miércoles, 10 de agosto de 2011

No dejen que los niños jueguen con fuego



Quizá única reflexión que merezca la pena acerca del movimiento 15M sea la del Devorador de Patrias: La verdad del irritable y vanidoso que, por incapaz de cambiarse a sí mismo, quiere cambiar el mundo.

Cuando en mi juventud me puse a estudiar cosas de política, de economía, me asombró lo complejas que son estas disciplinas que no envidian nada a la física de partículas, digamos. Me convencí entonces de que, como la medicina, la ingeniería de puentes o aeronáutica, era algo que debíamos dejar a los profesionales. Muchos economistas lo son -profesionales-, pero por desgracia políticos, pocos; como sucede con los actores, hasta el fulano más tonto se considera dotado para ponerse delante de una cámara o subirse a un escenario, sea de teatro o de cualquier parlamento del mundo.

El movimiento 15M propone el alquiler asequible como arreglo para la penuria de habitación que sufre España. El hecho de que existan tantos pisos vacíos es simple: muchos de los poseedores de éstos temen el cansino y lento trámite al que se enfrentarían contra unos inquilinos que no pagan sus deudas y prefieren evitarlo dejando su inmueble vacío. La solución sería clara: agilizar el proceso de deshaucio de morosos. Sin embargo el 15M ¡apoya a los grupos que obstaculizan la legítima acción de la justicia en tales circustancias!

Hace unos días, en Twitter, una de las representantes del 15M, cuando le expresaba mi estupor por el hecho de que todavía nadie de su movimiento hubiera hecho patente su rechazo por la lacra más seria de nuestra democracia, el terrorismo, me respondía que ellos estaban contra el "terrorismo hipotecario". Le pedí explicaciones y, como no me las dio, formularé aquí una hipótesis: supongo que se refiere con ese término tan sonoroso al hecho de que gente que contrató su hipoteca en los años de vacas gordas ahora pierda el piso y sin embargo se vea obligada a seguir pagando los restos de su tarja, quedando más pobre que al principio. Parecería justo que esta deuda quedara saldada con la entrega de las llaves; pero si por ley eso fuera así, a cualquiera con unos rudimentos económicos no le es difícil ver las consecuencias: los bancos se blindarían ante esta contingencia y la posibilidad de acceder a créditos por parte de particulares y de empresas se haría más dificultoso aún. No es por otra cosa por la que el actual gobierno socialdemócrata no ha accedido a una propuesta tan populista: tendría efectos catastróficos.

Si hemos de meter en una nuez la causa de la crisis que vivimos, ésta se resumiría en lo siguiente: endeudamiento. Las administraciones públicas gastaron en diez años el producto de veintitantos de trabajo, sí, pero lo mismo hicieron los ciudadanos privados. En mayor o menor medida casi todos somos responsables de la insensatez de esos diez años, también los chicos de la Plaza o sus padres. La única solución sensata se resume en dos acciones: austeridad y promoción de la ciencia y el conocimiento. Hemos de solventar todo el gasto que promovimos -o dejamos promover- y hemos de formarnos de tal manera que nuestra sociedad sea mucho más dinámica, más creativa, para afrontar la penuria económica de los próximos años. Los pocos dineros que podamos retraer del pago de nuestras deudas -las deudas hay que pagarlas, lo siento- han de ir, en buena ley, a mejorar el único capital no fungible con el que cuentan las naciones: el de sus gentes.

Finalmente leo que el 15M propone una huelga general con el objetivo de oponerse a las tímidas reformas anteriores y como apoyo a la reducción de jornada laboral, al aumento de salarios y a un plan de inversión pública que reduzca el desempleo y solvente necesidades sociales. De dónde saldrán los fondos para la última exigencia no se explica, quizá porque esa explicación es imposible. Por otro lado, paralelamente a lo que sucede con el mercado inmobiliario, en el laboral los costes de emplear nuevos trabajadores retrotraen a los empresarios. La realidad es triste, pero no por ello es menos realidad ni tampoco por ello es más inteligente ignorarla que enfrentarla.

