miércoles, 31 de octubre de 2007

San Sebaldo de Dacia

Como prometí, aquí incluyo la noticia del santo al que hacía referencia ayer. Se trata de san Sebaldo de Dacia, peregrino (siglo VIII). Sellner lo cuenta así. Por desgracia no tengo el texto original Immerwärender Heiligenkalender. Sin que sirva de precedente cito una traducción (con algunos arreglos de estilo míos), la española de Mercedes Figueras. Lo publica la editorial Edhasa, la misma que, en mi adolescencia, contaba con un gran fondo en literatura de ciencia ficción.

Sebaldo procedía de Dacia, la actual Rumanía. Había vivido la juventud en París. Sus padres lo desposaron con una piadosa doncella de buena familia, pero en la noche de bodas él le hizo la siguiente proposición: "Hoy llevamos alhajas y mañana seremos pasto de los gusanos. ¿Quieres verdaderamente renunciar a tu virginidad, una joya eterna, y dar a luz hijos con dolor? ¿No sería mejor ponernos bajo la protección de san José?".

Aquella misma noche huyó y se mantuvo escondido durante tres años.


Nótese que en el relato no se precisa la respuesta de la esposa. ¿Tendría que ver la inmediata huida del santo con ésta? No lo sabremos nunca. Como tantos buenos relatos éste acaba siendo quizá más interesante por los silencios...

El santoral da mucho juego narrativo, ejemplarizador y también mundano. Merecerá la pena volver a él cuando haya más tiempo.

El rectificar es cosa de cuerdos

De fuentes muy bien informadas sé que las disculpas por lo del cambio climático van a ser sólo el principio; dentro de poco vendrán otras: por el "Prestige", la guerra de Iraq y el 11M. Me lo ha dicho mi primo. Es profeta, y muy bueno.

martes, 30 de octubre de 2007

Beatus Ille

El domingo pasado la iglesia católica beatificó a varios centenares de mártires de la Guerra civil española. Informaré a los pocos que no lo sepan que soy un gran aficionado a la hagiografía: años atrás lo primero que hacía al despertarme era tomar el santoral de Sellner y leer el relato de la vida del bienaventurado al que se dedicaba la fecha. Los hay de todo tipo: divertidos, sorprendentes, surrealistas incluso. Mi preferido es aquel del joven noble que, obligado a casarse contra su voluntad, la noche de bodas, un instante antes de consumar el matrimonio mira a su desposada y le dice: "Oye, ¿qué te parece si en lugar de pecar nos encomendamos a san José?". Siento mucho no acordarme del nombre de ese benemérito caballero, pero prometo buscarlo e incluir su referencia.

Existen patrones de, contra y a favor de cualquier cosa: yo soy parcial de san Simón y san Judas (contra las malas mujeres viriles, [¡líbranos señor!]) y de santa Ágata (contra las heridas del recto [otro tanto de lo mismo] ), aunque también guarde devoción a santa Notburga (del reposo laboral), Conrado (contra el trabajo duro [es posible que, por desgracia, se trate de un error del pobre Sellner]), san José Copertino (de los astronautas y los célibes), santa Bibiana (de los bebedores [único vicio que para la iglesia católica merece santo]), san Porciano (de los enfermizos, entre los que afortunadamente me encuentro), santa Clara de la Cruz (de los patizambos, a los que, también por suerte, creo no pertenecer).

Es posible que mi afición por el santoral venga favorecida por los cuatro patrones que me acompañan y protegen en mis correrías por el mundo: Santiago, el Menor; San Jorge de Capadocia; San Martín de Tours y San Cipriano de Antioquía: dos alquimistas (san Jorge no es sino uno muy bien disimulado), un aficionado a los libros (Santiago, hijo de Alfeo) y un cuarto del que no hace falta dar referencias. Con todo, y a decir verdad, lo que más me agrada del lote con el que voy por la vida es el que, de cuatro, sólo uno es mártir probado (el santo de Capadocia tiene todas las papeletas para ser apócrifo). Y digo todo esto porque, si algo no puedo soportar, -pido disculpas a quien se sienta ofendido- son las historias de martirios.

Sé que me tengo que explicar. Asesinatos por causas de conciencia siempre han existido y qué duda cabe de que los primeros cristianos los sufrieron: es lógico que la Iglesia posterior reivindique su martirio y hasta que lo ensalce. Pero -lo siento mucho- esas efusiones continuas de sangre, huesos crujientes y carnes humeantes me parecen excesivamente irreales y su relato cercano al morbo más cutre. No afirmo que sean todas ellas producto de la imaginación de los apologetas, -de cualquier modo nunca se podrá comprobar a ciencia cierta- pero pienso lo mismo que un cura joven con el que tuve una conversación muy interesante acerca del sacramento de la penitencia: "Mira, si una feligresa viene y confiesa que ha pecado contra el sexto, le pregunto cuántas veces y basta. No hace falta que me dé más detalles." Pues eso.

Me parece muy, pero que muy bien, el que la Iglesia organice todas estas ceremonias de masas en Roma: para eso está y para eso ha estado siempre. Personalmente pienso como los modernistas: el mayor atractivo del mundo católico es el rito. Sin él toda la cristiandad se vería ahora luterana. He leído, por ejemplo, que se les critica por no haber reconocido también como mártires a las víctimas a manos del bando nacional. Es su elección dentro de su ámbito y, como cualquier otra no impuesta al resto de la ciudadanía, respetable. Claro está que los miembros del Real Madrid son libres de dar la medalla de oro y diamantes del club a quien les venga en gana, y que los socios del Atlético, por ejemplo, nunca irán a meter la cuchara en asuntos internos del equipo merengue.

En resumen, las cosas de la Iglesia católica son problema de sus miembros, y nadie más que ellos tiene derecho a criticar sus actividades de puertas para dentro. Punto. Eso sí, nunca hay que olvidar que la recíproca también cuenta: yo, como persona ajena, no tolero que ningún directivo de ese club privado vaticano -ningún obispo, vaya- se venga a meter en mi conciencia, la evolución política de mi país, la moral de mi sociedad o mi comportamiento de alcoba, faltaría más. Iré más lejos: a estas alturas de la historia, una asociación civil que practica en su seno discriminación reconocida contra mujeres y homosexuales, por ejemplo, carece de estatura ética para dictar lecciones de civismo. Esta realidad se debería recordar machaconamente tras cualquiera de las diatribas sociales que emite periódicamente la Conferencia episcopal española.

domingo, 28 de octubre de 2007

Deliciosa paella mista a la sombra del Vesubio



El siguiente artículo es una "carta al director" en respuesta a "A la caza de la "paella mista" y el "rebuelto"", uno del periódico madrileño El País. Imagino que, siguiendo una tradición añeja del citado rotativo de publicar lo mínimo posible que contradiga las opiniones de sus propios redactores, no la incluirán. Yo lo hago aquí para evidente regocijo de mi afición incondicional, esa gran afición que, obviamente, no merezco.



El que en Pompeya no existiera una "Unión de Correctores del Idioma del Imperio" es algo de lo que se congratulan mis colegas, los estudiosos de la lengua latina. Entre los tesoros que debemos a los arqueólogos que desenterraron aquella ciudad romana el menos conocido para el público general son las pintadas que hermosamente adornaban sus paredes y cuyos vigorosos errores ortográficos -¡sorpresa!- los convierten en testimonio de valor incalculable a la hora de reconstruir la pronunciación del idioma latino en aquel siglo I de nuestra era.

A los cocineros que ahora se sentirán seguramente abochornados por haber visto sus "rebueltos" y "paellas mistas" en papeles de tanta alcurnia, si no les sirve de consuelo suficiente el que sus "errores" de escritura les pongan precisamente en conexión con aquellos clásicos habitantes de la Roma antigua, quizá sí lo haga el saber, por ejemplo, que regla de oro de nuestros hombres más eruditos del Renacimiento era la naturalidad, el que "se debe escribir como se habla" (precisamente lo que hacen ustedes, señores cocineros); que las normas de ortografía castellana constituyen un sistema muy incoherente desde el punto de vista etimológico; que nada menos que un ilustre premio Nobel de literatura propuso no hace demasiado tiempo finiquitarlo y que, de remate, si en escritura original leen a nuestros mejores literatos del Siglo de Oro encontrarán sus obras plagadas de esos "errores" ortográficos que los censores modernos les afean a ustedes: en fin, que los mejores son reconocidos precisamente por su genialidad -al igual que les sucede a nuestros artistas de los fogones- y no por su pericia en el manejo de las uves o las haches.

Con todo, si lo de arriba no acaba por curarles el escozorcillo en el amor propio que de forma tan insensible les acaban de herir, les revelaré un secreto personal: el que esto escribe obtuvo en sus años mozos dos licenciaturas en filología, conoce con bastante detalle el idioma latino -origen del nuestro- consiguió matrícula de honor en la asignatura de historia de la lengua española impartida por uno de los más reconocidos expertos vivos en esta disciplina y, para remate, se ha pasado más de veinte años a vueltas con el idioma de Cervantes y su evolución. Pues bien, a este señor tan listo también de vez en cuando se le escapan elles a destiempo, se le descontrolan ges y jotas o hasta hay días en que le salta de rondón, cuando menos se lo espera, una be un pelín impertinente. Si esto le sucede se ríe de sí mismo y va a otra cosa. No obstante, cuando a toro pasado cae en la cuenta de que ha escrito alguna estupidez, descortesía o fanfarronada, eso sí que, de verdad, le quita el sueño.

Lástima es que no exista una organización paralela a esa de correctores que vele, no por la forma ortográfica, sino por el contenido, que nos ponga en guardia contra los políticos que bromeen al tratar de problemas de gravedad, como, por ejemplo, el cambio climático. Ellos, puesto que no se descuidan omitiendo hache, jota o uve, cuando plasman negro sobre blanco sus idioteces -pido disculpas, pero no sé calificarlas de otra manera- a la vigente "Unión de Correctores" no le queda más remedio que inhibirse.

sábado, 27 de octubre de 2007

Kabuto-mushi


El clima del verano en Tokyo es el más parecido al del infierno en esa temporada: húmedo, calurosísimo, pegajoso, sin apenas viento que mitigue la canícula. El que se lo puede permitir marcha, como los miembros de la familia imperial, a las montañas de Nagano o, aún mejor, al norte del país, a la isla de Hokkaido.

Para mí, además del calor, el verano de Japón aparece marcado por el misterio, y no me refiero al que imprime el festival del Obon (el regreso de los muertos a la tierra), que se celebra por esas fechas, sino sobre todo a dos fenómenos cuya naturaleza va ligada a la de la estación de los calores: el campeonato de béisbol juvenil y la pasión nacional por los kabuto-mushi.

