martes, 17 de agosto de 2010

El venerable respeto a los antepasados

Agosto y seis de la mañana en mi barrio
Como todos los años por estas fechas, ya estamos otra vez con la misma matraca: un insensato de primer ministro visita Yasukuni u otro de cuerda diferente pide perdón por las atrocidades cometidas por el pérfido Imperio hace ya tres generaciones.

A ver cómo se lo explico yo a esta gente: quienes hoy vivimos en una democracia tenemos la misma culpa de las barbaridades del pasado que los romanos contemporáneos de las que perpetró Julio César entre los pobres galos. Eso sí: responsabilidad nuestra es no permitir que éstas -todas- se olviden.

El Gobierno Japonés, en lugar de andar rasgándose las vestiduras -no sabemos hasta cuándo- más bien debería preocuparse de que en las escuelas del país ningún maestro de historia presente la matanza de Nanking como una invención de los chinos, o la ocupación de la Península Coreana o de Manchuria como una gran beneficio para los nacionales de aquellas tierras.

Por respeto a la santa tradición y al coñazo de los antepasados nunca lo veré, pero qué guay sería que algún día un alto funcionario saliera por la tele y dijera: "Este año, de disculpas nada: nosotros no somos herederos de los idiotas que hicieron la guerra." Así de sencillo. Pues no hay tutía.


lunes, 16 de agosto de 2010

¡Qué vicio más malo tienes con los libros, hijo!

Mi colección de haniwa (mangados del Museo Nacional)
Cuando llegué a Japón casi lo primero que hice fue buscar por las bibliotecas y librerías un buen manual de historia de la lengua japonesa en un idioma legible. No lo encontré.

Desde la publicación hará unos veinticinco años de The Japanese Language Through Time, de Samuel Martin, los estudios de lingüística histórica han sufrido una verdadera revolución, en gran parte gracias a él. No obstante hasta hoy mismo no existía libro alguno que nos introdujera de forma cabal en la disciplina: intentar comprender el mostruoso ladrillo de Martin podría llevar más tiempo que a él escribirlo -diez años- y los otros dos manuales básicos, Old Japanese, a Phonetic Reconstruction, la tesis doctoral de Marc Miyake, y Proto-Japanese, un volumen de artículos escritos por los más importantes especialistas, edición de Bjarke Frellesvig y John Whitman, son de difícil acceso para los no iniciados.

Hasta hoy mismo la opción más sensata que podía tomar cualquier no especialista preocupado por esta disciplina era leer con atención las notas de las clases del propio Frellesvig en la Universidad de Oxford, claras, bien escritas, aunque, como es lógico, esquemáticas: todo está en los libros y los apuntes, pero ir a las lecciones a veces no viene mal.

En fin, que esta mañana, cuando me ha llegado por el canal de Twitter de The Linguistic List la noticia de que Frellesvig acaba de publicar una historia general de la lengua japonesa he sentido una comprensible alegría y una envidia enorme por los jóvenes que pueden tener en sus manos una herramienta de valor incalculable con la que yo nunca conté.

Bueno, siempre estará ahí una página en español de Wikipedia escrita por algún gran genio anónimo hispanohablante. Si alguien le conoce, me le dé un gran premio de mi parte, ¿vale?


domingo, 15 de agosto de 2010

No me des catequesis, que llevo chanclas

Zori japoneses de mi mujer
(con fragmento de mi dedo gordo)

Los japoneses tienen una tendencia enternecedora a pensar que, salvo la pólvora, hay pocas cosas que ellos no hayan inventado. Si se habla de juegos, ahí está la kendama japonesa, que se descubrió en varias partes del mundo al mismo tiempo; el ayatori japonés, al que jugaban, según parece, nada menos que los griegos antiguos; el origami japonés, tan viejo como la invención del papel por los chinos y así hasta el infinito.

Salvo el culto nacional, el shinto, por lo que yo sé, no hay ninguna manifestación propia de esta civilización insular -el koto, la escritura, el zen, el té japonés, por decir al azar algunas- que no haya entrado de China, directamente o a través de la península coreana, o que no se haya construido sobre fuerte influencia exterior.

Hace años, cuando me decían que motainai ("desperdicio") era un concepto que sólo existía en el idioma patrio -no hay casi ningún rasgo en la original lengua japonesa que no aparezca en alguna otra del mundo- yo era tan bobo de refutar a mi atribulado interlocutor con ejemplos sacados de aquí y allí. Resultado: cabreo de uso interno por parte del oyente nipón.

Estos días paso ya de catequesis. Si uno necesita sentirse diferente, allá él: buscará los atajos mentales que hagan falta para llegar a su destino. Por otra parte hay veces que hasta tienen razón, como cuando hablan del más genial de todos los inventos patrióticos, el zori japonés. ¿A que no os había contado que fueron precisamente los astutos nipones quienes idearon la alpargata? Es que no te acostarás sin saber una cosa más...


sábado, 14 de agosto de 2010

Media peseta de patafísica

El bolso de una de mis cuñadas
En el modelo de Bohr la materia está compuesta por un núcleo atómico diminuto alrededor del que giran, a una distancia inmensa, los electrones. O sea, que esta materia está formada por una parte ínfima de masa y otra enorme de vacío. Conclusión: cuando compramos un cacharro, una vianda o lo que sea, ¡pagamos por más de un 99.99 % de vacío! Money for nothing!

Ahí está el verdadero escándalo, el orígen auténtico de la crisis que padece el pobre consumidor. Exijamos un precio justo: no paguemos lo que no nos sirve para nada.

Pero oye, chacho, ahora que lo pienso, nuestro dinero, ¿no está hecho también de vil materia vacía? Vaya chasco...


viernes, 13 de agosto de 2010

Para chuparse los dedos

En un rincón de un restaurante
Cada tres meses suelo escribir un artículo de cocina en la revista de la asociación "Universidad de Salamanca en Japón". Como no tengo ni puñetera idea del tema -para qué andarnos con paños calientes- siempre me como el coco acerca del asunto sobre el que trataré. Mira por dónde para el próximo número ya tengo la papeleta resuelta: voy a escribir una reseña sobre este libro. Se chuparán los dedos.


jueves, 12 de agosto de 2010

¡Aúpa el klingon!

Me envió Paco de la Vega un artículo hace tiempo que me pareció digno de comentar detenidamente. Siendo humano, uno tiene tendencia a repetirse, así que a lo mejor sería más prudente remitir al lector a uno mío antiguo.

Al hablar de lenguas tenemos que hacer un distingo: el idioma en su aspecto interno (sistema de signos) y el externo (realidad social). Del primer factor poco hay que decir: todas las lenguas son diferentes en sus detalles, pero idénticas en su cometido; cada una expresa el mundo del hablante con la misma precisión (o imprecisión). Por eso no podemos hablar de idiomas superiores o inferiores: teorías bobas como el que las lenguas celtas se ven abocadas a su desaparición a causa de una teórica complejidad gramatical son verdaderos sinsentidos.

Las lenguas regionales no excluyen a nadie: quienes excluyen son sus hablantes. El corso, el catalán o el calabrés podrían haberse convertido en la lengua del imperio americano sin ningún problema; los padres fundadores propusieron el griego antiguo como idioma de la nación. ¿Una locura? Igual que resucitar el hebreo que de tan buena salud goza. He conocido a algunos israelíes y ninguno me ha parecido tanatófilo. Yo mismo cada día escribo -mal- algunas líneas en latín y me lo paso pipa: a veces es la hora del día en la que más vivo me siento.