Las propuestas del 15M se corresponden en gran medida a las de Izquierda Unida. No se entiende muy bien el que, siendo ello tan explícito, este movimiento no se integre en la coalición y pida el voto en las próximas elecciones. Estas propuestas de mayor intervención en la economía por parte del estado, de mayor endeudamiento, producirían unos efectos catastróficos fáciles de ver: el infierno está empedrado de buenas intenciones. Lo más triste de toda esta circustancia es que, por lo que sé, ninguna voz autorizada desde el campo académico haya avisado de esta realidad: los adultos sensatos nunca deberían permitir que sus hijos jueguen con fuego...



domingo, 3 de julio de 2011

Haikus para "Kibo"


El 11 de marzo de este año, el noreste de Japón fue azotado por un terremoto y olas sísmicas de una magnitud sin precedentes, que a su vez provocaron un accidente nuclear. Desde junio de 2011, NHK WORLD Radio Japón solicita a su audiencia que le envíe mensajes de apoyo y aliento a Japón en la forma de poemas en estilo haiku, bajo el lema "Haikus para KIBO: El poder de las palabras".
Sobre la base del último poema publicado, los participantes escriben otro haiku relacionado que pueda leerse a continuación de los anteriores.




sábado, 18 de junio de 2011

"Ha sido doloroso hacerme a mí mismo"


El hombre va a tener que encontrar una solución que no tenga que ver con bonitas palabras como bondad y generosidad y sí con el sentido común. La cosa se va a poner seria. Habría que escuchar a los hombres de ciencia más que a los banqueros. Así debe de ser por el bien de todos. También hay que hacer una llamada a encontrar el placer en las cosas básicas y renunciar a lo innecesario. La sociedad respondería a ese mensaje. En una especie de acto de justicia misterioso. Esta gran equivocación va a afectar también a los poderosos. O nos salvamos todos, o nos vamos todos al traste.


martes, 26 de abril de 2011

El sismólogo y la gotera fonológica

Me mandan ayer un e-mail en el que me dice el remitente que tiembla, al igual que yo, con el más mínimo de los terremotos que sentimos estos días. Imaginé que mientras a mí me pasa por el puro y simple hecho de haber sido siempre de naturaleza cagueta y cobardica, lo que a esa persona le sucedía era diferente y que tenía que ver con los informes de la Agencia Meteorológica Nacional que ha publicado la prensa estos días anunciando que tras el seísmo que sufrimos hace un mes han aumentado las probabilidades de que se produzca definitivamente el que vienen vaticinando desde hace por lo menos cuarenta años, el Gran Terremoto de Tokai, que destrozaría Tokio.

De predicción de terremotos no tengo ni idea -ni de casi nada, como le pasa a todo el mundo- así que hace años hice lo que os parecerá más sensato: le pregunté al experto. Desde entonces ni he leído ni escuchado ninguna nueva información que me haya hecho cambiar de idea, así que le respondí más o menos eso al remitente del e-mail y como me dice que se ha quedado más tranquilo me pareció que que romper el voto de silencio que hice ayer serviría quizá para que alguno de mis lectores se relaje un poco (o en su defecto, que me haga ver con proposiciones nuevas lo irresponsable y errado que voy).

Pensando en escribir esto me vino a la cabeza una historia que creo que define un rasgo muy tradicional del carácter japonés. Cuando los aliados comenzaron a ser capaces de bombardear las ciudades del propio archipiélago los jerifaltes del régimen intentaron tranquilizar a la población fundamentalmente con una frase: No pasa nada; esto desde el principio estaba previsto.

Si los galos de Astérix temían más que a un nublado que el cielo se les viniera encima, a los nacionales de esta tierra lo que les pone al borde del colapso es que cualquier contingencia horrorosa no haya sido prevista, vaya, que no venga en el manual de instrucciones. Así que, ante la duda, lo más seguro es avisar siempre de lo peor. ¿Quién se va a acordar luego de lo que dijiste si al final no pasa nada?

