viernes, 11 de marzo de 2011

Dicen que ha sido el terremoto más fuerte en varios siglos

A la una y media tenía la reunión de mi departamento de todos los meses, una de esas reuniones en las que literalmente te quedas frito. Quince o diez minutos antes de las tres el edificio del Rectorado ha empezado a moverse y lo ha hecho durante unos diez segundos -lo normal es que un terremoto no pase de un breve instante- cuando he mirado a un profesor japonés, un hombre joven nada impresionable, y le he visto con cara asustada, lo que me ha hecho pensar en que la situación sería más peligrosa de lo que yo creía. He mirado el reloj para comprobar dónde se encontraba mi hijo, si en la escuela -lo que en teoría es más seguro- o en la calle.

He abierto una ventana de la sala de juntas y casi inmediatamente y sin pensarlo he dado un brinco hasta el jardincillo japonés del patio interior. Esta sala y las oficinas del rector están en la planta segunda del edificio, pero dan a una terraza que se sustenta sobre el techo de la Biblioteca Central. He pensado en ese momento que, si se hundía el quiosco era más seguro estar sin techo que bajo él. He sido el primero en saltar hacia afuera e inmediatamente me han imitado otros colegas. He visto al rector asomarse a una ventana junto a dos secretarios y le he chillado, sin pensar, que saliera fuera. Después, como los tres se habían quedado junto a la ventana, les he vuelto a gritar que era peligroso mantenerse junto a unas cristaleras tan enormes. El edificio se movía como nunca; hace unos años tuve mi despacho en la planta tercera de él y nunca había sentido nada comparable. Me he tenido que agarrar con fuerza a uno de los arbustos para no caerme al suelo. Mientras todo temblaba he intentado usar el teléfono que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón para preguntar a mi mujer si el niño ya estaba en casa. Sorpresivamente, ella me ha respondido y en ese momento el temblor ha parado.

No puedo calcular con exactitud cuánto se ha movido la tierra, pero me da la impresión de que seguramente más de medio minuto. Al salir nos hemos encontrado fuera con todos los oficinistas y los pocos estudiantes que hacían gestiones en los mostradores de la planta baja. Antes de la reunión me había pasado por la biblioteca y no había nadie; estamos en época de vacaciones.

La reunión se ha suspendido y he vuelto al despacho. En la oficina de mi departamento había una televisión encendida y me he enterado de la increíble magnitud del sismo. En la pantalla aparecían imágenes aéreas de los incendios en Miyagi y un mapa con el aviso de tsunami y las horas a las que se esperaba el golpe.

He cogido la bici y al pasar cerca de la puerta principal he sentido una réplica más corta pero creo que igual de intensa. Estaba junto al edificio número dos, el más alto del campus. La torre, que se eleva unos diez pisos, está en reparación y el ruido de los andamios al chocar contra la estructura metálica que la remata impresionaba.

Al salir el guardia de la puerta me han saludado mucho más amablemente que lo habitual y me han recomendado que tuviera cuidado. Lo mismo ha hecho uno de los guardas de la obra que están haciendo en la carretera y otro, el del puente que hay cerca de mi casa, me ha pedido que desmontara de la bicicleta porque el asfalto de uno de los extremos de la calzada se había hundido como diez centímetros. Me ha impresionado el que una piedra de bordillo de cien kilos -digo yo- haya saltado cinco metros movida por la presión de las otras con las que estaba en contacto.

Al llegar a casa me esperaba la familia fuera de casa. Sentado en un banco del patio he mandado varios mensajes y he escrito algunas frases en el Twitter. En las casas de alrededor de la mía -todas unifamiliares típicas de esta tierra- no había grandes daños, pero al salir a pasear hemos visto paredes de jardines caídas y varias roturas de cañerías. El parque de al lado de nuestra casa está hecho un poema; el suelo parece un acordeón, levantado cada diez metros. Un funcionario municipal nos ha echado con el argumento de que no era un sitio seguro; ¡y yo que pensaba que en caso de gran terremoto era nuestro lugar de refugio! Pues no, por lo visto es la escuela de mi hijo, en particular el gimnasio que, según me ha contado él mismo, parece que lo han hecho a prueba de bomba.

Hemos ido a comprar al súper cuando se ponía el sol (ahora, a las siete y veinte es noche cerrada). No había demasiados clientes pero el ambiente era el de un viernes normal. En fin, un susto no pequeño, pero que siempre se quede en eso. Dramatismos fuera, habida cuenta del lugar en el que me pilló, si hubiéramos estado en el epicentro, no sé si ahora podría estar contándolo.