Hablar de salud en sentido estricto para un idioma es una imprecisión: los idiomas no tienen salud -ni biotopos- porque no son realidades biológicas, sino sociales. Cuando utilizamos esta metáfora a veces nos olvidamos de ello: de que es sólo una metáfora. Los jóvenes no enferman el idioma con sus usos, sencillamente expresan su deseo de diferencia, igual que lo hacen con el resto de sus signos sociales: el vestido, la música o sus normas de conducta.

¿El esperanto? Como todos los idiomas artificiales, un juguete precioso y, hoy en día, un entretenimiento exquisito para una minoría en la que el día menos pensado ingresaré. ¿Lengua cosmopolita e universal? Quien tal sostenga poco sabe de lingüística. El esperanto no es más que un nuevo dialecto indoeuropeo en todos sus aspectos. Si un hablante aborigen de lenguas australianas, africanas o de Sudamérica diseñara un idioma artificial con intención de que se usara globalmente a nosotros nos sonaría mostruoso y nos negaríamos a aprenderlo por antinatural. Personalmente para ese cometido prefiero el inglés, lengua no sólo del negocio, sino también de la ciencia y del cachondeo universal. Si me ponen entre la espada y la pared, entonces el klingon o el serafiniano me parecen alternativas mucho más interesantes.


martes, 10 de agosto de 2010

Penitentiagite!

Haga como yo: ponga cuatro japonesas en su vida.

¡Qué tirao estoy! Me he pasado dos días brincando por Shinshu y ahora que acabo de llegar a casa me parecen un mes. En penitencia por la mala vida que le doy a su hija, un simpático abuelito me ha hecho subir -y bajar- a una montaña de dos mil metros acompañado de cinco infantes tiránicos y cuatro montañeras infatigables mientras él me impartía un curso intensivo y avanzado de flora alpina japonesa. Sus otros dos yernos -varones sensatos- han excusado el purgatorio con las palabras mágicas -habemus trabajum- pero a mí, que los conozco, no me la dan con queso.

En fin, hoy esto no se acaba aquí. O descanso ya o no llego a pájaros nuevos. Vacaciones, vacaciones...


jueves, 5 de agosto de 2010

Encajar palos con prestancia


Si hay algo con lo que flipa mi legítima es con darme sustos a la hora del desayuno. Oye, oye. No puedes salir pitando ahora, ¿verdad? Y pitando salgo. Con calor tropical ya a las nueve de la mañana, me subo al niño a la bici y nos vamos para el instituto de nuestro pueblo donde los chicos del club de kendo -que son campeones de toda la región del Gran Tokio, o sea, expertos como nadie- le van a enseñar los rudimentos del deporte.

Lo mismo que los toros, el baile charro de mi tierra, las fiestas cutres de tirar cabras o tomates y tal; el zen, la ceremonia del té, el sumo y las demás chorradas tradicionales las tengo por engañabobos de turistas; pero hago una excepción: las artes marciales; el aikido, el karate o el judo, a las que si se les quitara toda la ceremonia tonta, el respeto al senpai, y baboserías de ese tipo, se convertirían en deportes de lo más recomendables para la salud del cuerpo y de la mente.

En fin, que me tiré toda la mañana viendo cómo mi peque se lo pasaba en grande dándoles de palos con toda su alegría a los chicos del instituto. Papa, me quiero apuntar al kendo, me dice con cara de velocidad cuando termina. Pero hijo, si ya haces fútbol, kung-fu... En fin, pues que haga kendo. Un deporte cuyo secreto consiste en recibir palos con elegancia, ¿qué mejor aprendizaje cuando se tienen los huesos -y el espíritu- aún tan tiernos?

martes, 3 de agosto de 2010

Si quieres trabajar en la caña de azúcar

Confieso que nunca he entendido por qué un Gobierno democrático, en el que hay un buen número de luchadores contra el franquismo que vivieron en carne propia lo que significa una dictadura totalitaria, lleva a cabo con Cuba una política que, en términos prácticos -son los que importan- solo sirve para prolongar la existencia de una dictadura atroz, que lleva más de medio siglo, y que ha hundido a los cubanos en la miseria, el miedo, la inseguridad y el más cruel despotismo. Y, peor todavía, que constituye una recusación y hostilidad flagrantes contra una oposición que, jugándose la vida y exponiéndose a abusos y represalias vesánicas, lucha para que Cuba alcance lo que tiene España desde la muerte de Franco.

Me lo he preguntado muchas veces y cada vez me parece más difícil encontrar una respuesta que no implique una patética falta de visión, la pequeñez o la ceguera. ¿El acercamiento a la dictadura cubana del Gobierno socialista español es, simplemente, una manera de mostrar un cambio radical de política con la del Gobierno de José María Aznar, quien persuadió a Europa de adoptar la Posición Común? Si fuera así, la política exterior de España no sería más que un juguete sin brújula al servicio de menudas querellas partidistas, sin continuidad, horizonte geopolítico ni moral.


Fragmento del artículo de Mario Vargas Llosa "Héroes de nuestro tiempo."


lunes, 2 de agosto de 2010

Resabio maquinero

En una película canadiense de los ochenta, de cuyo nombre siento mucho no acordarme, a la protagonista, granjera de armas tomar, le llega la hora de la fecundación de sus vacas. La inseminación artificial es la mejor alternativa, le dicen. Mis bichos se preñan como yo, responde. Así que hace que le suelten al semental en la granja y se pone a mirar. Las hembras rodean al caballero, le atosigan, le imploran, pero no hay manera: con el vicio de la máquina ha olvidado toda la mecánica del negocio.

Este argumento de película me ha venido a la cabeza cuando he leído un comentario taurino en el que se culpaba no a los pérfidos catalufos de la decadencia de la Fiesta, sino a los propios de casa. Según se cuenta ahí los afeitados, el drogar los animales y la selección de castas mediocres y comodonas es lo que de verdad está acabando con el espectáculo.

El experto propone una catársis, una vuelta a los orígenes del toro morlaquero, puro y esencial como remedio de todos los males tauromáquicos. ¿Será eso posible? No tengo ni idea, así que la opinión profunda se la dejo para otro. Ahora, que lo sabe hasta el más tonto: si de verdad los toreros le han cogido el puntito a la máquina, apaga y vámonos...


viernes, 30 de julio de 2010

¡Los bichos son nuestros y hacemos con ellos lo que nos sale del capullo!


Uno de los primeros destinos de Paz como maestra fue por Zamora, en Manganeses de la Polvorosa. Su padre, nativo de la zona, le dio un sabio consejo: "Con lo de la cabra, por Dios, ninguna broma."

En la clase de los niños de seis años había una granja entera de animales de plástico. Los críos, obviamente, pasaban de todos menos del pequeño bicho ungulado: lo subían por turnos una y otra vez a una torrecita de madera y con gran regocijo lo arrojaban desde allí. "Señorita, cuando yo sea quinto también tiraré la cabra." "Sí, hijo, sí." El himno nacional del pueblo, con el que atronaban la escuela periódicamente, era, por supuesto, "La cabra, la cabra, la puta de la cabra..."

¿Llamarán las Cortes de Castilla y León a antropólogos, veterinarios y expertos surtidos para discutir la mundialmente famosa fiesta? ¿Osarán prohibirla? Si algún día pierden la cabeza y se atreven, que Dios los ampare. Ya lo decía un vecino de mi barrio, octogenario, cuando lo de la gloriosa e inmortal gesta de los Papeles de Salamanca: "Luchamos una vez por la Patria y si se presenta otra ocasión nunca seremos demasiado viejos para empuñar las armas."


martes, 27 de julio de 2010

Muy listo el Daguerre


¡Qué complicado esto de las fotos! ¡Más que aprender sumerio! Me he puesto otra vez con la de marras y lo más que he podido sacar es lo de arriba. Me he tirado dos horas para aprender cómo se enderezaba el jodío pedestal, otro tanto hacer algo de vida al cielo quemado y finalmente, toda una tarde para preservar mínimamente el reflejo del sol en la pared de la piscina. Para remate, cuando he intentado sacar más fotos se me ha acabado la pila: ¡cuatrocientos yenes y duran menos que una misa dicha por un cura loco! ¡Con lo tacaño que soy! Vuelvo al papel y al lápiz, lo juro...


domingo, 25 de julio de 2010

Como un tonto con su tiza


Cuando mi hijo nació, hace ahora casi siete años, mi suegra me regaló la primera cámara que he tenido en mi vida. Sabiéndome incapaz de manejar un trasto tan complicado la arrinconé. Hace un mes, con un ejercicio de voluntad enorme, la volví a tomar y aprendí a base de sudor y gota gorda su manejo.

