Mostrando entradas con la etiqueta haiku. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta haiku. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de julio de 2011

Haikus para "Kibo"


El 11 de marzo de este año, el noreste de Japón fue azotado por un terremoto y olas sísmicas de una magnitud sin precedentes, que a su vez provocaron un accidente nuclear. Desde junio de 2011, NHK WORLD Radio Japón solicita a su audiencia que le envíe mensajes de apoyo y aliento a Japón en la forma de poemas en estilo haiku, bajo el lema "Haikus para KIBO: El poder de las palabras".
Sobre la base del último poema publicado, los participantes escriben otro haiku relacionado que pueda leerse a continuación de los anteriores.




domingo, 23 de mayo de 2010

Haiku pitagórico

数学か
七なし五なし
俳句なし


Suugaku ka
Nana nashi go nashi
Haiku nashi.
¿Por qué las mates?
Sin un cinco ni un siete,
Ya no hay un haiku.

Why do I love maths?
With no seven with no five
Where are the haikus?



martes, 20 de enero de 2009

Haiku gitano


髪塗らず
雨に守った
神かかれ


Kami nurazu
Ame ni mamotta
Kami ka kare?

Tan seco el pelo,
¿qué hado te guardó
del aguacero?


Who kept your hair dry
From storms, winds and thunders?
God was! (or was man?)


Hace un rato, mientras buscaba un haiku apropiado para traducir (y no lo encontraba), me vinieron a la memoria unos versos que oí recitar a Antonio Gala y que recuerdo así:

Dime por dónde te entraste
la noche del aguacero,
que no te mojaste el pelo.

Con este material se me antojó escribir un haiku y ahí arriba lo tenéis. Al contrario de como los había escrito hasta ahora, he comenzado por la versión castellana, después ha salido el japonés y finalmente, sin mucho esfuerzo (ni demasiada gracia, creo) el inglés. Las diferencias estilísticas y de contenido son suficientes para que su comparanza merezca detener la atención unos instantes, digo yo. Vosotros ya me diréis.





miércoles, 14 de enero de 2009

Haiku de invierno


野も山も
雪にとられて
なにもなし


No mo yama mo
Yuki ni torarete
Nani mo nashi.
Montes y llanos
Arrebató la nieve:
Nos queda nada.



Both plains and mountains
Have been captured by the snow-
There is nothing left.




Un nuevo haiku de invierno, éste de Jōsō, uno de los diez alumnos de Bashō (es que estoy leyendo Oku no Hosomichi, Las sendas de Oku). El original y la traducción al inglés también los he tomado de One Hundred Famous Haiku, la antología seleccionada con tanto cariño por Daniel C. Buchanan.





sábado, 1 de marzo de 2008

暗くない Kurakunai


暗くない
君との夜に
星が咲く


Kurakunai
Kimi to no yoru ni
Hoshi ga saku.


Las blancas noches
en que juntos estamos
astros florecen


So bright is the night
When we are one together
That stars are blooming.



El otro día vi en el Yutube a Sabina. Decía que una aristócrata afiliada al sindicato mediatiquero la había abordado con: "Dime, ¿es cierto que resulta más difícil desengancharse del tabaco que de la coca?" Bueno, pues el haiku debe de ser del mismo pelamen que la nicotiana tabacum: a pesar de mis buenos propósitos de tres días atrás, cuando escribí que me iba a limitar a la traducción, ya he vuelto a reincidir y he perpetrado otro trilingüe. Para compensaros de algún modo limitaré el latazo exegético a una sola frase: Si non è vero... En fin... y un beso muy grande para todos.

viernes, 29 de febrero de 2008

梅が香 Ume ga ka




梅が香に
のっと日の出る
山路かな



Ume ga ka ni
Notto hi no deru
Yamaji kana.


Apunta el sol
por ciruelos fragantes.
¡Mira! Un sendero...


Prunos fragantes
so el apremio del alba,
¡y ese sendero!



On sweet plum blossoms
The sun rises suddenly.
Look, a mountain path !