Imaginemos que en España, en el mes de agosto, se organizara el campeonato de fútbol juvenil en el que participaran los representantes de los mejores equipos de los colegios de cada provincia: el instituto Miguel de Cervantes de Alcalá de Henares, el Antonio Machado de Sevilla, el Colegio Marianista de San Sebastián, el de los Padres Claretianos de Zaragoza... Pongamos también que se celebran en el Santiago Bernabéu, que el certamen dura quince días y que los partidos se transmiten íntegramente en directo y que, de propina, a la hora de mayor audiencia de la noche se emiten resúmenes, comentarios, programas especiales. Bueno, por imaginar... La verdad es que en España existen estos campeonatos escolares, pero, que yo sepa, jamás la televisión ha prestado la menor atención a sus resultados y nadie lo echa en falta. Pues en Japón es el furor. Recuerdo un domingo, precisamente el quince de agosto del año 1995 en que estaba leyendo a eso de las tres de la tarde en la biblioteca central de Kanazawa, en Ishikawa, en la costa del Mar del Japón. Levanté la cabeza de mi lectura y de repente me percaté con asombro que ninguno de los asistentes atendían a las suyas: los ojos de todos estaban en los monitores de televisión que habitualmente sin sonido retransmitían las noticias de la CNN o la BBC -quienes querían escuchar el programa tomaban prestados unos auriculares inalámbricos que había sobre una mesa-. Estos televisores, silenciosos como siempre, mostraban aquel día la final del campeonato de béisbol juvenil en el que participaba por primera vez en no sé cuántos decenios un equipo de esta prefectura. Los lectores seguían el partido totalmente hipnotizados, guardando el mismo silencio religioso que cualquier otro día del resto del año en aquella biblioteca.

No he encontrado todavía a ningún japonés que me pueda explicar el fenómeno de la pasión veraniega por el béisbol juvenil de forma racional. Es más no he encontrado a ninguno que no se sorprenda a su vez ante mi sorpresa por un hecho que para ellos constituye una realidad casi frontera al mundo de las verdades de la naturaleza y no de la convención social.

El calor, el béisbol y, finalmente, Los kabuto-mushi, esa especie de escabarajos de monte que en español llamamos "ciervos volantes", unos animales del tamaño aproximado de un huevo de gorrión, cuyos machos exhiben en la parte frontal de la cabeza dos cuernos, uno mucho más grande, que utilizan como defensas del ataque de otros animales y como armas de lucha para competir por la posesión de las hembras.

No me andaré con rodeos: a mí estos bichos siempre me han parecido animales repugnantes. Pues bien, la ciudadanía nativa los tiene como el colmo de lo gracioso e infantil, al mismo nivel que el pato Donald, los vídeos de Heidi o toda la tropa que forma la ganadería de Walt Disney: los vecinos se los regalan a los niños, los sufridos padres les acompañan a cazarlos a los bosques suburbanos, las familias que carecen de tiempo o de energía los compran en los centros comerciales, donde montan unas enormes jaulas en las que los bichos, machos y hembras, vuelan a su antojo. Hay exposiciones de todas sus variedades en los jardines botánicos, parques, museos de ciencias. Existe toda gama de productos para el bienestar de los escarabajos: jaulas, sacos de tierra mullida -se pasan el día enterrados- comidas diversas, especies de enormes peceras transparentes para observarlos...

En fin, hasta el año anterior yo me había librado; pero con un hijo de cuatro años que no hablaba de otra cosa desde el principio de la primavera ya sabía que esta año no iba a tener tanta suerte. Un día fatídico, de vuelta de una expedición por el bosque con el padre de unos amiguitos experto en estas bestias (dudo que ningún varón japonés, infante o adulto, no lo sea) trajo a casa una pareja de ellas. Ni que decir tiene: a los cuatro días ya se había olvidado de los coleópteros y era su padre el encargado que darles alimento, mullirles la tierra y humedecérsela. Con toda mi repugnancia, me perdía el impulso samaritano, esto es, no era capaz de, a sabiendas, dejarles morir de hambre o sed.

La cosa fue a peor: el edificio donde está nuestra casa se encuentra en el centro de un valle, a medio camino entre una cordillera y un montículo arbolado donde hay unas escuelas. Los animales, atraídos por la luz en la noche, cuando están precisamente más activos, vuelan hasta donde nosotros y, agotados, aquí se quedan, en la cuarta planta. Raro es el día, en lo más crudo del verano, en que no me tope en el corredor exterior de nuestra casa con alguno de estos bichitos, medio agonizantes, sedientos, al borde de la muerte. Antes, cuando desconocía sus costumbres, los ignoraba y se acabó. Ahora, sabiendo que si no los recojo y los alimento morirán, no puedo abandonarlos. Así que, venciendo mi repugnancia, los tomo por el cuerno grande (el único punto de su cuerpo que soy capaz de tocar) y los llevo hasta el terrario mientras ellos patalean. Por fortuna casi siempre se trata de machos (las hembras no tienen cuernos). Allí les doy de comer y enseguida, cuando recuperan fuerzas, se entierran hasta llegar la noche. No conviene meter más de un macho y una hembra en un terrario, pero como sólo tenemos dos no nos queda más remedio a veces que rentar a inquilinos multiples. Una noche escuché alboroto en una de las cajas y me acerqué a ver qué pasaba: dos machos practicaban su esgrima. Temiendo que se hicieran daño los separé. Al día siguiente se repitió la gresca. Miré de nuevo y descubrí que, en la caja grande, donde yo creí que sólo convivían una hembra y un macho, dos de éstos luchaban por la fémina. Ella inteligentemente tomaba su papillita desentendiéndose de la contienda. La pelea del día anterior era un juego de niños comparada con la de ése. Comprendí inmediatamente que lo que había presenciado la víspera no era sino un inocente pasatiempo: y lo de hoy, de verdad, una lucha a muerte. Aunque me sentí tentado a presenciar todo el combate (se trataba de algo homérico, impresionante) resistí la curiosidad investigatoria y, como pude, tomé a uno de los machos y lo coloqué en otra jaula. Inmediatamente el restante se abalanzó sobre la hembra, colocó sus dos patas anteriores sobre el caparazón frontal de ella y comenzó a, yo diría, besarla, a hacer visajes con los palpos sobre la quitina de la cabeza de la moza. La chica, mientras tanto, lo fue ignorando. Como un tonto me quedé allí, mirándolos, durante media hora, sin que la situación cambiara: él, dale que te dale al morrito; ella, comiendo su gelatina lentamente, cada vez con más parsimonia. Aburrido me fui a hacer mis cosas, aunque de vez en cuando volvía, cada media hora, a intentar espiar el progreso de lo que yo consideraba que deberían de ser los prolegómenos de la cópula. Después de tres horas de besuqueos finalmente desesperé y me fui a dormir. Hace unos años leí que una tercera parte de la población de este país consideraban la actividad sexual humana como: "demasiado cansada, tediosa y consumidora de tiempo precioso". Debe de ser, seguramente, el mismo porcentaje que no han tenido la suerte de observar la de los kabuto-mushi. Yo les regalaría una pareja.

No volví a ver a la hembra durante una buena temporada. A los machos sí: uno detrás de otro iban saliendo de la tierra por las noches; a veces, hasta practicaban su esgrima, pero ahora sin el fragor de aquel torneo a muerte que presencié una vez. Poco a poco se fueron muriendo. Mi suegro -que es biólogo, como creo que ya he dicho- me informó que su vida media no va más allá de las dos semanas. Bueno, pues el que menos llegó al mes y medio, a decir de los expertos gracias a mis esmeradas atenciones.

Vinieron los finales de setiembre. La hembra seguía con vida y con un apetito extraordinario. La mañana del último día del mes la descubrí plácidamente tumbada sobre la gelatina que tanto le gustaba. Estaba muerta. Su vida había durado como unas seis veces más que lo que decían los libros. No sé por qué me pareció en aquel momento que su postura fúnebre era la de un animal que se había despedido de este mundo feliz de haberlo vivido.

Los terrarios están todavía, vacíos, entre las plantas del balcón. Cuando ahora, otoño avanzado, los miro, siento una tonta nostalgia. El próximo año, al principio del verano, seguramente acompañaré a mi hijo, a su amiguito y al padre experto en los kabuto-mushi a su excursión de caza. A ver si hay suerte y atrapamos alguna buena hembra. Quien sabe: a lo mejor hasta nos nacen crías. Sería tan bonito.

A propósito de "Japón exprime el atún del Mediterráneo"

Rescato ahora otro artículo de la misma época y tono de los anteriores. Creo que éste conserva mayor vigencia.



Lunes, 26 de agosto de 2002

Pesadilla algo ejemplar de una noche de verano

A propósito de "Japón exprime el atún del Mediterráneo"

Jacobo Nipónico | Tokio


Flores de color violado, coronas funerarias; un ataúd. Pierre y Manolo, dos hijos sobrios, dignos, velan al padre. Terminan las exequias. Se lee el testamento: el legado de los muchachos, un generoso patrimonio. A los pocos meses -qué desgracia- comienzan a malvender su herencia a un pérfido oriental de mirada aviesa.

Los pobres calaveras ya se ven al borde de la ruina. Buenas gentes se apiadan. En los periódicos aparecen artículos: Un astuto japonés exprime a los herederos. La opinión pública denuncia que las compras masivas de empresas a los hermanos Marenóstrum están acelerando su caída en la ruina miserable. Se haga aquí, no obstante, honor a la verdad, que no quede en entredicho la integridad de la prensa. Tras los titulares, alarmistas -que diría algún exagerado-, en el cuerpo de los sedudos artículos, ya se explica todo sin sombras, sin sensacionalismo: las transacciones son legales hasta el escrúpulo; los precios, justísimos; nadie, sino su propia mala cabeza, aconseja a los muchachos malbaratar su patrimonio.

Pero ¿quién lee un periódico hasta su última línea? El tiempo es oro, sabe usted. Las buenas gentes señalan al mercader oriental con el dedo. Las amenazas, primero entre dientes, acaban por no disimularse. Vuelan las primeras piedras. Una le alcanza, en la frente. Ya se oye a otra romper el aire, su impacto seco...

Santiago se despertó bañado en sudor. En el último momento de la pesadilla la cara del oriental se había transformado en la suya propia. Se levantó del futón sobre el pie derecho y miró el calendario buscando un omen: 25 de agosto, santa Ebba la Mayor. Qué mejor augurio: las verdes colinas de Nortumbria, la furia del viking, "Tú, que tanto quisiste a tu Inglaterra/ que ni tan siquiera la nombraste...". Este iba a ser, sin duda, un gran día. Se fue para el ordenador y releyó a Ferrán Adrià: El mejor 'sushi' del mundo, El País, 3 de agosto. La cosa estaba clara: aquel domingo, sushi.

Ya en el taxi los jugos gástricos comenzaron a trabajar. "Irasshaimase!", le saludó Tanaka san, con su sonrisa de siempre, mientras, entre la palma de su mano izquierda y dos dedos de la derecha, amasaba de forma tan diestra el arroz. El aroma del pescado fresco pusieron a Santiago en un estado de franco delirio. Sin casi mirar el menú, casi también sin dar tiempo a la esposa de Tanaka san para que sirviera el té, ordenó su plato favorito: sushi surtido de la casa.

Sabía que el divino manjar tardaría como un cuarto de hora en ser servido. Sacó de la cartera su pequeño portátil y el keitai del bolsillo. En España eran las cinco de la mañana, pero seguramente ya podría leer la edición electrónica de El País del domingo. ¿Tocaba éste el artículo de Vargas Llosa o era al siguiente?