Ayer salí al parque con el fresquito y, como el tonto con la tiza, me puse a tirar fotos a todo lo que se puso por delante. La de arriba es la que más me gustó. A ver qué dicen los sabios...


sábado, 24 de julio de 2010

Yul Bríner rencarnado


¡Aleluya, hermanos! ¡Ayer por la noche terminé la burocracia del próximo semestre!

Si hay algo que odie más que los exámenes, eso es escribir programas de asignaturas. Digamos las de conversación: me voy a encontrar el primer día en el mismo grupo desde muchachos que ya hablan el idioma hasta principiantes absolutos (sic); como hay pianistas bisoños que están convencidos de que aprender el solfeo es una pérdida de tiempo, también te encuentras con japonesitos que opinan que paqué la gramática, si ni se ve, ni se huele, ni se come. Así que, tendré que reescribir el temario a fin de conseguir lo imposible: acomodar a tanta variedad estudiántica, y lo que hice ayer no valdrá a la larga para nada. Pero hecho está y un peso que me he quitado de encima.

Por la mañana tuve que ir hasta la biblioteca de Atsugi. Hacía un calor tan horroroso que no pude superar la tentación de repetir lo que ya hice el verano último. Arriba tenéis el resultado: ¡se está tan fresquito!



viernes, 23 de julio de 2010

Aparta de mí este cáliz


Dice Jordi Sevilla en su página de Twitter:

Cuándo nos daremos cuenta n España (incluida Catalunya) q los retos mundiales a q nos enfrentamos son d mayor envergadura q nuestro ombligo?

No, si ya; pero es que las religiones -nacionalismos, anti-nacionalismos y tal- se han inventado precisamente para eso: olvidar aquello de lo que no queremos darnos cuenta.


domingo, 18 de julio de 2010

Hace tanta calor que no me puedo mover

Hoy como es domingo mi hijo de mañanita tenía clase de Kung-fu y le he acompañado hasta la tienda de butsudan. Después me he ido a la cafetería donde siempre le espero. Normalmente escucho la radio o leo algo, pero la semana pasada me pilló un abuelito granjero que me dio un curso de táctica futbolística explicándome cómo debían jugar los españoles para ganar la final de la Copa del Mundo que era esa misma noche.

Cuando he entrado en el local confieso que he mirado para todas las partes por si veía sentado al señor de hace siete días. Cuando no lo he visto he respirado con alivio, he pedido un café y me he puesto a escuchar los noticiarios de Radio Bremen que tengo guardados en el iPod. Ha pasado la hora y diez minutos en un pis-pas y cuando he ido a recoger a mi peque la profe les enseñaba rudimentos de pronunciación china. Qué maravilla esa mujer: tan inteligente, dispuesta, joven y hermosa, pero sola y sin compromiso. Cuando digo que los hombres de este país no se enteran no lo hago a humo de pajas.

Nos hemos vuelto a casa a la hora de la canícula. Hemos comido y ahora estoy recostado. No miro el termómetro porque me puede dar algo. Esto es como si estuviéramos en el trópico más feroz pero sin estarlo. Me voy a echar la siesta. Mañana será otro día que hoy, con no derretirnos ya tenemos suficiente.


sábado, 17 de julio de 2010

De putas, otro día

El verano pasado, como había un milloncillo que sobraba del presupuesto de la Biblioteca Central, sin ninguna esperanza pedí que me compraran la colección entera de los Clásicos de Cátedra. Para mi estupefacción me hicieron caso -la primera vez en tres lustros-, así que hoy, los elegantes volúmenes charolados ya catalogaditos, me he bajado hasta el tercer sótano y he tomado tres de ellos para irlos leyendo poco a poco.

En el sótano se estaba tan fresquito que me he demorado una buena hora. Mientras lo hacía iba pensando escribir en este blog acerca del proyecto del Gobierno de prohibir los anuncios de la prostitución y tal.

Con el espíritu refrigerado por las profundidades abisales de la biblio e inflamado por mis santas meditaciones acerca de esa esclavitud moderna que es el putiferio, a la hora de más calor me he subido a mi bicicleta y he bajado la cuesta hasta mi casa. En la carretera había un grupo de currelas. He tenido tentación de pararme a contemplarlos: su rostro encabronado enfrentándose al trabajo más terrible que en este día infernal puedo imaginar era digno de ser inmortalizado en una obra del ingenio humano, un poema, un cuadro de millones, alguna película de óscar. ¿Esclavitud? De las putas hablaré otro día...


viernes, 16 de julio de 2010

Vanidad de vanidades


En la puerta de las unis japonesas suele estar apostado un cancerbero que controla quién entra o quién sale del campus. En la nuestra, como cada día pasan toneladas de personas, se limita a saludar marcialmente a cada profe que viene hasta su curro.

Estos pistolos -no llevan armas, pero su apariencia es del todo militar- no pueden conocer al ejército de docentes uno a uno, así que para distinguir quién lo es y quién no se basan en la política tradicional del ojo del cubero. Con mi bicicleta, mi mochila y mi aliño indumentario pocos me creen digno de pleitesía, así que cada mañana hago apuestas conmigo mismo sobre si ese día el guardián de turno se llevará la mano a la gorra -casi nunca-, hará una ligera reverencia, saludará sólo verbalmente o ignorará del todo mi ohayo gozaimasu.

Con treinta y pocos años y vistiendo de riguroso traje corbatero he de confesar que me mosqueaba el no recibir el vasallaje y hasta hubo vez que fui yo, con gesto irónico, quien saludé al pistolo llevando la mano hasta la sien. Los pobres, dada mi bisoñez, dudaban de mi estatus. Hoy, cuando pasan de mí, pienso que posiblemente aún les suceda lo mismo y me pongo muy contento: de ilusión también se vive...


jueves, 15 de julio de 2010

Palabras dignas de la piedra negra

Como no llegaba el presupuesto para Roma mis compañeros de estudio decidieron que al menos deberíamos ir a visitar la noble Emporion, así que una tarde de primavera de hace ahora veinticinco años me subí con ellos a un autobús y puse rumbo por primera vez a Cataluña.

Entre nosotros había un chaval gallego, nacionalista del Bloque, que durante todo el viaje nos fue dando la tostada: "Cuando se dirijan a vosotros en catalán no seáis tan provincianos de enfadaros: aclarar vuestra triste procedencia, pedid perdón por no poder hablarlo y haced propósito de enmienda."

Llegamos a Barcelona de mañana y él se perdió entre las calles buscando una librería donde comprar gramáticas y diccionarios con los que, en la semana que íbamos a estar allí, darse un homenaje con un curso intensivísimo y abreviado del idioma.

