atentaran contra sus más inalterables principios. Su orgullo de caballero de Rio Grande do Sul detonó un carácter ya de por sí efervescente. Se enfrentó a los periodistas, les llamó 'hijos de puta' y los amenazó con expulsarlos del Mundial. '¿Queréis apostar?', les intimidó dando muestras de una ira sin precedentes en un seleccionador largamente cuestionado.

Al día siguiente, el periódico decía que el presidente de la federación, Marco Antonio Teixeira, había tomado cartas en el asunto tras el violento episodio mediante una reunión de urgencia en Kuala Lumpur para reclamar discreción y calma a los técnicos y los jugadores. Finalmente, anunciaba la deportación del material pornográfico: 'Las revistas (...) inician este domingo el viaje de vuelta a territorio nacional. Están en poder de un miembro de la delegación que las debía entregar y que también está volando hacia Brasil. Con el poema, ya veremos qué vamos a hacer. Se trata, sin duda, de un asunto diferente'.

Si bien el presidente de la federación no quiso entrar en detalles, este periodista ha podido saber, gracias a informaciones proporcionadas por miembros de la prensa brasileña acreditada en este mundial, que la inclusión del poema habría sido una propuesta personal de Luiz Felipe Scolari. Tan inusitada propuesta habría tenido como intención añadir un matiz de juego intelectual al conjunto y, de este modo, ganar la simpatía de miembros destacados del mundo de las letras brasileñas. Esto suavizaría, desde su punto de vista, las posibles críticas que pudieran producirse en el futuro ante la eventualidad de que el asunto saliera a la luz pública, como de hecho ha sucedido. El poema habría sido traducido al portugués por el catedrático mencionado, amigo del técnico.

Nada más conocida la noticia, este corresponsal ha intentado establecer contacto telefónico con la embajada de España en Tokio a fin de confirmar la existencia de un autor de literatura erótica de origen español residente en Japón, tal y como se afirmó en la rueda de prensa, y, en caso afirmativo, recabar información sobre su identidad. Desgraciadamente, tras multiples intentos, dado lo avanzado de la hora, sólo nos ha sido posible conversar brevemente con un miembro del servicio de limpieza adscrito a la legación diplomática quien, haciendo uso de un español más bien precario, apenas no ha podido sino informarnos sobre la situación meteorológica en la capital nipona: temperatura alta, humedad superior al setenta por ciento, lluvias intermitentes.




  EDICIÓN IMPRESA
 JUEVES, 30 DE MAYO DE 2002
   

  Jacobo Nipónico
'Se me pone mi clavel en la mañana / lozanito, del color de lindas rosas...'

Santiago Segurola, Tokio

Un escritor español de poesía erótica en Japón compone un soneto prólogo al "kit-sexo" de la selección brasileña de este mundial.



Como ya informábamos en ediciones anteriores, un desconocido autor español de literatura erótica fue el encargado de añadir el "toque intelectual" al famoso "kit-sexo" que los máximos directivos del fútbol brasileño pretendían entregar a los jugadores de su selección con el fin de hacer más llevadera la abstinencia sexual impuesta por el seleccionador Luiz Felipe Scolari para esta copa del mundo. Puestos en contacto con la embajada de nuestro país en Tokio hemos podido finalmente identificar al anónimo español responsable de la composición poética, que ayer publicábamos en estas mismas páginas.

Citamos a Jacobo Nipónico en el lujoso hotel Okura, en el centro de la capital tokiota, junto a la embajada española. Acude a nuestra entrevista con puntualidad nipona. Se trata de un hombre de unos treinta y cinco años, moreno. Su atuendo informal contrasta con la atildada vestimenta de los hombres de negocios que componen casi en su totalidad la clientela de la cafetería del hotel. Las gafas de fina montura y su aire ligeramente profesoral le confieren una apariencia que no concuerda con la idea que generalmente se tiene de los autores de literatura erótica.