Japón exprime el atún del Mediterráneo. Las ONG denuncian que las capturas masivas para el mercado del 'sushi' están acelerando la extinción de la especie, leyó estupefacto. No le dio tiempo a más. La sonriente esposa de Tanaka san ponía delante de él, en ese mismo instante, la bandeja con la ambrosía: el mejor sushi del mundo. Ahí estaban: el blanco con tonos marfiles del arroz, el rojo incitante del maguro; ese sabor del más exquisito gohan aromatizado con el punto justo de vinagre y wasabi; el suave filete de pescado que, apenas sin esfuerzo, se disolvería en la boca...

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. El allí, cargado de culpa, en su ignorancia, con sus hedonismos, con sus placeres egoístas, pérfidamente, estaba contribuyendo a un 'desastre ecológico de primera magnitud'. Pero Santiago era un buen ciudadano. Sin mirar el plato siquiera, se levantó, pagó y salió muy dignamente del restaurante para no volver a pisar en él nunca más. Sus jugos gástricos se rebelaron. No importaba. Qué duda había: en la esquina, en cualquier esquina, fieles, siempre le esperaban miles de MacDonals.




Jacobo Nipónico era hasta hace unas pocas horas (más exactamente, hasta el momento de leer el artículo arriba glosado) presidente-fundador de la ya disuelta y liquidada "Asociación de españoles amantes del sushi".

viernes, 26 de octubre de 2007

De cuando me hice mundialmente famoso

Me acaban de pedir que republique una serie de artículos antiguos (tres) y un soneto gracias a los que hace unos cinco años me hice mundialmente famoso. Aquí están.



ÉSTAS SON LAS MAÑANITAS


Me florece mi clavel en la mañana
lozanito del color de lindas rosas.
Con süaves caricias no artificiosas
sin sentir ya va virando a un tono grana.

Pronto toma consistencia soberana
y aparecen sensaciones tan hermosas
que cualquiera las llamara milagrosas
en el punto cuando el sabio néctar mana.

De un olímpico se diga que éste es llanto,
el cometa que escapó al divino pecho,
el licor que a tal dragón enterneciera;

mas la triste fuente ha poco pétreo canto,
de rubí recio y diamante tan bien hecho,
humillada en su victoria vuelve a cera.

11.5.02



GÓNGORA


Cual parece al romper de la mañana
aljófar blanco sobre frescas rosas,
o cual por manos hecha, artificiosas,
bordadura de perlas sobre grana,

tales mi pastora soberana
parecían las lágrimas hermosas
sobre las dos mejillas milagrosas,
de quien mezclada leche y sangre mana,

lanzando a vueltas su tierno llanto
un ardiente suspiro de su pecho,
tal que el más duro canto enterneciera:

si enternecer bastara un duro canto,
mirad que habrá con un corazón hecho,
que al llanto y al suspiro fue de cera.





"EL PAIS" Martes, 28 de mayo de 2002
La guerra del 'kit sexo'


Hierve Brasil por la supuesta entrega federativa a los jugadores de revistas porno para 'reflexionar'

  
DIEGO TORRES | Ulsan


Luiz Felipe Scolari convocó ayer una conferencia de prensa exclusiva para la prensa brasileña. Enclaustrado y grave como el presidente de un país en crisis, el seleccionador ofreció a los periodistas firmar la paz 'para conseguir entre todos el pentacampeonato' y cerrar de una vez por todas el escabroso asunto del kit sexo.

Las selecciones que se sienten perseguidas por reporteros desalmados componen un cuadro clásico en un Mundial. Pero el proceso se ha desencadenado con especial furor en Ulsan. En esta ciudad se halla España, con José Antonio Camacho en pie de guerra contra quienes pretenden 'joder' al equipo. Pero también, a sólo tres kilómetros, en los mismos montes que dominan el astillero de Hyundai, Brasil vive días turbulentos. El detonante del conflicto ha sido una supuesta caja con parafernalia pornográfica que, según el diario O Estado de São Paulo, habría sido el producto de una estrategia de la federación para ayudar a los jugadores a soportar la castidad impuesta por Felipao. La solución: reflexionar mirando tales imágenes.

Scolari pidió a los informadores que apagaran sus grabadoras y desconectasen sus cámaras o las apuntaran para otro lado. Finalmente, les suplicó que le escucharan 'como a un amigo'. Se hizo un silencio espeso en la lujosa sala del hotel Hyundai, abarrotada de periodistas, agentes, representantes de la multinacional de ropa deportiva Nike y cajas de hielo en las que flotaban los refrescos tradicionales cariocas.

'Se han escrito noticias falsas que denigran moralmente a la selección y los deportistas brasileños', dijo el técnico antes de pedir que cesara el flujo de información presuntamente irreal sobre cierta incitación al onanismo.

O Estado de Sao Paulo comenzó la polémica diciendo que 'Scolari, a quien no le gusta hablar del asunto, llegó a decir que estaba en contra de la actividad sexual durante la Copa y que después se volvió atrás. Así, no evitaría la entrega de un pequeño kit sexo a los jugadores más curiosos una vez que hubieran dejado Malaisia, lo que hicieron el domingo. Se trata de revistas diversas, desde las picantes a otras que mezclan reportajes interesantes con fotos de mujeres deslumbrantes. Algunos jugadores, como el evangelista Kaká, serían preservados de su lectura. Según el integrante de la delegación que las compró, se pretendería ofrecer al equipo un momento de reflexión. En el "kit" se incluiría un soneto erótico, compuesto, al parecer, por un poeta de origen español residente en Japón. El entrenador de Brasil, informan varias agencias, habría tenido conocimiento de la obra de este escritor a través de un amigo personal, catedrático emérito de la universidad de Brasilia, de origen japonés. Scolari habría encargado la composición utilizando como intermediarios a miembros de la comunidad carioca residentes en el área de Tokio.

Lejos de tomarse el asunto con ligereza, Scolari reaccionó como si atentaran contra sus más inalterables principios. Su orgullo de caballero de Rio Grande do Sul detonó un carácter ya de por sí efervescente. Se enfrentó a los periodistas, les llamó 'hijos de puta' y los amenazó con expulsarlos del Mundial. '¿Queréis apostar?', les intimidó dando muestras de una ira sin precedentes en un seleccionador largamente cuestionado.

Al día siguiente, el periódico decía que el presidente de la federación, Marco Antonio Teixeira, había tomado cartas en el asunto tras el violento episodio mediante una reunión de urgencia en Kuala Lumpur para reclamar discreción y calma a los técnicos y los jugadores. Finalmente, anunciaba la deportación del material pornográfico: 'Las revistas (...) inician este domingo el viaje de vuelta a territorio nacional. Están en poder de un miembro de la delegación que las debía entregar y que también está volando hacia Brasil. Con el poema, ya veremos qué vamos a hacer. Se trata, sin duda, de un asunto diferente'.

Si bien el presidente de la federación no quiso entrar en detalles, este periodista ha podido saber, gracias a informaciones proporcionadas por miembros de la prensa brasileña acreditada en este mundial, que la inclusión del poema habría sido una propuesta personal de Luiz Felipe Scolari. Tan inusitada propuesta habría tenido como intención añadir un matiz de juego intelectual al conjunto y, de este modo, ganar la simpatía de miembros destacados del mundo de las letras brasileñas. Esto suavizaría, desde su punto de vista, las posibles críticas que pudieran producirse en el futuro ante la eventualidad de que el asunto saliera a la luz pública, como de hecho ha sucedido. El poema habría sido traducido al portugués por el catedrático mencionado, amigo del técnico.

Nada más conocida la noticia, este corresponsal ha intentado establecer contacto telefónico con la embajada de España en Tokio a fin de confirmar la existencia de un autor de literatura erótica de origen español residente en Japón, tal y como se afirmó en la rueda de prensa, y, en caso afirmativo, recabar información sobre su identidad. Desgraciadamente, tras multiples intentos, dado lo avanzado de la hora, sólo nos ha sido posible conversar brevemente con un miembro del servicio de limpieza adscrito a la legación diplomática quien, haciendo uso de un español más bien precario, apenas no ha podido sino informarnos sobre la situación meteorológica en la capital nipona: temperatura alta, humedad superior al setenta por ciento, lluvias intermitentes.




  EDICIÓN IMPRESA
 JUEVES, 30 DE MAYO DE 2002
   

  Jacobo Nipónico
'Se me pone mi clavel en la mañana / lozanito, del color de lindas rosas...'

Santiago Segurola, Tokio

Un escritor español de poesía erótica en Japón compone un soneto prólogo al "kit-sexo" de la selección brasileña de este mundial.



Como ya informábamos en ediciones anteriores, un desconocido autor español de literatura erótica fue el encargado de añadir el "toque intelectual" al famoso "kit-sexo" que los máximos directivos del fútbol brasileño pretendían entregar a los jugadores de su selección con el fin de hacer más llevadera la abstinencia sexual impuesta por el seleccionador Luiz Felipe Scolari para esta copa del mundo. Puestos en contacto con la embajada de nuestro país en Tokio hemos podido finalmente identificar al anónimo español responsable de la composición poética, que ayer publicábamos en estas mismas páginas.

Citamos a Jacobo Nipónico en el lujoso hotel Okura, en el centro de la capital tokiota, junto a la embajada española. Acude a nuestra entrevista con puntualidad nipona. Se trata de un hombre de unos treinta y cinco años, moreno. Su atuendo informal contrasta con la atildada vestimenta de los hombres de negocios que componen casi en su totalidad la clientela de la cafetería del hotel. Las gafas de fina montura y su aire ligeramente profesoral le confieren una apariencia que no concuerda con la idea que generalmente se tiene de los autores de literatura erótica.


PREGUNTA. ¿Desde cuándo es usted escritor de literatura erótica?
RESPUESTA. La verdad es que nunca he sido escritor de literatura erótica. Es más, nunca he sido escritor de literatura en el sentido profesional de la palabra. Soy, sencillamente, un profesor de español que como entretenimiento de vez en cuando escribe, relatos, poesía; y de forma esporádica sonetos eróticos.

P. ¿Cómo se produjo este encargo? ¿Tiene usted alguna relación con el seleccionador del equipo brasileño?
R. Ninguna en absoluto. Todo el proceso me ha sorprendido a mí más que a nadie. De hecho jamás he publicado ningún poema mío ni tenía intención de hacerlo. A través de internet de vez en cuando se los envío a las amistades, solamente eso. Angela Ikehashi, una buena amiga brasileña, ingeniera, que hoy en día vive y trabaja en Seattle, en Estados Unidos, envió alguna de mis composiciones a su padre, el Dr. Ikehashi, profesor retirado de la universidad de Brasilia y no sé muy bien cómo llegaron a manos del seleccionador de Brasil. Un día me llamaron desde "International Press", una empresa de Tokio que publica dos periódicos, uno en español y otro en portugués, y me hicieron el encargo.

P. ¿No le pareció un "encargo" un tanto extraño?
R. En principio no, porque ya había escrito varios artículos hace tiempo para el periódico en lengua española. Algo me asombró el que conocieran mis sonetos, eso sí. Y después, claro, me pareció gracioso todo el asunto, cuando me lo explicaron con detalle.

P. Le llevó mucho tiempo terminar el poema...
R. En honor a la verdad, escribir el primer borrador, una hora más o menos, y otra la versión definitiva: cambiar alguna palabra que alitere, alterar el ritmo y esas cosas.