¡Uf, qué tirao estoy! Me imagino que alguna gente que no ha traducido poesía -o que no ha escrito ninguna en su lengua propia- me vendrá con que este mío es trabajo que se hace en dos minutos, y que más aquí, con tres líneas mal contadas en las que no hay que someterse al galeotazo de la rima o a un ritmo prefijado. Pues será que soy muy bruto o que no tengo condición, pero lo cierto es que me paso la jornada dando vueltas a éstos los tres rengloncillos de mis dolores, pesando y repesando palabras, vocales, consonantes, tónicas, átonas y tal y no veo un fin de fiesta. Con este haiku, al cuarto de hora de labor, ya tenía la sensación de andar dándome de cabezadas contra un muro, pero de esos que hacían los egipcios y que duran todavía. Para empezar, el primer verso dice literalmente: "En el aroma de ciruelas". Bueno, no de ciruelas, claro, eso ya se sabe, sino de los ciruelos en flor: el poeta -otra vez el genial Basho- usa esa figura retórica que toma la parte por el todo o al revés; el continente por el contenido y olé. Me parece que se llama sinécdoque, pero no me hagáis mucho caso, porque estas cosas desde la EGB siempre las mezclo. Y eso que hay una historia que debería ser suficiente para hacerme recordar el nombre. Veréis: cuando yo era muy chico, en el colegio, un maestro le pidió a un compañero mío -debíamos de tener doce años- que le explicara la frase gongorina de Oh siempre glorïosa patria mía / tanto por plumas cuanto por espadas. Mi compa le dio una respuesta digna de un premio, pero grande: "Córdoba, famosa por sus toreros y por la calidad de sus gallinas". Ayer pensé que no sería mala obra el recopilar todas las barbaridades que había presenciado en mi larga vida académica (las de los profesores: con los estudiantes sucede generalmente lo contrario, que uno oye genialidades, si es que sabe escuchar). Bueno, pues tendría que empezar por aquí, porque el colega docéntico en cuestión se llevó las manos a la cabeza. A lo mejor un genio -el que dormía en el porvenir de mi compañero- se perdió para siempre.

En fin, aterrizando de los altos mundos de la retórica: que el problema era cómo meter en cinco sílabas aroma, ciruelos y de remate, artículos, preposición y otras alharacas. Aún decidiéndome por odor o árbol o cualquier otro apaño sinonímico, todavía me faltaba espacio en el renglón. ¿Qué hacer? La única respuesta a tan supremo enigma que había podido encontrar hasta el momento estaba en una página de internet y dice:

Aroma del ciruelo
de repente el sol sale.
Senda del monte.


Sobran las palabras que diría en idéntica circustancia Guillermo Sautier Casaseca (¿A qué no sabéis quién es, eh? Chincha, rabia... El listo que se acuerde que deje abajo un comentario...). En fin, que no es solución ni nada, porque el traductor renuncia de antemano al combate cuerpo a cuerpo quinquesilábico y se resigna al hepta sin más. ¿Qué hacer pues? En un primer momento creí que no había más solución que alterar el orden de los versos. Es un recurso de tufillo picaresco, claro; pero, oye, si no se incluye la traducción al inglés, pelillos a la mar...

Bueno, pues estaba ya tan contento con mis diecisiete silabejos en los que sólo había tenido que renunciar a piltrafas como el orden de los versos o al notto -"rápidamente"- del segundo, cuando me vino la idea de que quizá la posposición ni la podría trasladar mediante alguna chapucilla del gremio al segundo verso y, así, echando mano de obsequioso sinónimo, salvar el expediente X de las cinco sílabas. ¿Tendría prunus algún derivado en castellano? Según la RAE sí. Aunque no especifica dónde, resulta que hay lugares en los que al ciruelo se le llama pruno y a la ciruela, pruna. Vaya, que parecía que por esta vez iba a salir con el oficio.

Comparada con el japonés, la segunda versión tiene sólo un pero gramatical: mientras que en aquélla aparece un verbo deru, "salir", ésta, cual estación de tren tokiotera de ocho en la mañana, no deja espacio para más. Pues mira, cuando iba escribiendo la línea anterior se me ha ocurrido so alba que presta asoma; pero la falta del artículo o la alternativa de incluirlo, so el alba que ya asoma no me acaban de convencer, pero que ni un pimiento bercianero. Así que ahí lo dejo y santas pascuas.