Volvió al final del día ostensiblemente mosqueado. Contaba sus cuartos con pesar. "¿Pero qué te pasa? ¿No has encontrado el diccionario?" "Sí. Lo he encontrado. ¿Sabéis qué os digo? Que me hablen en catalán todo cuanto quieran... pero al tratar de dinero o darme el cambio, ¡que lo hagan siempre en español!"


miércoles, 14 de julio de 2010

El arte de las putas

Leo que el negocio de la prostitución está floreciendo de nuevo en España, que de ese revival tienen responsabilidad sobre todo las nuevas generaciones y no puedo por menos de sentir tristeza por ellos, no tanto por el hecho de verlos puteros como sus antepasados sino por el síntoma de soledad y estupidez que ello supone.

En este país el putiferio es perfectamente lícito. Bueno, sobre el papel, no; pero la definición a la que lo somete el Código es todo aquel mercado que implica la penetración vaginal: el resto de las suertes eróticas no implican legalmente comercio carnívoro y por tanto están exentas de pena o multa. Los prostíbulos se organizan en el internet en macropáginas como ésta y muestran con vídeos y mangas los lances variados con que las busconas agasajan al rijoso de turno.

¿Viviremos algún día en sociedades en las que, gracias a la habilidad para encarar nuestros instintos podamos disfrutar de ellos como gozo y no cual trapicheo? Soy pesimista acerca del futuro; pero ya sabéis: Está en nosotros, y no en nuestras estrellas.


martes, 13 de julio de 2010

La música callada


Decía el Arcipreste que él había nacido bajo el signo de Venus y que por eso nunca podría pasar de las mujeres. A mí, desde chico, cuando me enamoraba de las profesoras de inglés, de matemáticas, de latín, griego, de hogar o lo que fuera, me ha sucedido lo mismo: señora graciosa que veo, señora graciosa tras la que me van los ojos.

Como he dicho varias veces en este blog, las jovencitas de que por cosa de mi oficio me veo obligado a rodearme no me atraen ni un pimiento. Una hermosa mujer la veo como un buen vino: sin años, sin experiencia, no vale un duro. Leí una vez que cierto perfumista a veces, por la calle, perseguía a una fémina a causa del aroma que vestía. Para mí más bien la voz es el síntoma y la gala de una personalidad seductora: no puedo soportar a una mujer de timbre agudísimo y gritoso que te llena de electricidad la vida.

Cuando por las tardes salgo a pasear generalmente me acompaña una voz dulce y reposada como la de esta gran dama que me susurra al oído. ¿Podríamos soportar la vida sin música de una historia bien hilada?


lunes, 12 de julio de 2010

Jodíos aguafiestas...


@tonyodb RT: @MiMesaCojea Estupendo, ahora a conseguir que alguna de nuestras universidades esté en el Top 100.


23.000.000.000 €

Pues claro que no me voy a ir de casa, hombre: con lo que yo os quiero. Por cierto, dile a mamá que la camisa me la ha planchado muy pero que muy mal, y que sea la última vez que me sé bien cuáles son mis derechos...

¿Reglas? No seas antiguo, que eso no se lleva. Reglas serán las que yo ponga y ni una más: vosotros no sois quién para mandar en mi persona, que ya soy un adulto. Mira, no me hables del vecino: yo soy más guapo, más alto, más listo, he hecho tres carreras. En fin, que aunque solo fuera porque soy bilingüe ya tengo más derechos.

¿Mi sueldo? Pues con lo que me cuesta ganarlo... es mío, hombre. ¿Que me disteis una gran educación aunque erais analfabetos? Ya, claro: pero el esfuerzo lo puse y lo pongo yo, oye: justo es que me quede con la pasta. ¿Pagarle los estudios a mi hermana? De qué vais: que se busque la vida, que yo tengo muchos gastos. Hasta ahí podíamos llegar... Menudo morro.


domingo, 11 de julio de 2010

La dignidad de la razón

¿Por qué existen en España ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda? ¿Por qué no gozan de derecho al bilingüismo asturianos, aragoneses e incluso extremeños o murcianos? ¿A causa del hecho diferencial? Los catalanes son diferentes de los madrileños en la misma medida y de forma simétrica que éstos de los catalanes. ¿Por denominarse comunidades históricas? Asturias, Murcia, Cantabria, Aragón, La Rioja, León o Castilla -vayan a Atapuerca y verán- no tienen un minuto menos de historia que esas gallardas tierras de catalanes, vascos o gallegos.

Norma básica de las democracias es la igualdad de derechos de todos los ciudadanos de cada uno de los territorios de un estado. Ante tanto chantaje y ninguneo reciba el Tribunal Constitucional mi agradecimiento y mi admiración por su valentía al no dejarnos olvidar un precepto que ha distinguido siempre a las naciones libres de aquellas otras de opereta.


Amb noticies del Gurb


Que no, Gurb, que no. La coca gigante sí, y la paella del Guinness, y la butifarra de doscientos metros también: se comen; pero esta senyera de la manifestación, no. ¡Deja ahora mismo de darle bocados! Como el burro català o Els Segadors, es un símbolo nacional de Catalunya. ¿Que cómo son símbolos nacionales si Catalunya no es una nación? Gurb, llevas ya veinte años dando vueltas perdido por Barcelona y no sólo hablas el catalán peor que Cruyff sino que todavía me vienes con ésas. Luego dirán algunos que lo de la inmersión no es necesario: imprescindible. Para los extraterrestres por lo menos...


sábado, 10 de julio de 2010

Oratio Latina Harvardiana 2010

Este año también publico el discurso de graduación en latín de la Universidad de Harvard. Disfrutar cada doce meses de algo así me alegra, como poco, el día.

viernes, 9 de julio de 2010

Som un Imperi!


Lema para mi manifestación individual de mañana: "Primer de tot sou persones: és molt demanar que només per un minut deixeu de ser xusma i utilitzeu el vostre cervell? "

Por supuesto iré sin Hinomaru, Rojigualda, Republicana ni Senyera: mi mujer dice que tengo muy mal sentido para combinar colores.


jueves, 8 de julio de 2010

Aprovechando la coyuntura


1. No existe ningún país en el mundo que se llame Holanda. Esta denominación corresponde a la región occidental de los Países Bajos.

2. Holandés será por tanto el nativo de esa región o, en su defecto, el dialecto que se habla en ella. La lengua de los Países Bajos se llama neerlandés. No obstante la RAE -supongo que por aburrimiento- reconoce holandés como apelativo también posible de las personas oriundas de esa nación europea. Viene a ser tan coherente como admitir gallego en lugar de español para la gente nacida en nuestra tierra.


miércoles, 7 de julio de 2010

martes, 6 de julio de 2010

You get what you pay

Los americanos, cuando algo es gratis (nada es gratis de verdad) suelen decir: "Vale exactamente lo que cuesta." Ante noticias como la que nos publica hoy El País, La edición digital de 'The Times' ya es de pago, me he puesto a pensar en esa frase.

¿Vale realmente la prensa digital lo que cuesta? Pienso que, gracias a la inflación informativa de nuestra época, sí, o sea: no vale un duro. Repite un amigo mío que hoy las noticias realmente importantes te llegan gratis, quieras o no, y que el resto no son más que cantos de sirena.

Es patética esa machaconería del periódico madrileño queriéndonos preparar para un futuro de pago -que nunca llegará- con el que ellos solucionarían sus tristezas. ¿No hay información en internet que merezca la pena? Mucha. Pero ésa, por fortuna, también es gratis. Bueno, no tanto: nos pide nuestra energía, nuestro tiempo y sudor. Pero, ya se sabe: No te fíes de lo que no cuesta esfuerzo. Ésa es la única regla básica en la vida.


lunes, 5 de julio de 2010

De oficio, ciudadano ejemplar


El coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara, nunca fatigado -ni fatigoso- en su acción cívica, ha pedido al equipo nacional de fútbol que entregue su prima manque pierda a una obra social de su elección.