PREGUNTA. ¿Desde cuándo es usted escritor de literatura erótica?
RESPUESTA. La verdad es que nunca he sido escritor de literatura erótica. Es más, nunca he sido escritor de literatura en el sentido profesional de la palabra. Soy, sencillamente, un profesor de español que como entretenimiento de vez en cuando escribe, relatos, poesía; y de forma esporádica sonetos eróticos.

P. ¿Cómo se produjo este encargo? ¿Tiene usted alguna relación con el seleccionador del equipo brasileño?
R. Ninguna en absoluto. Todo el proceso me ha sorprendido a mí más que a nadie. De hecho jamás he publicado ningún poema mío ni tenía intención de hacerlo. A través de internet de vez en cuando se los envío a las amistades, solamente eso. Angela Ikehashi, una buena amiga brasileña, ingeniera, que hoy en día vive y trabaja en Seattle, en Estados Unidos, envió alguna de mis composiciones a su padre, el Dr. Ikehashi, profesor retirado de la universidad de Brasilia y no sé muy bien cómo llegaron a manos del seleccionador de Brasil. Un día me llamaron desde "International Press", una empresa de Tokio que publica dos periódicos, uno en español y otro en portugués, y me hicieron el encargo.

P. ¿No le pareció un "encargo" un tanto extraño?
R. En principio no, porque ya había escrito varios artículos hace tiempo para el periódico en lengua española. Algo me asombró el que conocieran mis sonetos, eso sí. Y después, claro, me pareció gracioso todo el asunto, cuando me lo explicaron con detalle.

P. Le llevó mucho tiempo terminar el poema...
R. En honor a la verdad, escribir el primer borrador, una hora más o menos, y otra la versión definitiva: cambiar alguna palabra que alitere, alterar el ritmo y esas cosas.

P. ¿Recibió alguna instrucción sobre el tono o el contenido del poema?
R.Obviamente, el tema me lo sugirieron ellos. También me pidieron que el tono fuera lo más "cultista" posible. En eso no hubo demasiado problema. Como siempre hago en estos casos "robé" la rima de un poema de la literatura clásica española, lo que necesariamente imprime un tono arcaizante a la hora de la composición, e incluí alguna referencia mitológica. Creo que la alusión a un dragón que aparece en la primera parte del "Kojiki" (obra básica de la mitología japonesa, siglo VIII d.C) era lo suficientemente oscura como para cumplir con creces el objetivo de "cultismo" que me habían apuntado.

P. ¿Ha cobrado mucho por escribirlo?
R. Yo no puse ningún precio. Supuse que me pagarían, pero no sabía cuánto ni lo pregunté. Se puede decir que la cantidad no ha estado mal.

P. ¿Qué cantidad exactamente?
R. [Se ríe] Bueno, mucho más de lo que yo esperaba. Dejémoslo ahí.

P. ¿Piensa dedicarse de ahora en adelante a la poesía como profesional?
R. Por supuesto, si encuentro clientes tan buenos como la selección brasileña [se vuelve a reír]. Espero poder seguir dedicándome muchos años a mi profesión actual, la enseñanza de la lengua española. Eso sí, si encuentro algún editor interesado, en el futuro me gustaría publicar mis poemas y, sobre todo, mis relatos.

P.¿Cuánto tiempo lleva viviendo en Japón?
R. Más de ocho años

P. ¿Por algún motivo en especial?
R. En principio me vine por motivos profesionales: me ofrecieron un buen trabajo en una universidad. Más tarde las razones personales acabaron tomando ventaja. Este es un país en el que me encuentro muy agusto en términos generales. A veces echo de menos cosas como, por ejemplo, ir a una librería o a una biblioteca con libros en español, poder hablar más a menudo mi idioma. Me paso meses y meses sin mantener una conversación en español normal, como ahora. Ese es uno de los motivos por los que escribo ficción y, sobre todo, poesía: para obligarme a usar los recursos del idioma de forma consciente. Me sirve de terapia.
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La lucha de clases


Prefiero tres putas baratas
a cuatro marquesas con joyas,
porque a éstas en tratos de pollas,
si bien prestas se abren las patas,

triscado detras de las matas,
tan pronto certero las hollas
calzarte querrán las argollas:
con siempres te dan malas latas.