P. ¿Recibió alguna instrucción sobre el tono o el contenido del poema?
R.Obviamente, el tema me lo sugirieron ellos. También me pidieron que el tono fuera lo más "cultista" posible. En eso no hubo demasiado problema. Como siempre hago en estos casos "robé" la rima de un poema de la literatura clásica española, lo que necesariamente imprime un tono arcaizante a la hora de la composición, e incluí alguna referencia mitológica. Creo que la alusión a un dragón que aparece en la primera parte del "Kojiki" (obra básica de la mitología japonesa, siglo VIII d.C) era lo suficientemente oscura como para cumplir con creces el objetivo de "cultismo" que me habían apuntado.

P. ¿Ha cobrado mucho por escribirlo?
R. Yo no puse ningún precio. Supuse que me pagarían, pero no sabía cuánto ni lo pregunté. Se puede decir que la cantidad no ha estado mal.

P. ¿Qué cantidad exactamente?
R. [Se ríe] Bueno, mucho más de lo que yo esperaba. Dejémoslo ahí.

P. ¿Piensa dedicarse de ahora en adelante a la poesía como profesional?
R. Por supuesto, si encuentro clientes tan buenos como la selección brasileña [se vuelve a reír]. Espero poder seguir dedicándome muchos años a mi profesión actual, la enseñanza de la lengua española. Eso sí, si encuentro algún editor interesado, en el futuro me gustaría publicar mis poemas y, sobre todo, mis relatos.

P.¿Cuánto tiempo lleva viviendo en Japón?
R. Más de ocho años

P. ¿Por algún motivo en especial?
R. En principio me vine por motivos profesionales: me ofrecieron un buen trabajo en una universidad. Más tarde las razones personales acabaron tomando ventaja. Este es un país en el que me encuentro muy agusto en términos generales. A veces echo de menos cosas como, por ejemplo, ir a una librería o a una biblioteca con libros en español, poder hablar más a menudo mi idioma. Me paso meses y meses sin mantener una conversación en español normal, como ahora. Ese es uno de los motivos por los que escribo ficción y, sobre todo, poesía: para obligarme a usar los recursos del idioma de forma consciente. Me sirve de terapia.
__________________________________________

La lucha de clases


Prefiero tres putas baratas
a cuatro marquesas con joyas,
porque a éstas en tratos de pollas,
si bien prestas se abren las patas,

triscado detras de las matas,
tan pronto certero las hollas
calzarte querrán las argollas:
con siempres te dan malas latas.

Si tratas con profesionales
la pasta la toman muy astutas:
en esto se acaban tus males.

Quien ha recorrido mil rutas
si firme sigue en sus cabales
de siempre se apunta a las putas.


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Domingo, 7 de julio de 2002
EL DEFENSOR DEL LECTOR | CAMILO VALDECANTOS

   Tutankamón, a secas


El magisterio de Lázaro Carreter ha venido en ayuda del Defensor. Ayuda doblemente valiosa, por espontánea. En su Dardo del pasado domingo, después de zurrar la badana a un manojo de gazapos, la mayoría orales, cazados durante el Mundial 2002 de fútbol, se refería a las palabras malsonantes que ametrallan el idioma en los medios de comunicación.

Refiriéndose al exceso de tropelías que anotó durante el Mundial, Lázaro Carreter escribió: 'Sólo me quedan reminiscentes los tacos con que tantos comunicadores -y no sólo de deportes, pero éstos parecen haberse concedido bula- se apoyan para andar cojitrancos por el idioma y entristecerlo. El taco en sí no resulta abominable cuando entra como un estoque en la charla confianzuda, oportuno, en su sitio. Pero es síntoma de hambruna mental eyacularlos en público y reírlos'.

El Libro de estilo de este periódico -se ha recodado aquí no hace demasiado tiempo- es muy severo ante las que llama expresiones malsonantes: 'Las expresiones vulgares, obscenas o blasfemas están prohibidas. Cómo única excepción a esta norma cabe incluirlas cuando se trate de citas textuales, y aun así, siempre que procedan de una persona relevante, que hayan sido dichas en público o estén impresas y que no sean gratuitas. Es decir, sólo y exclusivamente cuando añadan información. Una palabrota pronunciada durante una entrevista no justifica su inclusión en el texto, cualquiera que sea la persona que la emitió'.

Lo cierto es que los futbolistas, en general, y el ex seleccionador nacional, José Antonio Camacho, en particular, ponen en un brete a quien intente aplicar el Libro de estilo.
Es rara la rueda de prensa en la que alguno de estos deportistas no se lleve los testículos a la boca, con pasmosa naturalidad y en su acepción más zafia, claro; ni comparecencia pública que no se adorne con variedad de palabros malsonantes.

El problema llega a la hora de transcribir en el periódico pláticas tan didácticas.

¿Es Camacho una persona relevante en el mundo del fútbol? ¿Y un jugador destacado de Primera División? Parece que sí y que las expresiones han sido proferidas en público. El gran problema es dilucidar si añaden información, como exige la norma del periódico.

El hecho cierto es que algunas de estas expresiones se han colado en las últimas semanas, incluso en titulares. Será necesario un debate interno para intentar frenar esta marea.

Lo más grave es que el periódico, por su cuenta, coadyuve a extender sus efectos.

J. I. Pascual y Jordi Domenech se han dirigido al Defensor para protestar, con muy atinadas razones, porque el pasado 28 de junio se publicó una columna de opinión, en la sección de Deportes, firmada por Ramón Irigoyen, titulada ¿Qué dices, Tutankabrón? Allí se criticaba al arbitro egipcio, Gamal Ghandur, al que muchos culpan de que la selección nacional de fútbol resultase eliminada en el partido frente a Corea.

El juego de palabras que pretende evocar al faraón Tutankamón se convierte, lisa y llamente, en un insulto y logra, en un solo vocablo, mezclar la palabra soez con el agravio gratuito. Ambos, vetados por las normas de estilo de este periódico. Los responsables de la sección de Deportes debieron advertir al colaborador de que no era posible publicar ese texto. El hallazgo era ingenioso, pero más propio de la 'charla confianzuda'.



Poesía y Mundial

Otro asunto conectado con el anterior, de cariz bien diferente no obstante , ha ocupado también la atención del Defensor a lo largo de todo el mes pasado. En la sección de Deportes del 30 de mayo se publicaba bajo el título de Se me pone mi clavel en la mañana / lozanito del color de lindas rosas una entrevista con un escritor español que compusiera un poema erótico por encargo de la selección de fútbol brasileña. Al final de esta entrevista se incluía una muestra de la obra del mismo autor, diferente de la que daba origen a la noticia, que ya había sido publicada en la misma sección deportiva el 29 de mayo.

Varias personas se pusieron en contacto con el Defensor del Lector a lo largo de los días siguientes. La crítica más encendida y contundente vino de parte de D. Arturo Méndez de La Sangüesa, Marqués de la Cota del Estrecho, presidente de la Asociación Española de Títulos de Nobleza y Fijosdalgo. Las objeciones de D. Arturo sintetizan todas las recibidas. A su juicio la publicación del poema era inoportuna por diversas razones: no apropiado para la sección de deportes, tono soez poco acorde con la dignidad de este periódico, inclusión de palabras de naturaleza malsonante que pudieran herir la sensibilidad de adolescentes o personas especialmente impresionables. No obstante, en su nota el presidente de esta Asociación nos participaba que su repulsa hacia tal poema se fundamentaba sobre todo en la consideración de que constituía un escarnio frontal para con todas las damas de la nobleza, escarnio doble, motivado no sólo por el contenido del escrito, sino, fundamentalmente, por la, a su juicio, ínfima calidad de éste.

En conversación con el responsable de la entrevista, el redactor-jefe de la sección de Deportes, Santiago Segurola, se nos informó de que, si bien era cierto que la inclusión del segundo poema, el objeto de la polémica, no representaba una necesidad informativa de primer orden, -no así el primero, que por su conexión con la noticia cubierta era de inexcusable publicación- había considerado oportuno darlo a conocer en atención a la presumible curiosidad por parte de los lectores de nuestro país por la obra de un español involucrado en una noticia que el propio Segurola califica como inusual y graciosa. Parece ser que se solicitó del autor una muestra de sus poemas y que de entre los proporcionados ( un libro inédito titulado Como cola de alacrán) el periodista eligió el, a su juicio, más significativo.

Mediante llamada telefónica conversamos directamente con Jacobo Nipónico, el autor del polémico soneto. Se mostró vivamente sorprendido por las protestas y nos participó que, si bien, obviamente, no entraba en valoraciones con respecto a la calidad de su producción, consideraba que era claro que se habían malinterpretado sus palabras. Los términos "marquesas" o "putas" no habría en modo alguno que tomarlos en el sentido literal del término. Por otro lado, añadió, se encontraba muy asombrado de que nadie con un mínimo de formación académica pudiera interpretar al pie de la letra un poema de evidente tono jocoso. Antes de terminar nuestra conversación insistió en que, de cualquier modo, hacía partícipe de sus disculpas a todas las personas que de alguna manera pudieran haberse sentido ofendidas.

El Defensor creyó oportuno ponerse en contacto con miembros de la nobleza española no pertenecientes a la Asociación ya citada, a fin de comprobar si lo expresado por el Sr. Méndez de La Sangüesa respondía a un auténtico estado de malestar general por parte de tal segmento de la sociedad española. La duquesa de Medina Sidonia nos hizo saber que consideraba el poema, en cuanto a su contenido, acertadísimo: nos dijo tener conocimiento no sólo de cuatro marquesas cuya conducta habitual respondiera a la descrita en el poema, sino tal vez de varias decenas, entre las que se podrían incluir duquesas, condesas y grandes de España. La duquesa de Alba, por su parte, rehusó hacer cualquier tipo de comentario. Reconoció una gran afición por la poesía, nacida en la época en la que su esposo, el fallecido Jesús Aguirre, le dedicara Secreto a voces, pero consideró más oportuno mantenerse al margen de la polémica. Quiso puntualizar, no obstante, que el duque había sido siempre un caballero y que jamás habría incluido la más mínima alusión soez en ninguna de sus composiciones líricas.

No deseando pronunciarse personalmente el Defensor del Lector con respecto a la calidad literaria del escrito que le ocupaba creyó que sería solución más oportuna el recabar la opinión de un experto en estudios filológicos. Contactada la Real Academia Española de la Lengua se nos remitió a su vez al Prof. D. José Antonio Pascual Rodríguez, miembro de número de ésta, catedrático de Lengua Española de la U. de Salamanca y reconocido experto internacional en la historia de nuestro idioma. El Prof. Pascual nos hizo saber que estaba al tanto de la polémica y también interesado en extremo. A su juicio los dos poemas del autor eran de una calidad excepcional, y por ello deseaba que su autor diera a conocer con la mayor brevedad posible el resto de su obra, una obra que sin duda constituiría un acontecimiento dentro del mundo de las letras hispanas. Tras conocer tan autorizada opinión de un miembro de la Docta Casa este Defensor consideró cerrada la polémica.

Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector por carta o correo electrónico (defensor@elpais.es), o telefonearle al número 91 337 78 36.