12 comentarios:

  1. Me alegro, Santiago, de que no haya sido más que un susto para vosotros. Las imágenes que están transmitiendo del tsunami son terribles. Me imagino que irán saliendo más y más datos sobrecogedores sobre los efectos del terremoto. ¡Ánimo y solidaridad en este trance!

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  2. Abundo en el comentario anterior. Me alegro que, al menos para tí, no haya pasado de un buen susto. Esperemos que la solidez de los edificios y la educación de la población en cómo debe reaccionar evite que el seísmo acabe en catástrofe .

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  3. Parece que el temblor está dejando consecuencias terribles. Cuídate mucho, Santi. Un abrazo.

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  4. Gracias a los dos. Mirándolo un poco fríamente -todo lo que permiten estas cosas- ha sido un verdadero milagro que el terremoto de mayor intensidad que ha sufrido este país desde finales del siglo dieciocho se haya producido en una zona tan poco poblada. Se supone que uno de magnitud similar al del último que hubo en Tokio en los años veinte produciría cien mil muertos. El de hoy ha sido superior y por lo que cuentan "solo" ha causado un número menor al centenar.

    En fin, que tenemos mucha suerte de poder contarlo.

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  5. Gracias, Ara. Acabo de leer en El País "Un tsunami golpea Japón tras su peor terremoto en 140 años". Lo cierto es que ha sido el terremoto más fuerte, pero no el "peor". El de Kobe del 95 causó cinco mil muertos, y el del 23 creo que fueron casi cien mil -aunque no me acuerdo exactamente-. Asusta un poco cómo manipulamos el lenguaje para hacer que casi todos los días haya una noticia del siglo que se olvida al día siguiente.

    Personalmente, a pesar de la tragedia que supone para la familia del centenar de víctimas del seismo, para quienes será sin duda el peor del milenio, creo que hay que tomar las cosas en su medida. El terremoto de Haití sí que fue una verdadera tragedia espeluznante y lo sigue siendo más aún, por el hecho de que está olvidado. Si las cosas se quedan como están y no se produce una réplica que provoque mayor catástrofe dentro de un año a lo sumo las consecuencias ya estarán superadas. En Haití, por desgracia, remontar llevará decenios.

    Un abrazo muy grande también para ti.

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  6. Flipo con el tremendismo de las noticias que leo en la prensa española. Para la pobre gente de Miyagi esta noche será larga e intranquila, pero no para la gran masa de los japoneses que ya estarán planchando la oreja y que han cenado igual que los españoles viendo horrorizados las imágenes del tsunami.

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  7. Que bien que hayas escrito esta entrada, es tranquilizadora para los que te conocemos. Me alegro que para ti y tu familia haya sido solo un grandísimo susto, parece que las víctimas van a superar en bastante lo dicho inicialmente, espero que se equivoquen.

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  8. Ya ves, Santi. Será porque hay que distraer al personal hispano de la crisis y tal. Por cierto, dice el dueño de Mercadona que lo peor de la crisis aun no ha llegado...

    JP

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  9. Muchas gracias a todos por vuestros mensajes. Acabo de ver las noticias y sigo pensando que debemos pensar en que hemos tenido suerte. Si hubiera sido en Tokio seguramente las víctimas no sería cientos, sino cientos de miles.

    Estamos bien, no os preocupéis. Un abrazo.

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  10. Santiago, yo también me alegro por su seguridad - pero las noticias de la catástrofe son realmente terribles! Equidem modo -- veniam a te peto, quum ex vernacula vestratium dialecto ad linguam nostram transeam -- aliquid de rebus Iaponicis sciscitatus sum ad contubernales Gregis illius Latine Loquentium, et memoria epistularum commercii nos inter quondam habitum, licet per breve tempus, mihi in mentem venit... Vota plurima pro te, tuisque ordior, Iacobe!
    Max. Apol. Italus

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  11. Sigo con mucho interés lo que escribe en Pensar Libre y vengo a veces a este su blog, muy bueno, por cierto, ¡qué susto, saber que estaba en Japón! Cuidese y un abrazo.

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  12. Muchas gracias, Asia, por sus palabras. Nos cuidaremos.

    Sr. Max. Apol. Italus: no tiene que disculparse, al contrario; muchas gracias también y perdón por no tener el ánimo ahora para escribir en latín. Algún día espero tenerlo para volver a su coloquio.

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