Si tratas con profesionales
la pasta la toman muy astutas:
en esto se acaban tus males.

Quien ha recorrido mil rutas
si firme sigue en sus cabales
de siempre se apunta a las putas.


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Domingo, 7 de julio de 2002
EL DEFENSOR DEL LECTOR | CAMILO VALDECANTOS

   Tutankamón, a secas


El magisterio de Lázaro Carreter ha venido en ayuda del Defensor. Ayuda doblemente valiosa, por espontánea. En su Dardo del pasado domingo, después de zurrar la badana a un manojo de gazapos, la mayoría orales, cazados durante el Mundial 2002 de fútbol, se refería a las palabras malsonantes que ametrallan el idioma en los medios de comunicación.

Refiriéndose al exceso de tropelías que anotó durante el Mundial, Lázaro Carreter escribió: 'Sólo me quedan reminiscentes los tacos con que tantos comunicadores -y no sólo de deportes, pero éstos parecen haberse concedido bula- se apoyan para andar cojitrancos por el idioma y entristecerlo. El taco en sí no resulta abominable cuando entra como un estoque en la charla confianzuda, oportuno, en su sitio. Pero es síntoma de hambruna mental eyacularlos en público y reírlos'.

El Libro de estilo de este periódico -se ha recodado aquí no hace demasiado tiempo- es muy severo ante las que llama expresiones malsonantes: 'Las expresiones vulgares, obscenas o blasfemas están prohibidas. Cómo única excepción a esta norma cabe incluirlas cuando se trate de citas textuales, y aun así, siempre que procedan de una persona relevante, que hayan sido dichas en público o estén impresas y que no sean gratuitas. Es decir, sólo y exclusivamente cuando añadan información. Una palabrota pronunciada durante una entrevista no justifica su inclusión en el texto, cualquiera que sea la persona que la emitió'.

Lo cierto es que los futbolistas, en general, y el ex seleccionador nacional, José Antonio Camacho, en particular, ponen en un brete a quien intente aplicar el Libro de estilo.
Es rara la rueda de prensa en la que alguno de estos deportistas no se lleve los testículos a la boca, con pasmosa naturalidad y en su acepción más zafia, claro; ni comparecencia pública que no se adorne con variedad de palabros malsonantes.

El problema llega a la hora de transcribir en el periódico pláticas tan didácticas.

¿Es Camacho una persona relevante en el mundo del fútbol? ¿Y un jugador destacado de Primera División? Parece que sí y que las expresiones han sido proferidas en público. El gran problema es dilucidar si añaden información, como exige la norma del periódico.

El hecho cierto es que algunas de estas expresiones se han colado en las últimas semanas, incluso en titulares. Será necesario un debate interno para intentar frenar esta marea.

Lo más grave es que el periódico, por su cuenta, coadyuve a extender sus efectos.

J. I. Pascual y Jordi Domenech se han dirigido al Defensor para protestar, con muy atinadas razones, porque el pasado 28 de junio se publicó una columna de opinión, en la sección de Deportes, firmada por Ramón Irigoyen, titulada ¿Qué dices, Tutankabrón? Allí se criticaba al arbitro egipcio, Gamal Ghandur, al que muchos culpan de que la selección nacional de fútbol resultase eliminada en el partido frente a Corea.

El juego de palabras que pretende evocar al faraón Tutankamón se convierte, lisa y llamente, en un insulto y logra, en un solo vocablo, mezclar la palabra soez con el agravio gratuito. Ambos, vetados por las normas de estilo de este periódico. Los responsables de la sección de Deportes debieron advertir al colaborador de que no era posible publicar ese texto. El hallazgo era ingenioso, pero más propio de la 'charla confianzuda'.



