En una película canadiense de los ochenta, de cuyo nombre siento mucho no acordarme, a la protagonista, granjera de armas tomar, le llega la hora de la fecundación de sus vacas. La inseminación artificial es la mejor alternativa, le dicen. Mis bichos se preñan como yo, responde. Así que hace que le suelten al semental en la granja y se pone a mirar. Las hembras rodean al caballero, le atosigan, le imploran, pero no hay manera: con el vicio de la máquina ha olvidado toda la mecánica del negocio.
Este argumento de película me ha venido a la cabeza cuando he leído un comentario taurino en el que se culpaba no a los pérfidos catalufos de la decadencia de la Fiesta, sino a los propios de casa. Según se cuenta ahí los afeitados, el drogar los animales y la selección de castas mediocres y comodonas es lo que de verdad está acabando con el espectáculo.
El experto propone una catársis, una vuelta a los orígenes del toro morlaquero, puro y esencial como remedio de todos los males tauromáquicos. ¿Será eso posible? No tengo ni idea, así que la opinión profunda se la dejo para otro. Ahora, que lo sabe hasta el más tonto: si de verdad los toreros le han cogido el puntito a la máquina, apaga y vámonos...
28.10.2026 – Langsam Gesprochene Nachrichten
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[image: Die Partei des israelischen Ministerpräsidenten Netanjahu liegt bei
der Wahl in Israel vorn, seine ...