Cayo no lo ha añadido -porque se sobrentiende- que a partir de ahora él, como forofo de La Roja, también superará su mera condición de político y se convertirá en ciudadano ejemplar, que renunciará a utilizar los servicios de los sponsors de la Sele y que cuando, movido por el impulso subcosciente que sin duda le producirá la publicidad de esas marcas, de tomarse una Cruzcampo, comprarse un Chevrolet, usar más luz de la Iberdrola, se reprimirá y, como individuo prudente y concienciado, meterá en una huchita los dineros que acciones tan poco solidarias le costaran.

¿Cuál será la obra caritativa a la que irán los euritos del gran Cayo? Lo habréis adivinado. Una de las más menesterosas: Izquierda Unida.



domingo, 4 de julio de 2010

Masugu

"Ya terminé el negocio. Es hora de celebrarlo." El prohombre se acercó al recepcionista y en su inglés de colegio de pago preguntó por un buen restaurante de comida hispana. Dos minutos después ya estaba en la puerta del hotel con una tarjeta en la mano mirando a derecha e izquierda. "Estos chinos es que no hay quien los entienda. Oiga, buen hombre -al portero- esto, ¿dónde está?" El señor de los galones mira la tarjeta y señala una dirección: "Kore wa, ne, masugu, masugu... Wakarimasuka? Masugu, masugu..." Sí, hombre sí, que ya te entiendo, que el restaurante se llama "Masugu". Mira, vamos a subir al taxi y que él nos lleve."

En el taxi. El gran hombre henchido de autoconfianza recita: "Restoran Masugu, ¿entiendes? ¡Masugu!" El taxista, guantes impolutos, gorra generalesca, camisa de gala, responde con su mejor sonrisa: "Waaakarimashita: masugu."

Diez minutos pasan. El conductor se vuelve: "Masugu?" "Que sí, hombre, que al restaurante Masugu, que ya te lo he dicho."

Un cuarto de hora, media hora, una hora después la escena se repite. La tensión aumenta. Aquí hay algo raro. El taxi se para. Fin de la carretera: enfrente, el mar. "¡Pero qué te he dicho yo, que me lleves al restaurante Masugu!" El genio de los bisnes saca la tarjeta y se la pasa a su sherpa japónico. Éste la mira, intrigado, y de repente se hace la luz. "Ah! Kono mise wa, Tokyo, Tokyo desu. Wakarimasuka? Tokyo, Tokyo desu.

Y volvieron a Tokio, exactamente a cien metros del hotel. La cuenta del taxi, unos cuarenta mil yenes. El hombre de negocios aprendió por ese dinero una lección importante de verdad: se puede ir muy lejos incluso sin saber japonés. Bueno, fueron dos lecciones. La segunda: masugu en japonés significa "todo recto."




sábado, 3 de julio de 2010

Pulp Fiction



¡Qué bonito es el internet! Y cuánto se aprende. Haciendo un poco el tonto por aquí y allí me he encontrado con un cuento muy bonito de un señor inglés ya desconocido.

A veces es bueno leer algo de ficción; para relajar la mente...


viernes, 2 de julio de 2010

Españolismo a palos

Un juez de Getafe pregunta por Nadal y Gasol para dar la nacionalidad. Oye macho, qué buena idea; tan buena que me hice japonés y al día siguiente pedí, como extranjero, volver a ser español sólo para poder presentarme al examen y así convalidar mi condición de auténtico patriota fetén.
- Me haga una paella.
- Señor juez, es que verá, es que yo... ¿no me lo podría convalidar por un kalimocho bien cargado?
- Por esta vez, pase. Venga, cante el Himno de Riego.
- Es que a mi familia le tocó la Guerra en los nacionales. Perdón, los sublevados, que se dice ahora. ¿No vale el Cara al Sol.
- Veo que usted está poco con los tiempos. No sé, no sé... ¿Qué me dice de la Roja?
- ¿Una señora que tiraba bombas a quien compuso un poema Miguel Hernández?
- Mal vamos por ahí: poco hispanizado le veo. Una última oportunidad. ¿Qué me dice de Nadal?
- Ésa es fácil: un premio de literatura que...
- ¡So burro! ¡Suspenso! ¡Fuera de mi vista! ¿Cómo quiere ser español así? ¡Menuda vergüenza!



jueves, 1 de julio de 2010

Necesitando los huevos


Estaba a punto de dormirme cuando vibró el cristal de la ventana. Pensé "un terremoto"; pero no, era un lagarto: la luz atrae a los insectos, él los espera ahí y se da el gran banquete. Esa noche me dormí muy tarde: no podía quitar los ojos de sus movimientos, precisos, sigilosos, elegantes.

Al día siguiente se lo conté a mi legítima: "Los lagartos sólo salen por el día. Es una salamanquesa." Pues una salamanquesa. Todas las noches, puntual a nuestra cita, viene a mi cristal. Mientras esto escribo observo su abdomen contra el vidrio, sus patas de ventosa, su actitud vigilante. De vez en cuando se desliza sutilmente y atrapa uno de los habitantes de la noche.

En el fondo la mayor parte de nosotros somos como ella: para sobrevivir dependemos de la luz que ha encendido otro. Quizá nuestro hermano nos dé igual, pero necesitamos los huevos...


miércoles, 30 de junio de 2010

Los choris no descansan

Me afeitaba cuando escuché por uno de los altavoces del ayuntamiento que en el vecindario se habían producido algunos casos del timo del ore-ore. El caradura llama por teléfono a una persona de edad provecta, suelta esas palabras ("soy yo, soy yo"), le cuenta que tiene un problema serio y le pide que le mande una buena cantidad.

Me lo hago con mi madre: decía un e-mail. Pensando que tenía un chalado en clase, le di al enlace. Me apareció una página porno de las guarras. Ya sabéis que no soy en absoluto puritano, pero era tan cutre que -al día siguiente me enteré- tardé exactamente ocho segundos en abandonarla.

"Muchas gracias por acceder a nuestra web. Nos debe cien mil yenes. Si no paga informaremos a su empresa." Para curarme en salud y al mismo tiempo avisar del timo consulté con la sección de informática en mi curro. Me dijeron que pasara de todo, que los estudiantes estaban más avisados que yo y raro es el que pica en bobadas como ésta. Vaya plancha. Yo pensaba que había descubierto la pólvora.

Pues eso: señora, que los choris -sobre todo en Japón- no descansan...


martes, 29 de junio de 2010

El desturista accidental


Cuando Richard Feynman estuvo por aquí sus colegas del departamento de Física de la Universidad de Tokio le agasajaron como correspondía: visitas a museos, templos, representaciones de Kabuki... Agotado el turisteo tokietero, los anfitriones amenazaron con un encore por la zona de Kansai. Feynman, en legítima defensa, tomó un mapa de Japón y señaló al azar un punto perdido en la península de Miura: "Aquí queremos ir." "Pero si ahí no hay nada." "Pues por eso."

Investigando se descubrió que el único alojamiento disponible era un ryokan, un modesto albergue japonés. Algún colega del físico americano intentó persuadir al dueño del negocio para que acogiera a Feynman y a su esposa una semana. Al conocer la alta alcurnia del extranjero, argumentando la humildad de su aposento, aquél se negó en redondo: "Dile que el mes pasado, en África, paramos en un chamizo donde teníamos que utilizar una palita cada vez que hacíamos nuestras 'cosas.'" Con tan convincentes argumentos el hospedero aceptó.

En ese lugar de Japón no hay "nada". Allí pasaron Feynman y su esposa una de las semanas más felices de su vida. No es extraño que se le considere una de las mentes más lúcidas del pasado siglo.


lunes, 28 de junio de 2010

Quererme por mis errores

Si Fleming hubiera sido un investigador cuidadoso, ordenado y pulcro hoy nadie sabría de él. Si Conan Doyle hubiera gozado de éxito en su praxis, si los pacientes hubieran abarrotado la consulta, Sherlock Holmes -¡horror!- jamás habría nacido. Si Bach hubiera sido un pundonoroso docente, si hubiera dedicado su gran genio a la enseñanza - queríamos un maestro, no un músico, reprochaba el severo consistorio de Leipzig- su música habría muerto nonata.