 


   





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Viernes, 26 de julio de 2002
EL CONFLICTO HISPANO-MARROQUÍ
Abusos sexuales contra las cabras de Perejil

Varias ONGs denuncian en Londres supuestos excesos cometidos por los legionarios españoles contra las cabras del islote

MIGUEL GONZÁLEZ | Madrid

Varios organizaciones de protección animal, entre las que se encuentran grupos como Veterinarios sin fronteras o Help the Goats, celebraron ayer una rueda de prensa en la sede londinense de ésta última asociación a lo largo de la cual denunciaron lo que califican como "ultraje insoportable contra el reino animal perpetrado por los miembros del Ejército Español". La asociación Help the Goats cobró notoriedad en nuestro país tiempo atrás por su protesta contra la "fiesta de la cabra", celebrada anualmente en la localidad zamorana de Villamanes de la Polvorosa. La presidenta de esta ONG, Ruby Thatcher, sobrina de la antigua premier del Reino Unido, acusó de forma implacable a las autoridades españolas y europeas en general de olvidar los derechos de los animales en este conflicto: "España ha conseguido, con ayuda de todos sus aliados, el objetivo que desde un principio se marcó: recuperar el statu quo del islote. Pero en ningún momento nadie se ha planteado el coste traumático que ésta acción podría suponer en el equilibrio emocional de las cabras." Estos animales -continuó informando- son unos de los seres más sensibles de la creación: la llegada de extraños, sobre todo en grupos numerosos, les producen un stress difícil de soportar. Marruecos, dando muestras de buen sentido, jamás envió más de una docena de soldados al islote, número que podemos considerar límite dado el espacio de la isla. Las autoridades españolas no tuvieron el menor escrúpulo de multiplicar ese número, lo que, junto al revuelo causado en el momento de ser tomado el islote por las fuerzas especiales españolas, produjo un estado de shock en las cabras, visible en las grabaciones de vídeo que esta ONG llevó a cabo desde su observatorio en Punta Leona.

Las fuerzas de la Legión destacadas en Perejil -prosiguió Ruby Thatcher- no contentándose con el daño que provocaba su mera presencia, desde un primer momento molestaron a las cabras con actitudes que, según ella, se podrían calificar de sádicas. (La conferencia entonces se interrumpió brevemente para mostrar unas secuencias de vídeo en las que se veía a varios legionarios que, persiguiendo a un grupo de animales, cantaban a voz en grito la popular canción de "La cabra, la cabra, la p... de la cabra...")

Al finalizar esta breve secuencia la presidenta de la ONG, asumiendo un tono mucho más grave y formal, terminó la rueda de prensa con estas palabras: "Consideramos al Ejército Español responsable principal de los abusos repugnantes cometidos contra estos indefensos animalitos, abusos de naturaleza infame, de los cuales tenemos pruebas documentales que, por respeto a la sensibilidad de los presentes, no nos atrevemos a mostrar. Exigimos del gobierno español una reparación inmediata. Las cabras necesitan apoyo post-trauma."

La reacción del gobierno español ante ataques de tal entidad se produjo casi de forma inmediata. El ministro de Defensa, en declaraciones realizadas en la misma tarde de ayer manifestó: "Estas acusaciones carecen de fundamento. El gobierno español ha tenido siempre en mente no sólo a las cabras, sino a todo el resto de la flora y la fauna de Perejil. Entre todos los grupos operativos que podrían haberse encargado de la custodia del islote, tras la acción de las Fuerzas Especiales, elegimos a la Legión por una razón evidente: su afinidad con el reino animal (la mascota del Tercio no es sino un carnero). Desde el primer instante todos los miembros del destacamento tenían órdenes prioritarias de atender en sus mínimas necesidades a los animales, y así lo hicieron. No obstante, durante la segunda noche de permanencia en la isla las cabras dieron muestra de inquietud, por lo que se contactó al servicio de veterinaria del Ejército. El dictamen de los doctores fue unánime: las cabras, hembras en su inmensa mayoría, llevaban varios días sin ser ordeñadas. El mando, en consecuencia, dictó las órdenes oportunas y al alba, sin dilación alguna, y con un fuerte viento de levante que dificultaba en sumo grado las operaciones, comenzó lo que dimos en llamar "Misión Quesomanchego", una misión que, fuerza es reconocerlo, no resultó todo lo exitosa que esperábamos. Nuestros muchachos, por supuesto, son novios de la muerte, no cabreros. Las imágenes que dicen haber grabado seguramente fueran tomadas aquella fatídica mañana. No obstante, no pueden ser sacadas de contexto. "

"La población de cabras macho de Perejil -prosiguió el ministro- es exigua, lo que constituye un factor añadido de intranquilidad en la colonia. Pudiera ser que no todas las hembras se encontraran presas de un estado de excitación motivado por falta de ordeño, y también es posible que alguno de nuestros muchachos creyera percibir la causa y, por su propia cuenta y riesgo, intentara poner remedio a tal estado, siempre obrando con la mejor de las intenciones. En tal caso estoy seguro que de que actuaría siempre con el consentimiento de la cabra. No podemos dudar del honor de un caballero legionario."

Preguntado el ministro si esta última contingencia no se pudiera deber más bien a una falta de previsión por parte de la Defensa española con respecto al estado de la tropa, Federico Trillo lo negó con contundencia: "El Ministerio, desde hace muchos años, desarrolla un programa de investigación para estos supuestos, el programa "Sultán". Los miembros de este grupo de investigación, siempre al tanto de los últimos avances en su disciplina, se habían puesto en contacto con el equipo de psicólogos de la selección nacional de Brasil, vencedora en la última edición de la copa del mundo de fútbol, a fin de recabar información sobre las técnicas revolucionarias diseñadas por este grupo para solventar la abstinencia sexual impuesta por el seleccionador Scolari, y que tan buen resultado parecían haber dado. El equipo de psicólogos brasileños amablemente envió muestras del ya famoso "kit-sexo", que fueron repartidas a la tropa poco antes de la toma de Perejil. Con respecto a los mandos, no considerándose apropiados para este estamento los contenidos del citado "kit", nada más que la operación "Romeo Sierra" comenzó a ser diseñada, se solicitó a Jacobo Nipónico, el autor del famoso soneto prólogo, el envío de su libro inédito, Como cola de alacrán, que fue inmediatamente repartido entre los oficiales. El "kit-sexo", a pesar de que sus contenidos aparecían íntegramente en lengua portuguesa, constituyó un rotundo éxito entre los soldados. Por desgracia no podemos afirmar lo mismo por el lado de los mandos, quienes ostensiblemente miraban con el rabillo del ojo el material gráfico que observaban con delectación los hombres bajo sus órdenes."


 


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Mi blog en latín

A estas alturas me imagino que todos sabréis que tengo un blog en latín aquí.

Durante bastante tiempo (como un mes) no lo he tocado y me da mucha pena. Me he hecho el propósito de que, aunque sean unas breves líneas, de vez en cuando voy escribir en él. Las siguientes son traducción literal del último "post" (de poca sustancia) que acabo de publicar en él.

Desde hace mucho tiempo que no he escrito en este blog. He tenido demasiado trabajo: "Ars longa..." Hoy tampoco tengo mucho tiempo, pero quería escribir estas líneas, aunque fueran breves.

Esperad, lectores, nuevas palabras. Y leed también mi blog en español. Está aquí.

Shönheit



Rom, am 29. October 1903

[...] Dazu ist noch zu rechnen, dass Rom (wenn man es noch nicht kennt) in den ersten Tagen erdrückend traurig wirkt: durch die unlebendige un trübe Museumsstimmung, die es ausatmet, durch die Fülle seiner hervorgeholten un mühsam aufrecht erhaltenen Vergangenheiten (von denen eine kleine Gegenwart sich ernänrt), durch die namenlose, von Gelehrten un Philologen unterstützte un von den gewohnheitsmässigen Italienreisenden nachgeahmte Überschätzung aller dieser entstellten und verdorbenen Dinge, die doch im Grunde nicht mehr sind als zufällige Reste einer anderen Zeit und eines Lebens, das nicht unseres ist und unseres nicht sein soll. Schliesslich, nach Wochen täglicher Abwehr, findet man sich, obwohl noch ein wenig verwirrt, zu sich selber zurück, und man sagt sich: Nein, es ist hier nicht mehr Schönheit als anderswo, und alle diese von Generationen immer weiterbewunderten Gegenstände, an denen Handlangerhände gebessert und ergänzt haben, bedeuten nichts, sind nichts und haben kein Herz un keinen Wert; - aber es ist viel Shönheit hier, weil überall viel Shönheit ist.


De Briefe an einer jungen Dichter, Rainer Maria Rilke

jueves, 25 de octubre de 2007

Góngora



[...]

Pero en la poesía encontró siempre, no tan sólo hermosura, sino ánimo,
La fuerza del vivir más libre y más soberbio,
Como un neblí que deja el puño duro para buscar las nubes
Traslúcidas de oro allá en el cielo alto.
Ahora en el reducto último de su casa y su huerto le alcanzan todavía
Las piedras de los otros, salpicaduras tristes
Del aguachirle caro para las gentes
Que forman el común y como público son árbitro de gloria.
Ni aun esto Dios le perdonó en la hora de su muerte.
Decretado es al fin que Góngora jamás fuera poeta,
Que amó lo oscuro y vanidad tan sólo le dictó sus versos.
Menéndez y Pelayo, el montañes henchido por sus dogmas,
No gustó de él y le condena con fallo inapelable.

Viva pues Góngora, puesto que así los otros
Con desdén le ignoraron, menosprecio
Tras del cual aparece su palabra encendida
Como estrella perdida en lo hondo de la noche,
Como metal insomne en las entrañas de la tierra.
Ventaja grande es que esté ya muerto
Y que de muerto cumpla los tres siglos, que así pueden
Los descendientes mismos de quienes le insultaban
Inclinarse a su nombre, dar premio al erudito,
Sucesor del gusano, royendo su memoria.
Mas él no transigió en la vida ni en la muerte
Y a salvo puso su alma irreductible
Como demonio arisco que ríe entre negruras.

Gracias demos a Dios por la paz de Góngora vencido;
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora exaltado;
Gracias demos a Dios que supo devolverle (como hará con nosotros),
Nulo al fin, tranquilo, entre su nada.


Luis Cernuda, Como quien espera el alba

miércoles, 24 de octubre de 2007

Visita muy trabajada


Estos días, a causa de la visita a estas tierras del "rector que vino del Lejano Occidente" es que no he parado. Por eso, no ha habido tiempo de escribir cosa de fundamento. En lugar de las chorraditas que me saco del magín he publicado tres textos, para mí extraordinarios.

El poema de Pepe Hierro personalmente lo tengo por el más profundo de toda la literatura española; además, me parece que su belleza formal no desmerece en altura al tema. Nunca he sido capaz de leerlo sin sufrir ese escalofrío que nos ataca cuando sentimos la presencia del arte auténtico.