Poesía y Mundial

Otro asunto conectado con el anterior, de cariz bien diferente no obstante , ha ocupado también la atención del Defensor a lo largo de todo el mes pasado. En la sección de Deportes del 30 de mayo se publicaba bajo el título de Se me pone mi clavel en la mañana / lozanito del color de lindas rosas una entrevista con un escritor español que compusiera un poema erótico por encargo de la selección de fútbol brasileña. Al final de esta entrevista se incluía una muestra de la obra del mismo autor, diferente de la que daba origen a la noticia, que ya había sido publicada en la misma sección deportiva el 29 de mayo.

Varias personas se pusieron en contacto con el Defensor del Lector a lo largo de los días siguientes. La crítica más encendida y contundente vino de parte de D. Arturo Méndez de La Sangüesa, Marqués de la Cota del Estrecho, presidente de la Asociación Española de Títulos de Nobleza y Fijosdalgo. Las objeciones de D. Arturo sintetizan todas las recibidas. A su juicio la publicación del poema era inoportuna por diversas razones: no apropiado para la sección de deportes, tono soez poco acorde con la dignidad de este periódico, inclusión de palabras de naturaleza malsonante que pudieran herir la sensibilidad de adolescentes o personas especialmente impresionables. No obstante, en su nota el presidente de esta Asociación nos participaba que su repulsa hacia tal poema se fundamentaba sobre todo en la consideración de que constituía un escarnio frontal para con todas las damas de la nobleza, escarnio doble, motivado no sólo por el contenido del escrito, sino, fundamentalmente, por la, a su juicio, ínfima calidad de éste.

En conversación con el responsable de la entrevista, el redactor-jefe de la sección de Deportes, Santiago Segurola, se nos informó de que, si bien era cierto que la inclusión del segundo poema, el objeto de la polémica, no representaba una necesidad informativa de primer orden, -no así el primero, que por su conexión con la noticia cubierta era de inexcusable publicación- había considerado oportuno darlo a conocer en atención a la presumible curiosidad por parte de los lectores de nuestro país por la obra de un español involucrado en una noticia que el propio Segurola califica como inusual y graciosa. Parece ser que se solicitó del autor una muestra de sus poemas y que de entre los proporcionados ( un libro inédito titulado Como cola de alacrán) el periodista eligió el, a su juicio, más significativo.

Mediante llamada telefónica conversamos directamente con Jacobo Nipónico, el autor del polémico soneto. Se mostró vivamente sorprendido por las protestas y nos participó que, si bien, obviamente, no entraba en valoraciones con respecto a la calidad de su producción, consideraba que era claro que se habían malinterpretado sus palabras. Los términos "marquesas" o "putas" no habría en modo alguno que tomarlos en el sentido literal del término. Por otro lado, añadió, se encontraba muy asombrado de que nadie con un mínimo de formación académica pudiera interpretar al pie de la letra un poema de evidente tono jocoso. Antes de terminar nuestra conversación insistió en que, de cualquier modo, hacía partícipe de sus disculpas a todas las personas que de alguna manera pudieran haberse sentido ofendidas.

El Defensor creyó oportuno ponerse en contacto con miembros de la nobleza española no pertenecientes a la Asociación ya citada, a fin de comprobar si lo expresado por el Sr. Méndez de La Sangüesa respondía a un auténtico estado de malestar general por parte de tal segmento de la sociedad española. La duquesa de Medina Sidonia nos hizo saber que consideraba el poema, en cuanto a su contenido, acertadísimo: nos dijo tener conocimiento no sólo de cuatro marquesas cuya conducta habitual respondiera a la descrita en el poema, sino tal vez de varias decenas, entre las que se podrían incluir duquesas, condesas y grandes de España. La duquesa de Alba, por su parte, rehusó hacer cualquier tipo de comentario. Reconoció una gran afición por la poesía, nacida en la época en la que su esposo, el fallecido Jesús Aguirre, le dedicara Secreto a voces, pero consideró más oportuno mantenerse al margen de la polémica. Quiso puntualizar, no obstante, que el duque había sido siempre un caballero y que jamás habría incluido la más mínima alusión soez en ninguna de sus composiciones líricas.