Por cierto, ayer a las tantas volví sobre los tres haiku que compuse originalmente, los que me metieron en este negocio. Más que nada por obsesión de simetría les endiquelé unas traducciones albiónicas que no se las salta un gitano, vaya, ni con acta de eurodiputado adjunta en zona estomatera. Pues descubrí una cosa que demuestra lo bobo que soy por no haberme dado cuenta antes: el vicio monosilábico de la eufónica lengua de don Chaucer hace que la elección de palabros resulte muchísimo menos complicada que lo que sucede con el castellano, y es que a uno le suele suceder lo que a mí jugando a la siete y media, que siempre me paso. Es más, un problema muy frecuente es el inverso: cómo encontrar elementos léxicos que sean lo suficiente buenos mozos para rellenar la línea. Qué cosas, oye.

Con un aviso termino: mis buenos compadres angliparlescos, los pobres desgraciaítos a los que asaeteo con los mostruos de mis escritos originales en su lengua, a causa de variadas investigaciones estos días están para pocas: el primero, metido hasta las canganillas en una cosa de biología molecular de mes y un poco que ya atiende al nombre de Kent-chan; los otros dos, obedeciendo a la llamada de natura, de trabajo de campo de amores, flamantes y floridos. En fin, que hasta que Charles, el papa de Kent-chan, no lo meta en guardería o a alguno de los otros dos les deje de echar la zancadilla la dulce Afrodita, en absoluto respondo de que mis traducciones al inglés valgan medioduro. Bueno, ahora que lo pienso, como último recurso, a lo mejor éstos hasta podrían ayudar. No sé...

jueves, 28 de febrero de 2008

春なれや Haru nare ya!


春なれや
名もなき山の
薄霞



Haru nare ya!
Namo naki yama no
Usu-gasumi.


¡La primavera!
Sobre un monte sin nombre
suave es la niebla.




Has spring come indeed?
On the nameless mountain lie
Thin layers of mist


Bashō




Esta mañana, en el desayuno, le he preguntado a mi señora: "Oye, aquí ¿cuándo empieza la primavera?" Entre nosotros, hispanitos de la calle, una duda así no tiene sentido: acostumbrados estamos a que cada veinte de marzo el hombre del tiempo nos informe exactamente de a qué hora, minuto y segundo comienza la estación de las flores. Es que está muy claro: cuando el sol entra en la constelación de Aries, entonces. Pero para los japoneses la cosa no es tan simple: las divisiones meteorológicas del año no tienen que ver con la cronología o con fenómeno sideral ninguno, sino con el sentimiento. Así que, después de escuchar mi pregunta, ella se lo ha pensado un poco y me ha respondido: "Cuando florecen los ciruelos." O sea, que ya estábamos en primavera y yo, con estos pelos, todavía escribiendo, todavía perpetrando por ahí traducciones de haiku de invierno. Bueno, aunque lo hecho hecho está y ahí queda, propósito de enmienda no me falta: inmediatamente me he ido a la antología y he elegido el poema que habéis leído. No sólo después de mi decisión, después incluso de tener el texto castellano rematado he caído en la cuenta de que se trataba de uno compuesto por Bashō, el gran poeta.

Mi elección no ha sido ni mucho menos azarosa. Cuando, con los restos del desayuno aún en la mesa, me he quedado solo, he mirado por la ventana: en los montes de Tanzawa la neblina de la mañana todavía se resistía a acabar disipada por el sol. Los más altos y alejados, a esa hora aún sólo se adivinaban.

Aunque el original japonés puede tener -como siempre en un buen haiku- variadas interpretaciones, me ha parecido apropiado evitar la interrogación retórica que nos propone el Prof. Buchanan. Es posible que mi parcialidad por la expresión admirativa sea un simple eco de mi sorpresa matutina, la que me produjo el conocer el desfase estacional en el que aún vivía. El verso inicial lo he traducido en un primer borrador como: ¡Ya es primavera! Inmediatamente de las cavernas de mi subconsciente una voz opaca, macilenta, de ultratumba, me ha respondido: En el Corte Ingleeeeeés. Así que me lo he pensado un instante y al final ha quedado como está.

Del resto poco hay que decir: suave es la niebla es lo mejor que he encontrado para usu-gasumi. Ciertamente una traducción literal obligaría a dejarlo como "ligera neblina", así, a secas, sin es ni nada. El adjetivo suave se recomienda por sí sólo: reproduce, a mi juicio, el espíritu del poema (el que yo siento por lo menos). El verbo lo incluyo porque las dos eses me traían una tentación demasiado grande para no ser capaz de sucumbir a ella.