Cuando cometemos un error, cuando sufrimos un fracaso, cuando somos negligentes, deberíamos recordarlos: "Nada es nada hasta que nada acaba."


domingo, 27 de junio de 2010

Laberinto de Fortuna

Cuando Juan Pablo II, infalible si alguien hubo, visitó Chile consolaba a los nativos con la frase: "Vuestra dictadura terminará. La de mi patria es para siempre." No hay recuerdo de las palabras con las que saludó, pocos años después, la hecatombe en la que la perdurable tiranía de Polonia se desmoronó mientras la pasajera pinochetiana aún se mantenía con vigor.

Hace cien años, ¿qué nación era la más menesterosa del viejo continente? ¿Portugal, Grecia, acaso Albania? Lo habréis acertado: Noruega. Flandes no le andaba lejos, mientras que la francófona Valonia florecía en la abundancia.

¿Qué pensaba Newton cuando redactó sus obras en Latín? Que esta lengua y no la suya, vulgar, sería, por los restos la única digna de uso con el fin de transmitir la ciencia.

¿Hay algo para siempre? ¿Existen fortunas, naciones o lenguas benditas de los dioses? Los cielos, caprichosos, juegan en su rueda de fortuna. No sólo al tonto se le olvida...


sábado, 26 de junio de 2010

Vivir


"I don't want to live someone else's idea of how to live"

"No quiero vivir una vida que no sea la mía"



viernes, 25 de junio de 2010

Llamitas frente a la tormenta

El héroe futbolero de Corea del Norte, ese muchacho que llora cuando escucha el himno nacional, es un joven japonés, nacido y educado aquí, que un día eligió defender los colores de la más oscura tiranía que existe hoy en el mundo.

Cuesta mantener la fe en el ser humano cuando uno observa cómo miles de ellos se decantan más o menos libremente por eso tan castizo de me quiebro las dos piernas por verte patizambo a ti. Los coreanos de tercera generación que viven en este archipiélago tienen varias opciones: tomar la nacionalidad japonesa -algo no difícil, según creo-, mantener la coreana del sur o la de la dictadura del norte. Aunque esta última pudiera pensarse una insensatez para gente nacida y criada en un país democrático, un porcentaje no pequeño la escoge. ¿Motivo? Porque Corea del Norte es el único del mundo que mantiene una beligerancia implacable con el antiguo invasor de su territorio, la pérfida Niponia.

Triste esa circustancia de sentir odio por la tierra que te vio nacer y que ese odio te haga abrazar una extraña esquizofrenia que desgaja el corazón de la cabeza: estos norcoreanos japoneses no son ni mucho menos unos tontos, reconocen la horrenda realidad de su gloriosa república de trabajadores pero el sentimiento arrastra a la razón. Esclavos de nuestras pulsiones más cutres ¿no nos pasa a todos un poco de lo mismo? Pobres velas de razón perdidas en noche de galerna: no es extraño que su luz se nos apague a cada paso...


jueves, 24 de junio de 2010

Beso sin bigote, sopa sin sal

"¿Qué haces?" "Nada, lo de siempre: tomándome un cubata y viendo porno en internet. Tengo clase y si no me preparo..." Mi colega Marc, el cátedro de francés, viene a enseñarme un artículo del Japan Times. Él, el de alemán y yo solíamos formar en el departamento la cofradía de barbudos. Con el periódico en la mano, fuimos a hacer fotocopias a la sala de profes. Dos minutos después ya teníamos formado el corrillo alrededor.

"Esto es que nos tienen envidia." Apuntaba en broma un colega de perilla elegante. "No, es cuestión de castigar lo diferente." Por ahí van los tiros: "Al clavo que sobresale, se le machaca," dice el famoso mantra nacional. Hasta hace poco la barba por Asia era un signo de conocimiento, de saber de viejo. Cuando un mequetrefe se la dejaba crecer, los de alrededor murmuraban: "Quién se creerá que es éste."

Me volví a mi despacho a seguir con mis vicios. Dejaba ya a media facultad discutiendo sobre la identificación del despropósito con uno de los siete signos de la Apocalipsis. No creo que haya para tanto. Este país, por la fuerza de las cosas (inmigración, turisteo, juventud más libre) está cambiando y nadie pondrá puertas al campo. Pero tampoco hay modo de evitar que, de vez en cuando, algún tonto en un despacho nos dé su pataleta.


miércoles, 23 de junio de 2010

La barbarie de los justos

En Estados Unidos han fusilado a un infeliz. Esta ejecución ha producido extrañamente más rechazo que aquellas del "humanitario" método de la inyección letal que es, no obstante, el más cruel que la humanidad haya ideado. Uno puede imaginarse la angustia que sentirá el reo los veinte minutos aproximados que dura el sufrimiento. Se le inyecta una dosis de paralizante con el exclusivo fin de evitar a los testigos un espectáculo de espasmos que hasta al más antiabolicionista produciría serias dudas. El protocolo del asesinato de estado se desarrolla para evitar rechazo por la más repugnante de las penas, convirtiéndolo, paradógicamente, en una tortura digna de refinado sado-nazista.

El país en el que vivo presenta la situación más triste del mundo democrático. Un condenado hasta durante varias décadas no es más que un muerto en vida a quien no se le permite apenas la conversación, se le limita el ejercicio, la higiene, se confina en un mínimo cubículo y, para colmo de crueldad, sólo se le informa de la ejecución unas horas antes de llevarse a cabo. Ésta se deja al capricho del Ministro de Justicia: cierto budista convencido promovió una moratoria, mientras que otro llevó a cabo varias tras la publicación de un artículo donde se señalaba como un síntoma en el camino a su extinción el que en todo un año natural no hubiera habido ejecuciones. Se ha terminado con la vida de individuos de estado mental retardado o hasta con problemas muy serios de salud síquica.

Japón es un país extraordinario en bastantes aspectos: con suelo cultivable escaso, carente de recursos minerales y plagado de desastres, ha sabido crear una sociedad en la que la mayoría de sus ciudadanos viven en un estado de igualdad relativa. Es digno de emulación el amor de su ciudadanía por el conocimiento, la música y las artes. Un país tan admirable no puede permitirse el anacronismo de mantener -con el apoyo de una mayoría de la población- un rito salvaje y atroz que le acerca más a la caverna que al mundo de la razón al que, por méritos sobrados, digno es de pertenencia.


martes, 22 de junio de 2010

El halcón admirable


A veinte minutos de donde ahora escribo, en una cajita humilde de aluminio, está guardada la materia más preciosa que jamás ha poseído el hombre: ninguna sustancia atesora mayor interés para la ciencia que el polvo de asteroide que la sonda Hayabusa nos ha traído hasta la tierra.

Es el viaje más largo con retorno que un objeto artificial hiciera nunca. Los Voyager y Pioneer están ya a horas luz de nuestra casa, pero nunca regresarán a ella.

Este periplo de ida y vuelta de Hayabusa es, para mí, una de las obras más maravillosas que la humanidad. ¡Y yo he contribuido a ella con mis yenes! Cuando vea la declaración de la renta pensaré un instante en esto: quizá me escueza un poco menos...


lunes, 21 de junio de 2010

Pajarito inquisidero

Estaba buscando la gente que por Twitter se comunica en latín, encontré a uno, piqué su botón y el ordenador me responde: Esta persona te ha bloqueado. Leches -pienso- qué importante soy. Al sentimiento de orgullo por una tan inusitada circustancia siguió otro de pequeña rabia y durante diez segundos bloqueé también a la persona en cuestión. Rehíce la bobada, me reí de mi propia instintiva estupidez y sentí inmediatamente curiosidad por comprender la causa del bloqueo.