No deseando pronunciarse personalmente el Defensor del Lector con respecto a la calidad literaria del escrito que le ocupaba creyó que sería solución más oportuna el recabar la opinión de un experto en estudios filológicos. Contactada la Real Academia Española de la Lengua se nos remitió a su vez al Prof. D. José Antonio Pascual Rodríguez, miembro de número de ésta, catedrático de Lengua Española de la U. de Salamanca y reconocido experto internacional en la historia de nuestro idioma. El Prof. Pascual nos hizo saber que estaba al tanto de la polémica y también interesado en extremo. A su juicio los dos poemas del autor eran de una calidad excepcional, y por ello deseaba que su autor diera a conocer con la mayor brevedad posible el resto de su obra, una obra que sin duda constituiría un acontecimiento dentro del mundo de las letras hispanas. Tras conocer tan autorizada opinión de un miembro de la Docta Casa este Defensor consideró cerrada la polémica.

Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector por carta o correo electrónico (defensor@elpais.es), o telefonearle al número 91 337 78 36.


 


   





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Viernes, 26 de julio de 2002
EL CONFLICTO HISPANO-MARROQUÍ
Abusos sexuales contra las cabras de Perejil

Varias ONGs denuncian en Londres supuestos excesos cometidos por los legionarios españoles contra las cabras del islote

MIGUEL GONZÁLEZ | Madrid

Varios organizaciones de protección animal, entre las que se encuentran grupos como Veterinarios sin fronteras o Help the Goats, celebraron ayer una rueda de prensa en la sede londinense de ésta última asociación a lo largo de la cual denunciaron lo que califican como "ultraje insoportable contra el reino animal perpetrado por los miembros del Ejército Español". La asociación Help the Goats cobró notoriedad en nuestro país tiempo atrás por su protesta contra la "fiesta de la cabra", celebrada anualmente en la localidad zamorana de Villamanes de la Polvorosa. La presidenta de esta ONG, Ruby Thatcher, sobrina de la antigua premier del Reino Unido, acusó de forma implacable a las autoridades españolas y europeas en general de olvidar los derechos de los animales en este conflicto: "España ha conseguido, con ayuda de todos sus aliados, el objetivo que desde un principio se marcó: recuperar el statu quo del islote. Pero en ningún momento nadie se ha planteado el coste traumático que ésta acción podría suponer en el equilibrio emocional de las cabras." Estos animales -continuó informando- son unos de los seres más sensibles de la creación: la llegada de extraños, sobre todo en grupos numerosos, les producen un stress difícil de soportar. Marruecos, dando muestras de buen sentido, jamás envió más de una docena de soldados al islote, número que podemos considerar límite dado el espacio de la isla. Las autoridades españolas no tuvieron el menor escrúpulo de multiplicar ese número, lo que, junto al revuelo causado en el momento de ser tomado el islote por las fuerzas especiales españolas, produjo un estado de shock en las cabras, visible en las grabaciones de vídeo que esta ONG llevó a cabo desde su observatorio en Punta Leona.

Las fuerzas de la Legión destacadas en Perejil -prosiguió Ruby Thatcher- no contentándose con el daño que provocaba su mera presencia, desde un primer momento molestaron a las cabras con actitudes que, según ella, se podrían calificar de sádicas. (La conferencia entonces se interrumpió brevemente para mostrar unas secuencias de vídeo en las que se veía a varios legionarios que, persiguiendo a un grupo de animales, cantaban a voz en grito la popular canción de "La cabra, la cabra, la p... de la cabra...")

Al finalizar esta breve secuencia la presidenta de la ONG, asumiendo un tono mucho más grave y formal, terminó la rueda de prensa con estas palabras: "Consideramos al Ejército Español responsable principal de los abusos repugnantes cometidos contra estos indefensos animalitos, abusos de naturaleza infame, de los cuales tenemos pruebas documentales que, por respeto a la sensibilidad de los presentes, no nos atrevemos a mostrar. Exigimos del gobierno español una reparación inmediata. Las cabras necesitan apoyo post-trauma."