El fragmento de Carpentier lo recuerdo de tarde en tarde; me trae aromas de mis años mozos y me sirve de revulsivo y espirizante. Descubrí a Carpentier cuando tenía diecisiete años: un compañero del instituto, fanático del "boom", me prestó El siglo de las luces en esa antigua edición de Bruguera con inolvidable portata de etiqueta de ron. Me lo leí de un golpe (todo lo de golpe que se puede leer una novela de trescientas y pico páginas) y lo tuve hasta el final de mis años de universidad (por lo menos los primeros, los de Clásicas) como ejemplo superior de prosa castellana. Cuando fueron pasando los años esa admiración por el barroquismo carpenteriano se fue convirtiendo, un poco, en fastidio. Empecé a querer descubrir excesos verbosos y pirotecnia oropelera. Han pasado los años y, aunque a veces me fastidien algunos parrafos en los que el autor cubano se deja llevar por el impulso de la logorrea, lo frecuento, pero intentando ir hacia lo profundo -no como antes, que lo hacía casi a matacaballo-; releo y releo un mismo párrafo y me maravillo de su uso del lenguaje, del diálogo entre lo clásico y castizo que se entremezclan en sus páginas.

Finalmente hemos llegado al diálogo que da comienzo a What is Mathematics Really. Este libro lo encontré casualmente en la sección de historia de la ciencia en Heffers, aquella librería mítica de Cambridge que me recomendara mi maestra, Carmen Pensado. La verdad es que un año antes, cuando salió, lo había hojeado ya en Kinokuniya, en Tokyo, pero entonces lo pasé por alto. La promesa hecha en el prólogo, de "explicar en unas páginas las bases del cálculo infinitesimal" hicieron que me decidiera a invertir en él las últimas libras que me quedaban una hora antes de subir al autobús para Heathrow. A pesar de que leí las páginas en cuestión con mucho detenimiento he de confesar que no fue sino cuando estudié al detalle un manual de Cálculo cuando finalmente las comprendí. No obstante de este fracaso el libro me parece indispensable para todo el que tenga curiosidad por saber qué sean las matemáticas en el siglo veintiuno. Para los pirados de los números (entre los que felizmente me cuento) es casi una obligación. En cuatro palabras: la pregunta fundamental que subyace tras la obra es: "La matemática, ¿se descubre o se inventa?" Pocas problemas intelectuales me parecen más apasionantes que éste. Bueno, no quiero destripar el libro. Léalo cada cual si el fragmento que incluí hace unos días le ha despertado el gusanillo.

El Rector (y su señora) a las horas que esto escribo ya habrá llegado a Narita y estará esperando el embarque. A mí me quedará más tiempo y seguiré escribiendo estas naderías que de exorcismo a la soledad me sirven. Me ha animado mucho el que tres lectores -dos por e-mail y una en persona- me hayan asegurado que lo van leyendo y que lo encuentran moderadamente interesante: yo a estas alturas, al no haber ningún comentario, casi estaba convencido de que nadie lo miraba y a punto estaba de cerrarlo y volver a lo de antes, a un diario para uso personal.

Por cierto, la verdad es que sí que escribí alguna cosa en todos los trenes, metros y taxis a los que me he visto obligado a subir en estos días. Cuando me encuentro en estado de stress no me sale la prosa; es el verso el que me relaja, me hace salir del mundo y me pone en la estratosfera. Incluir esos partos poéticos de mi imaginación en este blog no me pareció oportuno. Unos los he publicado, junto con algún pergeño antiguo, aquí. Otro va en una página de romances que espero seguir ampliando. Si alguien quiere echarle un vistazo a este último no le quedará más remedio que mandarme un e-mail. Yo le enviaré la dirección con muchísimo gusto (y la vanidad consecuentemente inflada cual globo meteorológico).

martes, 23 de octubre de 2007

Hacía mucho tiempo que no contemplaba el fuego

Esa mujer se refería a las yerbas como si se tratara de seres siempre despiertos en un reino cercano aunque misterioso, guardado por inquietantes dignatarios. Por su boca las plantas se ponían a hablar y pregonaban sus propios poderes. El bosque tenía un dueño, que era un genio que brincaba sobre un solo pie, y nada de lo que creciera a la sombra de los árboles debía tomarse sin pago. Al entrar en la espesura para buscar el retoño, el hongo o la liana que curaban, había que saludar y depositar monedas entre las raíces de un tronco anciano, pidiendo permiso. Y había que volverse deferentemente al salir, y saludar de nuevo, pues millones de ojos vigilaban nuestros gestos desde las cortezas y las frondas. No sabía decir por qué esa mujer me pareció muy bella, de pronto, cuando arrojó a la chimenea un puñado de gramas acremente olorosas, y sus rasgos fueron acusados en poderoso relieve por las sombras. Iba yo a decir alguna elogiosa trivialidad cuando me dio bruscamente las buenas noches, alejándose de las llamas. Me quedé solo contemplando el fuego. Hacía mucho tiempo que no contemplaba el fuego.



Alejo Carpentier, Los pasos perdidos

domingo, 21 de octubre de 2007

Mis hijos me traen flores de plástico

Os enseñé muy pocas cosas.
(se hacen proyectos..., se imagina..., se sueña...
La realidad es diferente.) Pocas cosas
os enseñé: a adorar el mar;
a sentir la alegría de ver vivir a un animal minúsculo;
a interpretar las palabras del viento;
a conocer los árboles, no por sus frutos:
por sus hojas y por su rumor;
a respetar a los que dejan
su soledad en unos versos, unos colores, unas notas
o tantas otras formas de locura admirable;
a los que se equivocan con el alma.
Os enseñé también a odiar
a la crueldad, a la avaricia,
a lo que es falso y feo, a las flores de plástico.

[...]

Aquí me dejan bajo tierra. Es una tarde de febrero.
Todo es negro cuando se van. Y mudo. Se ha extinguido
esa música gris que antes sonaba.
También el tiempo se ha borrado, y su sufrimiento,
de mi cuerpo. Ya el sufrimiento y el tiempo
van deshaciendo poco a poco lo que fue,
y tuvo fe y desánimo, fantasía y amor.
¡Qué pequeño es ahora, a esta distancia
absoluta, el afán diario! ¡Qué pequeño lo grande,
lo grande aquello! ¡Qué pequeñas las iras
ante los hombres y sus actos!
¡Qué pequeños los hombres, y qué necio
aquel errar buscando la verdad!
Como si hubiese una verdad tan sólo.
Como si una verdad fuera bastante
para darnos la vida.

Tarde se aprende lo sencillo.
Lo sabréis cuando un río de espanto se desboque
y arrastre vuestra luz, y la sepulte sin remedio.
Pensé algún día que quien vive sólo un instante, nunca
puede morir. Quizá quise decir que sólo aquel que muere
un instante sabe lo nada que es vivir.
Mas nadie ha muerto nunca sino definitivamente.
Y entonces las palabras no tienen labios que las formen.
Tarde se aprende lo sencillo.
Tarde se encuentra la hermosura. No aquella de los ojos
mortales, la del mundo. No puedo hacer que lo entendáis. Necesario sería que ahora estuvieseis aquí abajo
y que vieseis a vuestros hijos llegar entre las tumbas,
bajo la lluvia, y dejar su perfume y su presencia
en las tibias, alegres, inmortales
-más hermosas en vuestras manos que las del bosque-
flores de plástico.


José Hierro, Libro de alucinaciones

sábado, 20 de octubre de 2007

How to steal a gazillion

I was pecking at my word processor when twelve-year-old Laura came over.

L: What are you doing?

R: It's philosophy of mathematics.

L: What's that about?

R: What's the biggest number?

L: There isn't any.

[...]

R: And bebore that? Were there any numbers before the Big Bang? Even little ones, like 1, 2, 3?

L: Numbers before there was a universe?

R: What do you think?

L: Seems like there couldn't be anything before ther was anything, you know what I mean? Yet it seems like there should always be numbers, even if there isn't a universe.

R: Take that number you just came up with, 1 with 37 zeroes after it, and call it a name, any name.

L: How about 'gazillion'?

R: Good. Can you imagine a gazillion of anything?

L: Heck no.

R: Could you or anyone you know ever count that high?

L: No. I bet a computer could.

R: No. The earth and the sun will vanish before the fasters computer even built could count that high.

L: Wow!

[...]

R: What colour is this pencil?

L: Blue.

R: Sure?

L: Sure I'm sure.

R: Maybe the light out here is peculiar and makes colors look wrong? Maybe in a different light you'd see a different color?

L: I don't think so.

R: No, you don't. But are you absolutely sure it's absolutely impossible?

L: No, not absolutely, I guess.

R: You've heard of being color blind, haven't you?

L: Yes, I have.

R: Could ot be possible for a person to get some eye disease and become color blind without knowing it?

L: I don't know. Maybe it could be possible.

R: Could that person think this pencil was blue, when actually it's orange, because the had become color blind without knowing it?

L: Maybe they could. What of it? Who cares?

R: You see a blue pencil, but you aren't 100 % sure it's really blue, only almost sure, right?

L: Sure, right.

R: Now, how about a gazillion and a gazillion equals two gazillions? Are you absolutely sure of that?

L: Yes, I am.

R: No way that could be wrong?

L: No way.

R: You've never seen a gazillion. Yet you're more sure about gazillions that you are about pencils that you can see and touch and taste and smell. How do you get to know so much about gazillions?

L: Is that filosophy of mathematics?

R: That's the beginning of it.


Del prefacio de What is Mathematics Really? de Reuben Hersh

viernes, 19 de octubre de 2007

Por qué no gastarse ni un duro en libros



Si alguien me pidiera que le sugiriese un libro de ciencia, uno asequible a todo el mundo, fácil y apasionante, le recomendaría sin duda The Double Helix, de James Watson. Tras este consejo iría un segundo: que hiciera como yo, que lo buscara en una biblioteca, pero que no lo comprara.

Aunque tengo fama de bibliófilo (o bibliómano), no me considero ni una cosa ni la otra: para lo primero me falta el amor al libro como objeto. Antes que con una edición primera del Quijote me quedo con la última de Rico. Los libros caros -los objetos caros en general- me molestan, me estorban, me parece, igual que decía Cortázar del reloj de pulsera, que nosotros les pertenecemos a ellos y no al revés. Me encantan los que puedo llevar en el bolsillo de mi abrigo sin temor a que acaben hechos un abanico barato, porque, si eso sucede, con poco dinero puedo sustituirlos por un ejemplar nuevo. Bibliómano sería más o menos el que atesora libros por el mero placer de poseerlos. Los que hay por mi casa están allí porque no me queda otro remedio. Si los puedo tomar prestados de la biblioteca jamás los compro. Hago tres excepciones: los de poesía, los que leo constantemente (Rayuela, La Regenta, la Vulgata) y manuales científicos y obras de divulgación, más apasionantes para mí que la mejor novela de misterio.