El titular de la cuenta twittereña era persona muy comprometida con la iglesia católica, un sacerdote o una monja, vamos. Vivía en Centroeuropa, pedía insistente la firma contra la píldora anticonceptiva y el fin de la discriminación hacia el cristianismo. Seguí leyendo sus entradas y en una de finales del mes pasado se entiende: Si alguien envía tonterías blasfemas no le seguiré. La red está llena de gente mala, lo sé, pero no quiero leer tales cosas.

¡Ah, hombre! A éste ya lo tenía antes entre mis followers, chacho. Me ha leído algo y se ha mosqueado. La curiosidad mató al gato, pero no podía quedarme en ello. Reviso mis twitts del día de autos y me encuentro con que ¿será blasfemo esto? ¿O quizá esto? Pos claro, las dos cosas.

Luego dirán que no vamos mejorando. Hoy sólo nos bloquean. Hace algunos años nos habrían carbonizado.


domingo, 20 de junio de 2010

Placebus vobiscum

Leo que se está promoviendo campaña contra las farmacias que venden unas pulseras que prometen salud, medicinas homeopáticas y demás remedios que en el fondo no son más que placebos.

Me parece una campaña admirable y pido a los promotores que continúen con ella, que vayan adelante contra todos los placebos que nos rodean en el mundo: la religión es placebo; el fútbol en el que ahora vivimos empantanados, placebo también; la enseñanza, tras la razzia socialista de finales de los ochenta, placebo de placebos; la política -a la vista están los resultados- supremo placebo; la medicina misma, gracias a la triste situación de muchas universidades -docentes mileuristas de contrato precario, bibliotecas infradotadas, laboratorios con menguados fondos-, ¿no tendrá mucho de placebo? ¿No será al fin el sistema de farmacia todo, los visitadores, multinacionales y oficinas, un grandísimo placebo?

Ánimo, que trabajo no es que falte.


sábado, 19 de junio de 2010

Numancia for ever

Queridos compañeros Toxo y Méndez:

Recientemente me he enterado de vuestra convocatoria de huelga general. Decís que este paro no es un arma contra el Presidente y así debe ser.

Los pérfidos especuladores extranjeros han sido tan ladinos que durante los últimos años nos han venido prestando dineros con la aviesa intención de que ¡se los devolvamos!¡Si deberían de estar agradecidos de que hiciéramos tan buen uso de lo que a ellos les sobra! Nosotros, con esos dolarillos, yenecitos, euracos, mantenemos una cultura mediterránea que ha de ser preservada como reserva de la biosfera. ¡Qué sería del futuro sin las paellitas junto a la playa, sin las tardes interminables en baretos, sin las noches de farra hasta el amanecer! ¡Cómo vamos a tener tiempo, encima, de trabajar para devolver los préstamos! ¿Están mal de la azotea?

Nos dicen que los negocietes tan prósperos que teníamos (las muñecas de Famosa, los somieres de Alcoy, el glorioso Chupa-chups), hemos de cerrarlos o llevarlos a la China, donde los currelas hacen las cosillas por cuatro perronas. Farfullan los "expertos" que tenemos que estudiar para poder competir
con estos horrendos ojirrasgados, pero ahora en excelencia. ¡Estudiar! ¿Qué se ha tomado esta gente? Como si fuera posible clausurar los amados bares y garitos -templos nacionales de suprema sabiduría- levantarnos con el alba y enterrar nuestras narices en tochazos horroríficos. ¡Antes muertos!

En fin, la culpa -nunca- es de ZP, sino de estos extranjeros insensatos: ellos deben ser objetivo de la contienda. Me apunto, y pido desde aquí que todo español penante en esas tierras de perficia se sumen a una huelga contra los irresponsables que manejan el parné del mundo alante.

¡A la lucha, compañeros! Está en juego nuestra hispánica cultura. ¡Viva Numancia!


El Jacobo





viernes, 18 de junio de 2010

Yo pecador me confieso a vos...

Lo confieso, hermanos: he pecado. Podéis dejar de leerme, podéis blandir el flagelo, podéis denunciarme al Tribunal de Haya. Ayer, en el restaurante, al leer el menú del día, mi tierno corazoncito sufrió un rebrinco. No había duda: el ideograma de pez + el de capital = ballena. Qué gente ésta. Yo no puedo, ¿o sí? Pues sí: pude. Pedí la ambrosía -ochocientos yenes- y esperé con el corazón en un puño mirando a la puerta del garito, no fuera a aparecer algún compañero australiano y tuviéramos un terrible altercado diplomático.

Oiga, que se ha equivocado, que esto es carne de vaca y además de la más cutre... Que no, que era ballena. Pues nada, lo que sea: si dicen esos jodíos extranjeros que no podemos comerla, que se amuelen y se aguanten. ¿Que tenemos que hacernos enemigos de medio mundo para poder seguir dándonos gustito? Pues se hace, porque somos los más chulos y los más echaos palante.

Además, si bien mirado los ecologistas, los que se juegan la vida por las aguas heladas, también salen con lo suyo. ¡Qué envidia! ¡Qué poético y bonito! Lo que se deben de ligar contando a las chicas estas épicas batallas, el desprecio con el que mirarán al pobre tonto que protesta contra la cría inhumana de pollos, vacas o marranos. ¡Deja sitio en la barra, pringao!

Salí feliz del restaurante. En los quince años que llevo comiendo en él sólo un día he encontrado la maravilla; por el resto de figones, ni eso; en el súper, jamás de los jamases. Las debemos de estar esquilmando. Pobrecitas.


jueves, 17 de junio de 2010

Que cien años no es nada...

Publico aquí por primera vez en español un artículo que apareció hace ya casi una década en japonés dentro de Salmantino, la revista de la asociación Universidad de Salamanca en Japón, de la que, como todos sabéis, soy sheriff (o jefe indio, todavía no está decidido). Pido disculpas por su tamaño: a pesar de lo anticuado que ya queda no he querido mutilarlo...

En el artículo del número anterior hablábamos de la Salamanca de Carmen Martín Gaite, una autora que nació en nuestra ciudad, pero que en su primera juventud la abandonó para continuar su carrera en otras tierras. En el de hoy trataremos de un novelista que, nacido lejos, eligió Salamanca para trabajar y vivir los últimos veinticinco años de su vida: Gonzalo Torrente Ballester

Gonzalo Torrente Ballester, tras una larga vida de profesor, periodista, crítico dramático, autor de teatro y, sobre todo, novelista, llegó a la ciudad del Tormes a principios de los años setenta. Torrente en aquellos días regresaba de una larga permanencia en Estados Unidos, país en el que había enseñado lengua y literatura española en la Universidad de Albany, en el estado de Nueva York. Al llegar a Salamanca ya tenía detrás una obra novelística de peso: la trilogía Los gozos y las sombras, Don Juan y sobre todo La saga-fuga de JB. Sin embargo, aunque reconocido por la crítica y por una élite selecta y entendida, no era un autor de fama para el gran público. Fue viviendo en Salamanca cuando la obra de Gonzalo Torrente Ballester adquirió renombre universal: desde los dos domicilios que tuvo en nuestra ciudad salió para recoger los premios más importantes de la literatura en lengua española: el Planeta, el Príncipe de Asturias de las letras y el Cervantes. En la Universidad de Salamanca recibió su doctorado "honoris causa", un doctorado que no había obtenido de forma regular, porque se negó a presentar su tesis (El Quijote como juego) ante un tribunal de especialistas que "sabían de la obra de Cervantes mucho menos que él". También en su casa de la Gran Vía salmantina un triste día del invierno de 1999 le sorprendió la muerte, nominado perpetuo al premio Nobel de literatura.