La reacción del gobierno español ante ataques de tal entidad se produjo casi de forma inmediata. El ministro de Defensa, en declaraciones realizadas en la misma tarde de ayer manifestó: "Estas acusaciones carecen de fundamento. El gobierno español ha tenido siempre en mente no sólo a las cabras, sino a todo el resto de la flora y la fauna de Perejil. Entre todos los grupos operativos que podrían haberse encargado de la custodia del islote, tras la acción de las Fuerzas Especiales, elegimos a la Legión por una razón evidente: su afinidad con el reino animal (la mascota del Tercio no es sino un carnero). Desde el primer instante todos los miembros del destacamento tenían órdenes prioritarias de atender en sus mínimas necesidades a los animales, y así lo hicieron. No obstante, durante la segunda noche de permanencia en la isla las cabras dieron muestra de inquietud, por lo que se contactó al servicio de veterinaria del Ejército. El dictamen de los doctores fue unánime: las cabras, hembras en su inmensa mayoría, llevaban varios días sin ser ordeñadas. El mando, en consecuencia, dictó las órdenes oportunas y al alba, sin dilación alguna, y con un fuerte viento de levante que dificultaba en sumo grado las operaciones, comenzó lo que dimos en llamar "Misión Quesomanchego", una misión que, fuerza es reconocerlo, no resultó todo lo exitosa que esperábamos. Nuestros muchachos, por supuesto, son novios de la muerte, no cabreros. Las imágenes que dicen haber grabado seguramente fueran tomadas aquella fatídica mañana. No obstante, no pueden ser sacadas de contexto. "

"La población de cabras macho de Perejil -prosiguió el ministro- es exigua, lo que constituye un factor añadido de intranquilidad en la colonia. Pudiera ser que no todas las hembras se encontraran presas de un estado de excitación motivado por falta de ordeño, y también es posible que alguno de nuestros muchachos creyera percibir la causa y, por su propia cuenta y riesgo, intentara poner remedio a tal estado, siempre obrando con la mejor de las intenciones. En tal caso estoy seguro que de que actuaría siempre con el consentimiento de la cabra. No podemos dudar del honor de un caballero legionario."

Preguntado el ministro si esta última contingencia no se pudiera deber más bien a una falta de previsión por parte de la Defensa española con respecto al estado de la tropa, Federico Trillo lo negó con contundencia: "El Ministerio, desde hace muchos años, desarrolla un programa de investigación para estos supuestos, el programa "Sultán". Los miembros de este grupo de investigación, siempre al tanto de los últimos avances en su disciplina, se habían puesto en contacto con el equipo de psicólogos de la selección nacional de Brasil, vencedora en la última edición de la copa del mundo de fútbol, a fin de recabar información sobre las técnicas revolucionarias diseñadas por este grupo para solventar la abstinencia sexual impuesta por el seleccionador Scolari, y que tan buen resultado parecían haber dado. El equipo de psicólogos brasileños amablemente envió muestras del ya famoso "kit-sexo", que fueron repartidas a la tropa poco antes de la toma de Perejil. Con respecto a los mandos, no considerándose apropiados para este estamento los contenidos del citado "kit", nada más que la operación "Romeo Sierra" comenzó a ser diseñada, se solicitó a Jacobo Nipónico, el autor del famoso soneto prólogo, el envío de su libro inédito, Como cola de alacrán, que fue inmediatamente repartido entre los oficiales. El "kit-sexo", a pesar de que sus contenidos aparecían íntegramente en lengua portuguesa, constituyó un rotundo éxito entre los soldados. Por desgracia no podemos afirmar lo mismo por el lado de los mandos, quienes ostensiblemente miraban con el rabillo del ojo el material gráfico que observaban con delectación los hombres bajo sus órdenes."


 


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Mi blog en latín

A estas alturas me imagino que todos sabréis que tengo un blog en latín aquí.