The Double Helix es uno de los textos sobre el proceso de la investigación biológica más divertidos e interesantes que se hayan escrito a día de hoy. Se ha señalado hasta la saciedad que "su aparición supuso un cambio definitivo en la forma en que la gente normal percibe el mundo de la comunidad científica". En esta obra, escrita desde dentro de esa comunidad, los investigadores no se muestran como una raza de seres especiales que, desde las nubes, van construyendo fórmulas y nociones ininteligibles para el resto de los seres vivos. La carrera por el desciframiento de la estructura del DNA se desarrolla ante nuestros ojos con el dinamismo de una competición deportiva, con la misma niebla de misterio que aparecería en un relato de espías o detectives. En la obra no se ocultan -pero se justifican, obviamente- las maniobras que llevaron a un muchacho en su veintena hasta producir aquel artículo científico en Nature, posiblemente el más famoso de la historia, artículo que le supuso el reconocimiento universal y, una década después, la concesion del premio Nobel. Watson, con inocencia -o, si se prefiere, con caradura- nos relata cómo fue capaz de sonsacar información fundamental sobre las investigaciones de su padre al hijo tontorrón e indiscreto de Linus Pauli (lo que costaría al genio californiano su tercer premio Nobel, nunca concedido). También nos refiere, entre otras lindezas, cómo hizo uso, sin permiso o conocimiento de Rosalind Franklin, del trabajo aún inédito de la "Gran Dama Negra del DNA", (así, muy justamente se la llama en su biografía, The Black Lady of DNA). Hoy se reconoce universalmente que la investigación de Franklin fue la pieza clave para el montaje del famoso meccano molecular de Crick y Watson.

Lo repito otra vez: la obra es genial; pero, por encima de lo dicho arriba, por otra razón que para mí tiene casi más peso: es el tratado más completo de picaresca moderna que conozco y un producto que sólo pudo nacer del ingenio de uno de los más refinados ejemplares de aquello que Vargas Llosa denomina "un fresco que, como todos los frescos con clase del mundo, disfruta de un encanto irresistible".

Estos dias Watson ha vuelto a ser noticia: según él los negros genéticamente están determinados a ser menos inteligentes que los blancos. Este comentario me parece una prueba, la más irrefutable, de la frescura, ilimitada, de la que ha hecho gala a lo largo de su vida, gracias a la cual lleva más de cincuenta años de realquilado permanente de la pista central del circo de los científicos mediáticos. Casi me da vergüenza formular una obviedad que, imagino, a nadie se le escapa; a nadie, por lo menos que, con medio dedo de frente, conozca la trayectoria personal y científica de Watson: estupidez tan descomunal, por supuesto, no se la cree ni él mismo. Se trata, sencillamente, de una muestra más de esa habilidad extraordinaria para la autopromoción que ha venido ya exhibiendo de forma intermitente a lo largo de su vida. Eso sí, a no ser que también esté en el ajo, me resulta ridículo que la prensa haya aireado tanto y tomado tan seriamente lo que, en el fondo, no es sino una maniobra publicitaria que, según parece, ya ha conseguido su objetivo: en los medios de masas del mundo una vez más apareció su nombre, y, aún mejor, el de su próximo proyecto.

En fin, y a riesgo de ser pesado: si alguien no ha leído todavía The Double Helix, que lo haga: en cualquier biblioteca se encuentra. Se divertirá y, de paso, aprenderá gozando. Con respecto a comprarlo, allá cada cual. Yo, aunque, como se ve, tengo en mucha estima el libro, creo que no podría soportar el pensamiento de que un solo yen de mi dinero pudiera acabar en el bolsillo de un fulano como Watson, un miembro de la única raza inferior que malvive aún en nuestra tierra: la ralea mezquina y despreciable de los pardos chacales del racismo.

jueves, 18 de octubre de 2007

Paul Dirac on real beauty

It is more important to have beauty in ones's equations than to have them fit experience... It seems that if ones is working from the point of view of getting beauty in one's equations, and if one has really a sound insight, one is on a sure line of progress.

Paul Dirac, "The evolution of the physicist's picture of nature"

The foundations of the theory [de la Relatividad General] are, I believe, stronger than that what one could get simply from the support of experimental evidence. The real foundations come from the great beauty of the theory... It is the essential beauty of the theory which I feel is the real reason for believing it.

Paul Dirac, en Einstein: the First Hundred Years


Tomado de
The Penguin Book of Curious and Interesting Mathematics,
de David Wells

Tonto en latín

Hace dos dias recordé de repente este refrán: "Si tonto has de ser al fin, te quiero tonto en romance mejor que tonto en latín"

El martes es para mí un día un poco duro, pero divertido. Me levanto a las cuatro y media de la mañana, me ducho, aún en sueños me tomo el desayuno, me voy a la estación y a las cinco y media subo en uno de los primeros trenes, que aún van medio vacíos. Si esperara una hora más me tocaría hacer de pie todo el trayecto, apretado, estrujado, moribundo casi al llegar a la última estación. Voy leyendo, novelas, cosa de poco contenido. A veces, sobre todo en invierno, cuando la luz es más limpia, miro por la ventana (suelo ser el único pasajero despierto). Me gusta también observar a la gente que va a sus cosas; pero hay que andarse con cuidado: a esas horas de madrugón el personal suele volverse bastante susceptible. Recuerdo una vez que yo, sentado, pasaba la vista por el motón de cabezas de los que se apretaban en el vagón, de pie. Caí en la cuenta de que un hombre de unos sesenta años, calvo, bien vestido, tenía la mirada fija en mí. Comprendí que le había llamado la atención el que alguien sentado en el tren, a esa hora, no fuera durmiendo y que, por vete a saber qué motivo, eso le había ofendido (se le veía en la cara). Fue una experiencia algo desagradable: aunque como digo era un hombre mayor, bajo el traje azul marino se sentían unos músculos tensos, bien ejercitados. Durante unos diez minutos no apartó la mirada. Lo que más me amedrentaba (parecerá una tontería, pero para mí no lo era) fue el enorme parecido de sus rasgos físicos y de su expresión con los del último Mishima; vaya, este hombre podría haber sido su hermano pequeño. Cuando en Yoyogi-Uehara se bajó para -me imagino- tomar el metro, respiré aliviado.

En fin, que si no hay contratiempo mayor, suelo llegar a Shinjuku a eso de las siete menos cuarto, me siento en una cafetería, leo la prensa, me relajo y después "poquito a poco" (como dicen los japoneses que hablan español) tomo la línea de Yamanote hasta Takadanobaba, la estación más cercana a la Universidad de Waseda, donde ese día doy mi clase mañanera. Camino unos veinte minutos. A esas horas normalmente la gente hace la ruta inversa, a tomar el tren. En la sala de profesores de la Universidad doy los ultimos toques a los preparativos de mi clase, tomo el desayuno "autentico" y me voy para el aula.

Los muchachos de Waseda no son malos chicos. Por contra de lo que esperaba su nivel académico no es demasiado diferente al de los de Tōkai. Los siento más distantes, pero también puede deberse al hecho de que en mi universidad estoy casi todos los días de semana, tengo más contacto con los estudiantes. En esta otra paso no más de tres o cuatro horas cada siete días. Los de Waseda -todo hay que decirlo- son más orgullosos. Tienen motivos: ingresar aquí es bastante difícil. No sé: siento un ambiente muy diferente en una y otra escuela. La tradición deportiva de Tōkai pesa (estar rodeado de deportista me anima, y no sé por qué), también la amplitud del campus: en Waseda, como en todo el resto de la ciudad, los edificios están tan empaquetados que asustan.

Bueno, generalmente la clase no tiene sorpresas, pero esta vez, al terminar, me esperaba una. Generalmente me quedo en el aula durante unos diez minutos al final: hay gente a la que le resulta difícil preguntar sus dudas delante de los compañeros. Cuando todos se habían ya marchado un estudiante se acercó hasta mi mesa y me preguntó:
- Profesor, ¿entiende usted el Latín?
- Bueno, pues sí.
-¿Me podría explicar esto, por favor?
Sacó de la cartera la gramática de Tanaka, el clásico manual con el que en los ultimos cuarenta años han estudiado la lengua del Lacio los contados japoneses que con ella se han atrevido. Me señaló una frase exhumada -supongo- de las epístolas de Cicerón: Mihi tot tempus deest litteras scribendi. En cuanto le expliqué, en diez segundos, la única dificultad de la frase -el verbo- me la tradujo él mismo. Solamente llevaba un semestre estudiando el idioma (o sea, unas doce clases). Ante mi asombro por la gran cantidad de material que supuestamente habían estudiado en tan breve tiempo. él, sonriendo, me respondió: "Pero no entendemos nada". Según parece en esta universidad habrá como unos treinta estudiantes de latín (en Shōnan, el campus central de Tōkai, por lo que tengo oído, la media anual es de uno o dos).

Este suceso tan inesperado me alegró el día. El latín para mí, juntamente con el griego, es una de las referencias de mi juventud. A pesar de haberlo estudiado más de ocho años nunca he logrado un conocimiento profundo de él, o por lo menos, todo lo profundo que desearía. Durante gran parte de mi vida me culpé secretamente, dando por sentado que, en el fondo, nunca me había esforzado lo suficiente. Después he comprendido que mi incapacidad se debe sobre todo a las circunstancias. El latín en mi época se enseñaba, sencillamente, haciéndole al alumno traducir, y traducir y traducir, textos originales, y cuanto más clásicos mejor. Para la gente de una generación anterior a la nuestra esta lengua era la de la liturgia, esto es, la escuchaban como poco una vez a la semana, cantaban y oraban en ella. Yo creo que fuera de un aula nunca jamás he oído pronunciar una frase larga en latín. Jamás he mantenido una conversación en ella, nunca -hasta hace unos meses- había escrito un texto. Seguramente habrá una causa neuronal que lo explique, pero como la desconozco hablo sólo desde lo que me ha enseñado la experiencia: sin hacer uso activo de un idioma -conversándo, escribiendo- uno habrá de ser un gran titán para dominar una lengua, y ni aún asi. Hoy me imagino que si, en nuestro bachillerato, en lugar de hacernos traducir a César desde el segundo año, se nos hubiera animado a redactar un texto o a conversar con el profesor, ahora la situación del latín en España sería un poco diferente.

Hace unos meses decidí llevar un diario en este idioma y escribir un blog. Al principio era un trabajo ímprobo. Soy cosciente de que debo de cometer muchas faltas risibles: gracias a los dioses poco a poco voy estando cada vez mas de vuelta de vergüencillas sin sentido. Estos días obras más urgentes y menos deleitosas me impiden continuarlo: me da mucha pena. Pero me hago el propósito de volver a ello en cuanto se me devuelva el uso de mi tiempo.

¿Para qué aprender latín? Bueno, podría dar cuarenta razones bien sesudas que a todos los que lean estas páginas les serían muy convincentes. No lo voy a hacer. Para repasarlas, acúdase a la bibliografía conveniente. Sólo me sirve una: porque -por lo menos para mí- hay en el mundo pocos juguetes más divertidos que su práctica. Entreténgase algún otro buscando explicaciones eruditas, que yo me voy, a declinar un rato... "Como ya soy tonto al fin, más gracioso que el romance se me hace ahora el latín"

miércoles, 17 de octubre de 2007

Una vida tan vivida


A principios de abril, cuando florecían en Tōkyō los cerezos, un anónimo abuelito americano tropezó, al atardecer, en una calle más, como hay miles. En el hospital comprobaron que el daño que había producido el trauma en el cerebro posiblemente sería irreversible. El anciano agonizó más de tres meses y en agosto, quizá el día más caluroso del verano, finalmente para siempre descansó.

Las manos compasivas que prestaron el primer auxilio, el médico que atendía esa noche las urgencias, no estarían seguramente al tanto: en su periplo por la tierra, la actividad de aquel extranjero de apariencia tan común había causado más impacto en la promoción de la cultura japonesa que la de todos los funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores combinados. Su nombre era Edward Seidensticker, infatigable japonólogo, traductor -se dice escandalosamente pronto- del Genji Monogatari.