Vamos a comenzar nuestro pequeño viaje siguiendo los pasos de D. Gonzalo en un lugar emblemático de Salamanca: la Plaza Mayor. En uno de los animados cafés, el más conocido, sin duda, el Novelty, encontramos una estatua que representa al escritor sentado. Les recomendamos que se levanten temprano una mañana de invierno y que contemplen la luz azul y difusa del sol entre la niebla y cómo aquél la va disipando, poco a poco, hasta que podemos ver el cielo, azul y limpio. Encontrarán que los estudiantes se apresuran a sus clases cruzando la plaza en diagonal, desde el arco de la calle Toro hasta el de la del Corrillo. El café de Novelty tiene fama.

Cuando ya la niebla ha levantado y el sol calienta algo las calles de la ciudad saldremos a nuestro paseo: giramos a la izquierda y tomamos la calle Toro. Justo en mitad de ésta, delante del número 39 nos paramos. Miramos hacia arriba. En la última planta del edificio estuvo la primera casa del escritor. Don Gonzalo vino a nuestra ciudad con una familia a la que no se podía llamar pequeña: siete hijos, adolescentes y niños, y una esposa. La nueva vivienda de Salamanca tenía que ser, necesariamente, amplia. La sala más impresionante de la casa era la biblioteca: miles de libros en lenguas diversas, una reproducción del famoso dibujo de Don Quijote y Sancho de Picasso y, en una esquina, la mejor iluminada, una mesita de trabajo con un brasero eléctrico: D. Gonzalo siempre dijo que lo único que necesitaba para escribir era, además de papel y lápiz, tener los pies calientes.

Cuando Torrente llegó a Salamanca lo hizo para tomar posesión de una plaza de catedrático de literatura en el Instituto de Bachillerato Torres Villarroel, y tuve la suerte de que ése fuera el instituto en el que yo estudiaba. Allí también acudirían casi todos sus hijos, y me hice amigo de los dos de más o menos mi misma edad: Álvaro y Jaime. En aquellos años de mi adolescencia yo tenía una ligera idea de que Torrente escribía libros, pero sobre todo era, para mí, el padre de mis amigos. Como D. Gonzalo tuvo siempre una gran afición por la música y, sobre todo, por los aparatos electrónicos, en su biblioteca nunca faltaba el mejor equipo de alta fidelidad que había en el mercado. Por eso, cuando los padres abandonaban la ciudad, inevitablemente aquella biblioteca se convertía en sala de audiciones y centro de fiestas de las amistades de los hijos.

Continuamos nuestro camino hasta el final de la Calle Toro. Giren hacia la derecha y sigan hasta una plaza donde se encontrarán con una estatua del dios Mercurio. Continúen caminando por la Gran Vía. Miren la segunda puerta del lado de la calle que no tiene soportales. Si levantan la cabeza, en el último piso, verán una terraza y quizá algunas plantas: esa casa, a la que se mudaron a principios de los años ochenta, fue la última en la que vivió la familia Torrente en Salamanca y la que todavía sigue habitando su viuda.

A pesar de que la vivienda de la calle Toro no era oscura, ésta aparecía bastante más soleada y amplia. El centro de la vida en ella no era tanto la biblioteca sino la acogedora sala de estar y la terraza contigua en el verano. Don Gonzalo acabó perdiendo vista en los últimos años de su vida y le resultaba muy difícil leer: le fue posible continuar con la escritura hasta poco antes de morir gracias a la ayuda de la tecnología. Disfrutaba con la conversación en aquella sala, por las tardes, tomando el té delante de la chimenea en el invierno. Yo, personalmente tengo un gratísimo recuerdo de aquellas charlas, en las que nos mostraba sus grandes conocimientos de historia, de literatura y, sobre todo, de la vida del ser humano. Varios días antes de venir yo por primera vez a Japón, me recibió en aquel lugar: era una tarde fría de finales de marzo. El, que había pasado por la experiencia de enseñar su idioma en el extranjero, me dio sus buenos consejos y me animó a seguir adelante. Guardo entre mis libros, como un tesoro, el ejemplar de su querida novela de juventud La bella durmiente va a la escuela con la dedicatoria de aquel día en su primera página: "A Santi, en su largo viaje, con todo mi cariño".

Seguiremos nuestro paseo por la Gran Vía. Hace algo de frío por la mañana, por eso, mejor caminamos por el lado de la derecha, no por la sombra. Admiraremos, al llegar a la plaza de la Constitución, la Torre del Aire, el bello edificio renacentista cuyo nombre utilizó Torrente como cabecera para una serie de sus artículos en prensa. Casi al final de la calle, al llegar a la de san Justo, giramos a la derecha, subimos la cuesta y nos encontramos con el edificio del Gran Hotel, del que ya hablamos en el artículo anterior. Don Gonzalo, muchas tardes, después de comer, recorría este mismo camino que acabamos de hacer nosotros, entraba en la tranquila cafetería del hotel y, junto a una taza humeante, escribía, corregía o pensaba en las aventuras de sus personajes. El día que D. Gonzalo cumplió ochenta años, al felicitarle, le pregunté que cuál consideraba él que era la mejor edad de un hombre. Él, con un tono socarrón de buen gallego, me respondió: "Hijo, aquella en la que uno vive". Mi consejo, ahora, por tanto, es que, también ustedes entren, se sienten tranquilamente, pidan, quizá, antes de comer, un aperitivo de los que el hotel tiene justa fama y, en el ambiente sosegado de este salón, mediten las palabras del escritor del que la Salamanca de principios del siglo XXI se enorgullece de haber nombrado hijo adoptivo. Y sobre todo, disfruten de este momento, en el que ahora viven.


Sigue la ruta de este paseo en Google Maps.


miércoles, 16 de junio de 2010

Con cuarenta años de retraso

En la clase de Español inicial tengo tres estudiantes coreanas. Es cosa conocida la teórica animadversión que sienten entre sí coreanos y japoneses; mi experiencia me dice lo contrario. Imagino que será una monserga similar a la que circula entre lusos e hispanos, un estereotipo más para gentes que usan poco la cabeza. No obstante, hay en mi historia personal un episodio tocante a ese estereotipo.

Con siete años recién cumplidos una tarde de mayo llegué a mi casa. En la tierra lejana del Norte había muerto el abuelo. Mis padres nos cogieron a mi hermano y a mí y nos subieron en un tren nocturno repleto de emigrantes portugueses. Recuerdo muy vagamente la escena, pero sé que mi madre hizo que otra despertara a sus pequeños, tumbados y durmiendo, para que nosotros dos pudiéramos al menos ir sentados. También recuerdo el ambiente tenso del compartimento, los insultos repetidos entre la mamá lusitana y la mía y las miradas que nos cruzamos a lo largo del viaje los portuguesiños y yo mismo.

Cuando fui mayor y tuve la suerte de estudiar la historia de la lengua portuguesa y su literatura, a veces en mi mente aparecían, recortados en la luz pálida y rosada de un amanecer de primavera, los rostros soñolientos y hermosos de aquellos dos chiquillos.

Querido amigos:

Si alguna vez leyerais esto, os quiero pedir disculpas por molestar vuestro sueño; también quiero que sepáis que con el recuerdo que dejasteis en mi alma infantil, aprendí a amar a vuestro país, sus letras y su lengua. Estéis ahora donde estéis, sabed que llevaréis siempre con vosotros mi gratitud por todo aquello que en un día de infortunio me enseñasteis sin palabras.

Un abrazo muy fuerte.


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