miércoles, 23 de febrero de 2011

"Everybody Wants to Rule the World"

Resulta que unos estaban encerrados en el Congreso empeñados en mantener una actitud digna, otros conspirando para que los conspiradores lo tuvieran crudo y todos haciendo el bien, con gallardía, honor y responsabilidad. Como los de las metralletas entraron en la Cortes a las seis y pico y yo a esa hora tenía clase de Ruso en el viejo edificio de aulas de la Plaza de Anaya, ahí me pillo, con mis seis o siete compañeros, luchando con la lengua de Pushkin.

Al acabar, en el mismo pasillo, se me acercó un amigo que estudiaba Historia y me soltó ¿Has oído que unos guardias civiles han entrado en el Parlamento? Yo no tenía ni idea, y pensé primero que se trataba de uno de esos bulos que tanto circulaban en aquellos años. Me fui para la calle y en la Plaza Mayor me encontré con parte del rojerío juvenil, conocidos míos, que me confirmaron el asunto. Según luego me enteré, los más notables ya estaban camino de la frontera y pasaron la noche en hoteles de Portugal. Se habló muchos años del mítico seiscientos en el que la plana mayor de CNT, sin pensarlo dos veces, habían marchado a probar el amargo pan del exilio.

Yo con mi natural inconsciencia no le di demasiada importancia. Me fui a tomar unas cañas con alguno de ellos y antes llamé a casa para informar que llegaría tarde a la cena. Mi madre estaba ligeramente inquieta: No tardes demasiado, que hay montado en Madrid un lío grande.

Volví a casa a eso de las diez. En televisión aparecían de vez en cuando informativos que no informaban gran cosa. Años después un compañero, hijo de cierto mando militar retirado, me contaría que su padre llamó a Televisión Española y preguntó a otro hijo suyo, que trabajaba en la casa: ¿Pero quién está detrás de esto? Al escuchar la respuesta parece ser que se echó a reír y exclamó: Venga, todos a la cama, que mañana a estas horas esos gilipollas estarán a la sombra. En mi casa, aun faltos de información privilegiada, a eso de la una, vencidos por el sueño, nos fuimos a dormir.

El día siguiente amaneció: el Rey había aparecido en la pantalla, los tanques de Valencia estaban en sus cuarteles y parecía que la cosa iba encaminada. Me fui a clase -éramos pocos- y más que a la ciencia todos atendíamos a las radios portátiles que alguno se llevó consigo.

Lo demás, ya se sabe que es historia: no pasó nada.



martes, 15 de febrero de 2011

Palos y velas por generación espontánea


Oigo a Icíar Bollaín decir que una cinematografía es un tesoro para cualquier país, que no nace por generación espontánea y que hay que cuidarla. Supongo que sus palabras se traducen en que, si queremos un buen cine (o unas buenas universidades, hospitales, bibliotecas), tenemos que poner dinero, más a ser posible.

Pienso en las cuarenta o cincuenta veces que he visto El sol del membrillo, cómo me he emociono cada vez, que me habría quedado sin ella de no haber sido subvencionada, y no puedo estar más de acuerdo con la señora directora.

Un día después leo esta noticia y me entero de que la industria cinematográfica pretende cobrar por la exhibición de sus tesoros nacionales en las aulas del país. Pienso: Perfecto, juguemos todos al mismo juego.

Liberalismo guay: paguemos y, a partir de ahora, que cada palo aguante su vela. El dinero de subvenciones a la creación cinematográfica, a los festivales y otras promociones peliculeras, para que los institutos financien esas exhibiciones. Seguro que, echando cuentas, hasta salimos ganando.


domingo, 13 de febrero de 2011

Julia to the barber went


MUSEUM THOUGHTS
Portrait of a Lady (c. 75 A.D.)

by Morris Bishop

Julia to the barber went
And got herself a permanent.
Since the perm was unsurpassed,
"Fine!" she said. "But will it last?"
(I approximate the sense
Of "Estne vere permanens?")
Then the vehement coiffeur,
Warmly reassuring her,
Guaranteed with confidence
The permanence of permanents.

Rome is gone and all her pride,
Still the dainty curls abide;
Venus, Mars, and Jove are dead,
Still remains the lovely head.

Let a thousand years go by,
Let our gods and empires die,
Time will never set a term
To the life of Julia's perm.
Mundo semper erit gratus
Iste capitis ornatus.


En el verano del 81, en una librería de viejo de Torremolinos, encontré un libro graciosísimo titulado Latin for Americans. En él aparecía el poema que he trascrito arriba. El libro se perdió y yo con él estos versos, que siempre quise recitar a las Julias de mi vida.

Años después lo busqué, y lo encontré en el archivo de The New Yorker, donde había sido publicado originalmente. Ahí está bajo llave y la suscripción a esa revista de la biblio de mi universidad comienza precisamente un año después de que apareciera el poema.

Hoy, finalmente, lo he encontrado en esta página. Aquí lo incluyo para disfrute de mis lectores. Espero que este leve pecadillo no enfurezca demasiado a los chicos de la simpática publicación americana. En cualquier caso, si por ello la señora ministra Sinde me cierra el blog, ya sabéis la causa: desmesurado amor a la poesía... y a todas las Julias que en el mundo han sido.


jueves, 10 de febrero de 2011

Une maison de Verre


Paseando por algún país del norte de Europa me llamó la atención el que en las ventanas faltaran los visillos: "No hagas en tu casa aquello que no pueda ver tu vecino" parece ser que es la máxima en la que se basa esa higiénica costumbre.

Vivir en una casa de cristal era la ilusión de algún clásico francés. Ojala un día nos atrevamos a llevarla a uso común; y no tanto porque así cambien nuestros actos íntimos, sino porque de esa manera la mirada del vecino quizá se vuelva más tolerante con nuestros pecadillos privados, que también serán los suyos, -lujuria, gula, ira- y menos con los públicos -avaricia, estupidez, fanatismo-, que son los que de verdad convierten a las naciones en miserables e indefensas.


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