Seidensticker pertenecía a esa generación de americanos que, al oír la llamada del clarín de mando, no acudieron al campo de batalla. Al contrario de los jóvenes ingleses a los que recordaba en The Spires of Oxford Winifred Letts, Who took the khaki an the gun / Instead of cap and gown, ellos regresaron a los "hoary colleges" a estudiar a fondo la cultura del enemigo. Al principio de la Guerra casi no existía tradición japonológica en América. Como precisa Ruth Benedict en el prólogo de The Chrisantemum and the Sword el desconocimiento por parte del mando estadounidense del mundo ideológico de Japón era uno de los mayores peligros con los que se enfrentó América en aquellos años. Inmediatamente se comprendió que "sólo vence quien conoce" (un adagio que los líderes contemporáneos de esa gran nación parecen haber olvidado últimamente) y de la noche a la mañana en Harvard, por ejemplo, la asistencia a las clases de lengua japonesa se multiplicó exponencialmente, según refiere en sus memorias Edwin Reischauer (lectura ya casi olvidada, pero muy recomendable). Fue necesario organizar cursos intensivos y más cursos, suprimir vacaciones y hacer uso de cualquier profesor disponible.

Aunque -también según Reischauer- la mayor parte de esa juventud estudiosa, tras la victoria, decidió olvidar la lengua de la nación derrotada, un pequeño grupo -los más notables, Donald Keene, Ivan Morris y el propio Seidensticker- tomaron la decisión que, por lo menos para mí, los eleva, humana e intelectualmente, a la categoría de gigantes: olvidarse de venganzas o desprecio al enemigo, y acostarse con él.

Un buen día hará ya más de una década encontré en "El Infierno", el tercer sótano de la biblioteca central de Tōkai, un ejemplar de Genji Days, el diario que escribió Seidensticker a lo largo de los años en los que tradujo el clásico. He de reconocer que gran parte de la mitad de la obra, aquella en la que trata los problemas técnicos de su trabajo, no serán posiblemente de gran interés para quien no tenga como oficio el estudio de la literatura japonesa. No obstante, este diario está lleno de pasajes inteligentes, vivos, sensibles, apasionantes. Mi favorito es sin duda:

I did not make much progress, because the festivities surrounding the removal of Kaoru's bride to Sanjō go on and on, and get more and more maddening. At such times you can almost be tempted to think that the Genji as a work classic is Waley's creation, and that Murasaki really is a cette ennuyeuse Scudéry.


Pasajes humorísticos sacados de la vida cotidiana abundan:

Speaking of scents: in the new instructions on how we should comport ourselves in this our Shūwa Residence is an admonition that we refrain from farting in the elevator.


También:

Wandering around Ueno in the evening, I came upon a shop that even outdid the one to which Donald Richie introduced me in Shinjuku. Such a variety of tresses an fetters and dildoes, some of them with batteries to make them swell and squirm. Even more charming were the customers. One handsome young couple was solemnly deliberating the relative merits of a variety of enema syringes. Who, I wanted to ask, was going to do what to whom? The name of the place is Atene, which I take to be Athens. I wanted to ask about that too. But I was timid both times.


A veces he oído a algunos japoneses, especialmente personas de avanzada edad, afirmar que algunos japonólogos extranjeros (sobre todo Donald Keene) "entienden y sienten más profundamente el carácter nacional que nosotros mismos". Un nuevo fragmento:

Monday, July 16: I sometimes think that my Colorado relatives would be a little less unhappy if they paid some attention to the fist call of the meadowlark, or the fist Indian paintbrush to come into bloom.


A pesar de su gran pasión por nuestro país y cultura, el suyo no era amor irracional o acrítico:

How very cute are the lists of things Japanese available in English -we really do not take the Japanese very seriously, and they do not themselves invite being taken very seriously when they make it appear that their chief contributions to the culture of the world have been the tea ceremony and paper-folding. [...] I suppose that we who seek to teach things Japanese, at least things artistically Japanese, are considered similarly quaint.


Quizá no haya sido justo con Seidensticker cuando más arriba he afirmado que sus consideraciones sobre la traducción que realizaba simultáneamente al diario no sean de interés más que para el especialista. Una prueba de mi retractamiento:

Waley once said to Ivan Morris, I think it was, that the translator, having taken so much away from his original, must add something by way of compensation. The principle is a dubious and dangerous one, and when what is added seems in dubious taste, why then things are dubious twice over. I take much courage from the thought that, though I am translating many things that Waley did not, there is a good possibility of ending up with fewer words than he.


Cuando leí el libro sobre el que ahora escribo, considerando su edad y su afición por el alcohol, supuse que habría muerto tiempo atrás. Después descubrí, en una página suya en internet, que disfrutaba de la feliz vida del jubilado académico americano, vi su foto sonriente y me alegré; su naturalidad, agudeza, falta de inhibición con respecto a sus pasiones, la bebida o las artes eróticas, me hacían sentir por él una fuerte empatía.

Muchas veces la vida es más sorprendente de lo que pensamos. Hará de esto como un año: paseando con mi hijo por la zona de librerías de Jimbōchō entramos en una de las dos de lengua china que hay, frente a frente, en el centro de la calle peatonal. Subíamos al segundo piso, cuando a mitad de la escalera un abuelito sonriente se le acercó, extendió la mano y le ofreció dos bolitas de caucho advirtiéndole: "Elige una". Sólo cuando vi la foto del obituario en el Asahi caí en la cuenta de que, a pesar de lo que yo creía, sí había tenido oportunidad de conocer personalmente a Edward Seidensticker, que, al decir aquel día "dōmō arigatō", no había agradecido solamente la amabilidad de un desconocido hacia mi pequeño: el azar, sabio, me había entregado la oportunidad insospechada de transmitir a un gran maestro, aún sin saberlo, mi aprecio más profundo por su obra, por su vida y por su ejemplo.

Saturday, June 30: Yesterday I lost a tooth. The incisor which Dr. Cluser, who later killed himself with drink, killed for me some forty years ago, and which has caused endless trouble, and endless discussions with this and that dentist as to whether it should be removed or root-channeled or something, quietly fell out, leaving no scars and drawing no blood and causing no pain. I said to myself, well, that is that and I am glad, and why all the fuss over the years. I wonder if one might not feel rather the same upon dying and seeing nor a small blackened tooth but one's whole ugly fetid body go.

martes, 16 de octubre de 2007

...Y guarda las llaves



Pienso en esos objetos, esas cajas, esos utensilios que aparecen a veces en graneros, cocinas o escondrijos, y cuyo uso ya nadie es capaz de explicar. Vanidad de creer que conocemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Sólo en sueños, en la poesía y el juego -encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.


Julio Cortázar, Rayuela, 105 ("Morelliana")

lunes, 15 de octubre de 2007

¿Pero cómo seré tan listo?

Bueno, pues tengo ya, además de este blog, unos cuantos: primero fue el de latín (que en el fondo es el que más contento me pone), después, el de japonés, y ahora acabo de abrir otro en inglés. Es que no paro de pasármelo pipa y lo hago desde que era muy chico: tendría unos seis años cuando comencé a escribir una biografía de Napoleón, de la que por desgracia parece que se ha perdido el único ejemplar existente. Quién sabe: puede que cuando me jubile y me vaya a vivir a Londres me encuentre en el British Library con otro: juran que esas cosas pasan. Bueno, pues desde entonces, nada me ha causado más placer que emborronar cuartillas con tonterías diversas. Ahora que lo pienso, metiéndose en harina, cualquier actividad que te absorbe puede acabar siendo igualmente sicodélica: mira que también he disfrutado tocando el piano, dibujando, comiéndome el coco con los problemas de matemáticas o dándole vueltas a una traducción de Homero en mi juventud. Sencillamente lo que sucede es que esto de la escritura lo he practicado más de continuo a lo largo de mi vida. Creo que no ha habido períodos en los que haya sido capaz de no escribir durante largas temporadas.

Una vez que le preguntaron a Cortázar por qué había escrito "Rayuela" (hay gente que piensa poco). Él contestó que porque no había sido capaz de convertir lo que llevaba dentro en cuarteto de cuerda o en una catedral gótica. Pues eso. Otro sucedido al hilo del anterior es aquel de Rilke cuando, como respuesta a la primera carta del Joven Poeta le contesta: "No me pregunte si sus poemas me parecen buenos o malos: pregúntese a sí mismo si podría sobrevivir sin escribirlos".

Yo nunca me he planteado problemas tan trascendentales; me daría algo: tengo una alergia muy gorda a la trascendencia. Supongo que podría ir tirando sin el papel y el bolígrafo, pero mi vida sería más aburrida. Siempre me ha resultado preciosa la frase aquella de Kafka que recuerda Canetti en el libro (El otro proceso de Kafka) que invariablemente recomiendo a todos los zumbados que, como yo, en el mundo han sido: nos hace sentirnos el súmum de la normalidad: "Para mí la dicha más absoluta sería vivir en un sótano, que alguien me dejara la comida a la habitación contigua sin molestarme y escribir febrilmente". Creo que nunca he sido más feliz en toda mi vida que en aquellas temporadas de verano, cuando vivía en la residencia de Tōkai, en las que me levantaba a las siete de la mañana, me daba un paseo, y, después, durante ocho horas no hacía otra cosa que estudiar japonés, escribir, leer. En fin, gloria pura. Después, por la noche, cuando bajaba la calor me iba a dar otra vuelta, al cine, a ver un vídeo o a charlar con los amigos. Qué tiempos.

Creo que era Cervantes el que soltó alguna vez que nadie podría disfrutar tanto leyendo "El Quijote" como él cuando lo escribió. Sólo entenderá al genial manco quien haya pasado por todas las fases del proceso de escritura de una ficción, desde la idea seminal hasta el momento en el que se pule el último adjetivo (momento que, obviamente, nunca llega: uno siempre acaba desistiendo). Pues sí: cuando yo era chico se decía que uno debería escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol. No sé muy bien: si yo tuviera que aconsejar a la juventud inexperta (cosa que hago todos lo días con muy poco talento y fortuna) le recomendaría dibujar sin descanso, abismarse en el mundo de la matemática e imaginar y escribir relatos o poemas. Estas tres actividades para mí constituyen los únicos placeres que los dioses no pudieron robarnos a los humanos. Los placeres físicos; el sexo, la comida, el beber, el resto, son dignos de cultivo; apelan a necesidades que, de ignorarlas, acaban por dejarnos sin funcionar el caletre y el cocamen. Pero conviene guardar las distancias. A los puramente artísticos nos podemos abandonar sin desconfianza, no hay peligro de nos tomen al final por el pito del sereno.

Mientras escribía lo de arriba me vino a la cabeza la opinión de uno de los chiflados más apasionantes que produjo el siglo XX, Richard Feynman: "Podemos hablar de física, de matemática, pero digamos lo que digamos sólo aquel que las practica puede entender, en el fondo, aquello de lo estamos tratando con palabras". Feynman seguramente no estaría de acuerdo -puso el grito en el cielo el día que su hijo le confesó que quería matricularse en la Facultad de Letras-, pero esa misma frase se puede aplicar también a cualquier otra actividad humana, y, muy bonitamente, a la literatura.

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