¿Son unos ineptos los expertos en sismología del instituto gubernamental? Ni mucho menos; seguramente no los habrá mejores en el mundo; pero no sé por qué me da que les sucede un poco lo mismo que a nosotros los lingüistas (y a meteorólogos, economistas, sociólogos...) eso que tan gráficamente explicaba mi maestra Carmen Pensado cuando hablaba del cambio fonológico: Podemos decir: "si llueve, aquí habrá una gotera". El problema es que no sabemos cómo predecir si va a llover...



lunes, 25 de abril de 2011

"Todo lo que se puede se quiere"

Cierta persona por la que conservo un cariño especial -a pesar de los muchos años que no la veo- y yo representábamos con nuestro grupo de aficionados una obra de teatro: su papel era el de una marquesa y el mío, de un cura; no hará falta añadir que yo lo bordaba (pero, como hay mucho incrédulo por el mundo, lo añado). Cuando a ella le tocaba decir una frase, muchas veces se confundía y soltaba la contraria: "Todo lo que se puede, se quiere".

Hace unos días mi amiga me la recordó y yo le respondí que pensaba que precisamente esa frase y no la que aparecía en el guion era con mucho más sabia. En fin, que todo esto viene porque me ha dado por pensar que hay cosas que he podido hacer en estos últimos años y que se han quedado en el camino que va de la intención a la realidad sólo por no querer hacerlas, o sea, sencillamente por pura vaguería.

Y nada, ese es el motivo y no otro por el que el ritmo de los artículos de este blog ha bajado repentinamente: porque estoy embarcado a tiempo completo en asuntos que debería haber rematado hace ya demasiado y que ahora precisamente -yo soy así- siento urgencia por finiquitar.

Lo de arriba no quiere decir que abandone este espacio en absoluto; pero por un tiempo -meses, quizá algún año- lo podré frecuentar mucho menos asiduamente.

Me tendréis, con todo, en el Twitter del margen del blog: ciento cuarenta letrillas -creo que son- se avían en medio credo...



jueves, 14 de abril de 2011

Pero mira que soy vago...

Decía un profe mío de mis tiempos de la facultad que una de las cosas más tristes que sucedían en esta profesión era que nosotros, los docentes, cada año cumplíamos uno más mientras que los estudiantes sentados frente a nosotros siempre tenían los mismos. A lo mejor es que soy un inconsciente -cosa que seguramente mis doctos lectores ya la tienen asumida- pero para mí precisamente ese es el atractivo principal del negocio en el que estoy embarcado.

Esta mañana tenía clase a las once de la mañana. Me desperté a las seis con un humor de perros. Apagué el despertador y me volví a dormir hasta las ocho. No tenía ganas de levantarme, de desayunar, de vivir. Si no hubiera sido por la puñetera clase me habría quedado todo el día metido en el futón vegetando. Hice de tripas corazón, me tomé medio vaso de leche de soja y me fui pal tajo.

Mientras pedaleaba la mañana era gloriosa; el cielo, azul intenso (en la primavera de Japón esto raramente sucede); los cerezos, en flor; la carretera, alfombrada con los pétalos que la lluvia de ayer por la noche había esparcido. Al fondo, inmensa, majestuosa, imponente, -poned el adjetivo más rimbombante que os dé la gana- la silueta brillante del monte Fuji.

Dejé la bicicleta al lado del edificio catorce donde tenía mis clases, me metí en el aula y el verla llena de veinteañeras sonrientes, de mozos tan bizarros y llenos de energía, tras ese paseo en bicicleta ¿cómo me iba a permitir el desperdicio de seguir todo el día hecho una piltrafa?

Tuve tres clases (cada una de hora y media, añadiré para los no iniciados). Las tres eran de principiantes y en estas siempre hago lo mismo: me pongo a explicar durante diez minutos el temario a toda mecha en español fingiendo que no sé ni una palabra de japonés y me lo paso pipa -no lo puedo evitar, lo siento- viendo cómo mis chavales van poniendo cara de "¿Y vamos a tener que aguantar un curso entero así?" Cuando ya la expresión de los muchachos es un poema, suelto en japonés: ¿A que este idioma suena bonito? Y todos se echan a reír.

