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lunes, 2 de agosto de 2010

Resabio maquinero

En una película canadiense de los ochenta, de cuyo nombre siento mucho no acordarme, a la protagonista, granjera de armas tomar, le llega la hora de la fecundación de sus vacas. La inseminación artificial es la mejor alternativa, le dicen. Mis bichos se preñan como yo, responde. Así que hace que le suelten al semental en la granja y se pone a mirar. Las hembras rodean al caballero, le atosigan, le imploran, pero no hay manera: con el vicio de la máquina ha olvidado toda la mecánica del negocio.

Este argumento de película me ha venido a la cabeza cuando he leído un comentario taurino en el que se culpaba no a los pérfidos catalufos de la decadencia de la Fiesta, sino a los propios de casa. Según se cuenta ahí los afeitados, el drogar los animales y la selección de castas mediocres y comodonas es lo que de verdad está acabando con el espectáculo.

El experto propone una catársis, una vuelta a los orígenes del toro morlaquero, puro y esencial como remedio de todos los males tauromáquicos. ¿Será eso posible? No tengo ni idea, así que la opinión profunda se la dejo para otro. Ahora, que lo sabe hasta el más tonto: si de verdad los toreros le han cogido el puntito a la máquina, apaga y vámonos...


sábado, 22 de mayo de 2010

Mi ética es mi estética




Recuerdo con ternura aquellas retrasmisiones de combates de boxeo en los que servían de comentaristas Dum Dum Pacheco y Pedro Carrasco: "Mira, mira Pedro, qué bonito, qué croché de izquierda. Esto es poesía, pura poesía. Y que haya gente que todavía aborrezca el boxeo..." Al púgil que había recibido el mamporro le chorreaba sangre de la ceja, tanta como para teñir metros de lona, los guantes del adversario y hasta para regalar una aspersión a los felices estetas que, arrobados de ansia lírica, se apretaban en formación compacta por las primeras filas de entre el público.

Un sentimiento similar me embarga al contemplar estas imágenes que aquí presento plenas de vigor hispano, esta muestra de valentía, arrojo y elegancia que nos regaló ayer -ni más ni menos- nuestra fiesta patria, nuestro orgullo nacional, nuestro arte de Cúchares. ¿Quién será tan insensible que no experimente al contemplarlas con detenimiento la misma inspiración telúrica que sirvió de acicate a un Picasso, a Goya, a un García Lorca, a Pío Baroja, que llevó a los más altos espíritus de nuestra cultura a producir tantas y tan magnas obras? Honor al gran Maestro, honor al gran Morlaco, viva la Fiesta.


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