Concluyo: apunta la edición que sigo que el monte sin nombre del segundo verso no lo es tanto por naturaleza, sino por deseo del poeta, o sea, un monte de cuyo nombre no quiero acordarme. Otra vez la vaguedad, la afirmación, que traspasa todo haiku magistral, de la victoria de sentimiento frente al raciocinio. Bueno, no sólo del haiku, claro: también de la vida communis.


miércoles, 27 de febrero de 2008

天も地も Ten mo chi mo


天も地も
なしただ雪の
降りしきる



Ten mo chi mo
Nashi, tada yuki no
Furishikiru.


Ni cielo o suelo
se ven. Sólo la nieve
cayendo insomne.



No sky and no earth
At all. Only the snowflakes
Fall incessantly.



Hashin (1864-?)




No os voy a negar que los tres haiku que escribí y que luego traduje al español me han hecho una ilusión grande. Dándome cuenta de mis limitaciones y no queriendo hacerme empalagoso he decidido cambiar de tercio: como hoy tenía que pasar por la biblioteca central he tomado prestada allí la antología de Daniel C. Buchanan One Hundred Famous Haiku y me he hecho el propósito de intentar traducir al español uno de ellos cada tanto, empezando, claro, por los de invierno. La ventaja de haber elegido una antología bilingüe es que así me es posible incluir la versión del erudito americano y a vosotros contrastar unas y otras.

El haiku que he seleccionado para hoy entre los veinticinco de esta estación me ha parecido el más hermoso. El kigo es el mismo que el del primero que escribí yuki, "nieve". Mi versión de la última línea quizá a alguien le parezca demasiado libre: furi-shikiru, algo así como "no dejar de caer", o "no parar de nevar" lo doy en castellano como cayendo insomne. Una alternativa más ajustada a la letra es cayendo siempre. Ésa fue mi primera apuesta, pero no he podido resistirme a la triple aliteración de enes, a la gracia que produce la mayor variedad en vocales en ese verso, y al eco de la o acentuada de la segunda línea. Confieso que, a pesar de estos argumentos de eufonía, he tenido mis escrúpulos. Luego, pensándolo detenidamente, me ha parecido que insomne, o sea "sin descanso", se ajusta no mal al significado y, sobre todo, al espíritu del poema. A pesar de este veredicto mío, si a alguien se le hace siempre una elección más acertada, me gustaría que me lo hiciera saber. Ya lo decía la Santa de Ávila: "Qué aburrida sería la vida sin problemas". Qué horrible si nadie nos llevara la contraria...

martes, 26 de febrero de 2008

梅の木 Ume no ki


梅の木は
望の香り
パパの花


Ume no ki wa
nozomi no kaori.
Papa no hana,

Como el ciruelo
fragante es mi tesoro,
flor de su papa.


Like plum tree blossoms
Fragrant little thing my boy
Is daddy's flower.





El diciembre anterior fuimos a España. Yo, por cosa del trabajo, tuve que regresar a Japón y pasé las navidades solo. Mi hijo y su madre quedaron en casa de los abuelos y allí estuvieron hasta concluidas las fiestas. El reencuentro en el aeropuerto fue emocionante: no olvidaré nunca la imagen de mi peque cuando venía del control de aduana arrastrando una maleta casi más grande que él mismo con un aplomo tal que daba la impresión de haber nacido viajando. En su carita se veía la felicidad encarnada: estaba otra vez en Japón y después de dos semanas -para un niño unas mil- veía por fin a su papa. Al salir de la terminal el viento de la anochecida cortaba. Me quité la bufanda que en invierno siempre llevo, la bufanda que su madre me regaló precisamente ahora hará unos diez años paseando por Kobe, se la puse al cuello y él inmediatamente exclamó con ese tono de satisfacción sincera del que son sólo capaces los niños: "Papa no ii nioi da!" (¡El buen olor de mi papa!). Es la frase más dulce que nadie me ha dicho jamás. Este poema querría contener un poquito del "aroma" de ese momento, tan trascendental para mi vida.

