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viernes, 2 de mayo de 2008

Dos de mayo



Hoy la prensa española elogia unánimemente la "gesta del dos de mayo" y relaciona, como causa y efecto, al levantamiento popular madrileño con la Constitución de Cádiz. ¿La masa que se alzó contra el francés, felón y repelente, lo hizo inflamada de verdad por las ideas liberales que inspiraron esa joya de la historia que es nuestra "Pepa"?

Ya viviendo en Japón, en unas vacaciones por mi barrio salmantino, oí una plática en el autobús entre dos venerables abuelillos: "En mi pueblo quisieron comprar los alemanes una casa. Hasta ahí podíamos llegar. Pues todos a una nos levantamos y lo dijimos claro: nada de extranjeros en Villorria de Almuñeca". Por más que ahora lo intento no puedo imaginar a esos dos vejetes sentados entre los padres de la patria que proclamaron aquello de que los españoles son "buenos y benéficos".

¿Cuál sería nuestra historia si, al cargar contra los húsares, manolos y manolas, en lugar de la navaja cabritera y la tijera de podar, hubieran empuñado en ese día la guitarra y el porrón? Doscientos años después, en uno como hoy precisamente, quiero dar gracias a los dioses responsables de lindes, marcas y azares por los vecinos que a mi tierra natal le tocó en suerte, por los cuatro grandes pueblos que desde que somos lo que somos nos acompañan, nos enseñan y nos inspiran: cuánto pelo de la dehesa tendríamos sin ellos.

Entre tanta insensatez, entre tanta exaltación del vicio más infame de las naciones -el nacionalismo en bruto- permitidme hacer de mosca cojonera y tararear en lugar de nuestra Marcha Real, aunque sea por lo bajini, los primeros compases de La Marsellesa; es que lo vi en una película. Quedaba muy bonito.






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