Durante bastante tiempo (como un mes) no lo he tocado y me da mucha pena. Me he hecho el propósito de que, aunque sean unas breves líneas, de vez en cuando voy escribir en él. Las siguientes son traducción literal del último "post" (de poca sustancia) que acabo de publicar en él.

Desde hace mucho tiempo que no he escrito en este blog. He tenido demasiado trabajo: "Ars longa..." Hoy tampoco tengo mucho tiempo, pero quería escribir estas líneas, aunque fueran breves.

Esperad, lectores, nuevas palabras. Y leed también mi blog en español. Está aquí.

Shönheit



Rom, am 29. October 1903

[...] Dazu ist noch zu rechnen, dass Rom (wenn man es noch nicht kennt) in den ersten Tagen erdrückend traurig wirkt: durch die unlebendige un trübe Museumsstimmung, die es ausatmet, durch die Fülle seiner hervorgeholten un mühsam aufrecht erhaltenen Vergangenheiten (von denen eine kleine Gegenwart sich ernänrt), durch die namenlose, von Gelehrten un Philologen unterstützte un von den gewohnheitsmässigen Italienreisenden nachgeahmte Überschätzung aller dieser entstellten und verdorbenen Dinge, die doch im Grunde nicht mehr sind als zufällige Reste einer anderen Zeit und eines Lebens, das nicht unseres ist und unseres nicht sein soll. Schliesslich, nach Wochen täglicher Abwehr, findet man sich, obwohl noch ein wenig verwirrt, zu sich selber zurück, und man sagt sich: Nein, es ist hier nicht mehr Schönheit als anderswo, und alle diese von Generationen immer weiterbewunderten Gegenstände, an denen Handlangerhände gebessert und ergänzt haben, bedeuten nichts, sind nichts und haben kein Herz un keinen Wert; - aber es ist viel Shönheit hier, weil überall viel Shönheit ist.


De Briefe an einer jungen Dichter, Rainer Maria Rilke

jueves, 25 de octubre de 2007

Góngora



[...]

Pero en la poesía encontró siempre, no tan sólo hermosura, sino ánimo,
La fuerza del vivir más libre y más soberbio,
Como un neblí que deja el puño duro para buscar las nubes
Traslúcidas de oro allá en el cielo alto.
Ahora en el reducto último de su casa y su huerto le alcanzan todavía
Las piedras de los otros, salpicaduras tristes
Del aguachirle caro para las gentes
Que forman el común y como público son árbitro de gloria.
Ni aun esto Dios le perdonó en la hora de su muerte.
Decretado es al fin que Góngora jamás fuera poeta,
Que amó lo oscuro y vanidad tan sólo le dictó sus versos.
Menéndez y Pelayo, el montañes henchido por sus dogmas,
No gustó de él y le condena con fallo inapelable.

Viva pues Góngora, puesto que así los otros
Con desdén le ignoraron, menosprecio
Tras del cual aparece su palabra encendida
Como estrella perdida en lo hondo de la noche,
Como metal insomne en las entrañas de la tierra.
Ventaja grande es que esté ya muerto
Y que de muerto cumpla los tres siglos, que así pueden
Los descendientes mismos de quienes le insultaban
Inclinarse a su nombre, dar premio al erudito,
Sucesor del gusano, royendo su memoria.
Mas él no transigió en la vida ni en la muerte
Y a salvo puso su alma irreductible
Como demonio arisco que ríe entre negruras.

Gracias demos a Dios por la paz de Góngora vencido;
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora exaltado;
Gracias demos a Dios que supo devolverle (como hará con nosotros),
Nulo al fin, tranquilo, entre su nada.


Luis Cernuda, Como quien espera el alba

miércoles, 24 de octubre de 2007

Visita muy trabajada


Estos días, a causa de la visita a estas tierras del "rector que vino del Lejano Occidente" es que no he parado. Por eso, no ha habido tiempo de escribir cosa de fundamento. En lugar de las chorraditas que me saco del magín he publicado tres textos, para mí extraordinarios.