Como sabéis todos un buen haiku necesita de un kigo, una palabra clave que marque la estación: en los dos anteriores una es yuki, "nieve" y la otra, anacrónica porque estamos en época seca, ame, "lluvia". La de hoy es ume, o sea "ciruelo", apropiadísima para estas kalendas: desde mi ventana se ven tímidas pinceladas blancas y rosáceas que entre los árboles del monte, aún desnudos, se mecen con el viento. Me iría en su búsqueda al instante, pero el día amenaza nublado y se está tan agusto aquí dentro, oyendo el aullido del viento que golpea los cristales...






lunes, 25 de febrero de 2008

雨の日 Ame no hi



雨の日に
心が乾く
君を待つ



Ame no hi ni
kokoro ga kawaku,
Kimi wo matsu.



Día de lluvia,
el alma siento enjuta
mientras te espero.



In a rainy day
I feel my soul getting dry
while waiting for you.


Bueno, ya he relatado en el anterior artículo en qué circustancias escribí esta madrugada aquel haiku. El que va ahora arriba, aunque más reciente de hechura, de origen es casi prehistórico. Hará unos cinco años, cuando me pasaba el día zurrándome a modo con la métrica castellana y no paraba de escribir sonetos y romances, me salió, entre unos y otros, cierta coplilla japonesa que decía:

Ame no hi, ame no hi,
kimochi yoi koto yatta
anata to tomo ni.


("Día de lluvia, día de lluvia,
cosa de gustito hicimos
los dos tan juntos")


Como se ve, contando las sílabas a la castellana cada verso resulta octosílabo. En japonés un poema compuesto por líneas de ocho, diez y siete caracteres hiragana -que es como se cuenta- no tiene ningún valor especial. Pero a mí (inevitablemente), me producía mucha gracia, sobre todo porque había sido el primero. Tanto que improvisé también una musiquilla ramplona para él (voz de bajo profundo con piano acompañante) que repetía machaconamente, hasta que mi dómina me mandó callar con el argumento de que a ella, como hablante nativa de la lengua nipona, cada vez que la escuchaba le rechinaban los oídos. En fin, que me hice cargo de sus sufrimientos estéticos y no volví a tararear el estribillo, sino en voz baja y estando bien seguro parapetado en el santuario de mi habitación.

Esta mañana, cuando he acabado el primer haiku, he pensado que sería buena idea el compensarle de sus sufrimientos antiguos y escribirle ahora otro poema que comenzara con las mismas palabras del odioso sonsonete, pero disfrutando de los beneficios de estructura y remate de la estrofa clásica. El original japonés me gusta mucho más que la traducción hispana: es que aquél goza de un nivel poético de ambigüedad con mucho superior al que la gramática romance le permite a éste. La necesidad de marcar el sujeto en el verbo (espero) dentro de nuestra lengua destruye mucho de su gracia.


Para que no quede nada sin decir en esta crónica de musas, referiré que el poema ha gustado mucho. Incluso, para mayor regocijo, afirma mi señora que de la matraca histórica aquella se ha olvidado por completo: El perdonar, de sabios; el olvidar, de dioses...

富士に雪 (Fuji ni yuki)




富士に雪
我の胸には
ひが光り





Fuji ni yuki.
Ware no mune ni wa
hi ga hikari.



Nieve en el Fuji.
Muy profundo, en mi pecho
el su ampo brilla.



Snow on the Fuji.
Deep, very deep in my soul
The sun is shinning.



Ayer por la noche no podía dormir. Por ver si el ligero ejercicio hacía venir al sueño salí a la calle y el viento frío de la madrugada me despejó aún más. Entonces, brillando imponente la luna, con su reflejo invernal en el Fuji a lo lejos, el insomnio se convirtió en un breve paseo de exaltadora belleza. Aún tiritando el relente del alba, durante los cinco minutos de reposo del té de las primeras luces, me vino el haiku que veis arriba. Misterio es el que haya nacido precisamente tan diurno.

Cuando mi "santa" despertó se lo leí. Ella me sugirió el sustituir hi ga hikaru ("el fuego -o "día", o "sol"- brilla"), que era lo que había escrito yo, por hi ga hikari ("el brillo del fuego -o "día", o "sol"-"). Supongo que no hace falta enumerar todos los méritos poéticos de tan ponderada elección. Sencillamente incluyo el sustantivo, suprimo el verbo y, con este párrafo dejo claro de quién es el mérito principal del poema.

Entradas populares

Vistas de página en total