El poema de Pepe Hierro personalmente lo tengo por el más profundo de toda la literatura española; además, me parece que su belleza formal no desmerece en altura al tema. Nunca he sido capaz de leerlo sin sufrir ese escalofrío que nos ataca cuando sentimos la presencia del arte auténtico.

El fragmento de Carpentier lo recuerdo de tarde en tarde; me trae aromas de mis años mozos y me sirve de revulsivo y espirizante. Descubrí a Carpentier cuando tenía diecisiete años: un compañero del instituto, fanático del "boom", me prestó El siglo de las luces en esa antigua edición de Bruguera con inolvidable portata de etiqueta de ron. Me lo leí de un golpe (todo lo de golpe que se puede leer una novela de trescientas y pico páginas) y lo tuve hasta el final de mis años de universidad (por lo menos los primeros, los de Clásicas) como ejemplo superior de prosa castellana. Cuando fueron pasando los años esa admiración por el barroquismo carpenteriano se fue convirtiendo, un poco, en fastidio. Empecé a querer descubrir excesos verbosos y pirotecnia oropelera. Han pasado los años y, aunque a veces me fastidien algunos parrafos en los que el autor cubano se deja llevar por el impulso de la logorrea, lo frecuento, pero intentando ir hacia lo profundo -no como antes, que lo hacía casi a matacaballo-; releo y releo un mismo párrafo y me maravillo de su uso del lenguaje, del diálogo entre lo clásico y castizo que se entremezclan en sus páginas.

Finalmente hemos llegado al diálogo que da comienzo a What is Mathematics Really. Este libro lo encontré casualmente en la sección de historia de la ciencia en Heffers, aquella librería mítica de Cambridge que me recomendara mi maestra, Carmen Pensado. La verdad es que un año antes, cuando salió, lo había hojeado ya en Kinokuniya, en Tokyo, pero entonces lo pasé por alto. La promesa hecha en el prólogo, de "explicar en unas páginas las bases del cálculo infinitesimal" hicieron que me decidiera a invertir en él las últimas libras que me quedaban una hora antes de subir al autobús para Heathrow. A pesar de que leí las páginas en cuestión con mucho detenimiento he de confesar que no fue sino cuando estudié al detalle un manual de Cálculo cuando finalmente las comprendí. No obstante de este fracaso el libro me parece indispensable para todo el que tenga curiosidad por saber qué sean las matemáticas en el siglo veintiuno. Para los pirados de los números (entre los que felizmente me cuento) es casi una obligación. En cuatro palabras: la pregunta fundamental que subyace tras la obra es: "La matemática, ¿se descubre o se inventa?" Pocas problemas intelectuales me parecen más apasionantes que éste. Bueno, no quiero destripar el libro. Léalo cada cual si el fragmento que incluí hace unos días le ha despertado el gusanillo.

El Rector (y su señora) a las horas que esto escribo ya habrá llegado a Narita y estará esperando el embarque. A mí me quedará más tiempo y seguiré escribiendo estas naderías que de exorcismo a la soledad me sirven. Me ha animado mucho el que tres lectores -dos por e-mail y una en persona- me hayan asegurado que lo van leyendo y que lo encuentran moderadamente interesante: yo a estas alturas, al no haber ningún comentario, casi estaba convencido de que nadie lo miraba y a punto estaba de cerrarlo y volver a lo de antes, a un diario para uso personal.

Por cierto, la verdad es que sí que escribí alguna cosa en todos los trenes, metros y taxis a los que me he visto obligado a subir en estos días. Cuando me encuentro en estado de stress no me sale la prosa; es el verso el que me relaja, me hace salir del mundo y me pone en la estratosfera. Incluir esos partos poéticos de mi imaginación en este blog no me pareció oportuno. Unos los he publicado, junto con algún pergeño antiguo, aquí. Otro va en una página de romances que espero seguir ampliando. Si alguien quiere echarle un vistazo a este último no le quedará más remedio que mandarme un e-mail. Yo le enviaré la dirección con muchísimo gusto (y la vanidad consecuentemente inflada cual globo meteorológico).

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