Qué más decir. Como en todos los curros hay días que daría lo que fuera por no tener que ir a clase, pero no puedo imaginar un trabajo en el que yo, personalmente, pudiera disfrutar más. Bueno, para todo hay matices; como digo siempre, el Papa -el de Roma- tiene a su entera disposición toda la Biblioteca Vaticana. Eso no es moco de pavo, chacho. Quizá, si me ofrecieran la plaza, hasta me lo pensaba...




miércoles, 13 de abril de 2011

Empezó el curso

Comenzaron las clases de nuevo. Como todavía parece ser que hay cortes de suministro eléctrico en las compañías ferroviarias, en las universidades de nuestra región de Kanto se suspendieron las ceremonias de graduación y de ingreso.

El inicio del curso ha sido igual que el de cualquier otro año. El mismo número de estudiantes, el mismo número de profesores. Hay una pequeña diferencia, no obstante: en los pasillos, para ahorrar electricidad, una de cada dos filas de fluorescentes está apagada. Lo mismo pasa en muchos otros lugares públicos, como los supermercados.

En fin, que la vida sigue.



domingo, 3 de abril de 2011

Otro día hablaré de los cerezos

Siempre he admirado a esos articulistas de periódico que publican cada día una columna diferente, original, con temas que un año y otro y otro no repiten. Si hay proezas humanas, esa me parece una de ellas.

Cuando escribo cuatro o cinco días seguidos en este blog al sexto me da la impresión de que, como opinaba el venerable padre Benedicto en su Regla, más guapo estoy calladito.

Por eso estos días últimos los he dejado pasar dando descanso a mis amables lectores, todos amigos, y ahora les pongo al día de mis actividades cotidianas. He ido entreverando la lectura del Quijote que me compré en la librería Kinokuniya de Umeda -por cuatro perras, como dije- con la escucha del mismo libro grabado por los amables voluntarios de Librivox, quienes, por cierto, tienen prometido terminar un día de estos las Novelas Ejemplares. Para no perder forma, he salido a pasear por el parque. Ayer fui con mi hijo a Crayonhouse, la sucursal de la librería infantil tan estupenda que hay en Omotesando, en Tokio. Y eso es todo.

Los cerezos sakura están ya florecidos. Pero de eso no quiero hablar: otro día, con más tiempo, explicaré por qué cuando me parecen de verdad gloriosos es en su esplendor otoñal.



jueves, 24 de marzo de 2011

Padre con edad de abuelo

Esta mañana me desperté remolón; el catarro era mínimo ya, pero se estaba tan bien entre los futones que decidí quedarme un rato y escuchar otro capitulillo del Quijote.

Después de la hora de la comida, me levanté, me duché (llevaba no sé cuántos días sin hacerlo) y me fui a la calle con mi mujer y mi hijo porque hacía una tarde espléndida.

Nos compramos unos bollitos en una panadería estupenda que hay por aquí cerca, nos los comimos en el parque y mientras mi señora hacía llamadas a sus amigas de Kanto, nosotros jugábamos a esto y a lo otro. Mi hijo es un crío enormemente activo que se sube a los árboles como un mono. Yo, cuando era como él, en las horas de los recreos, me quedaba en una sala jugando al ajedrez. Así que me resulta dificilísimo estar a la altura de su energía y acabo agotado.

Fui padre exactamente al poco de cumplir cuarenta años. Una de las pocas cosas de las que me arrepiento en mi vida es de no haberlo sido antes y poder disfrutar con más energía eso tan maravilloso que es ser padre. En fin, más vale tarde que nunca, claro.



miércoles, 23 de marzo de 2011

Vicio por la radio

Sigo en cama, con menos tos y dolor de garganta, pero todavía con malestar general. Ayer casi me escuché todo el Quijote con mi iPod.

Cuando llegué a Japón a mediados de los noventa la única conexión que tenía con mi país -además de esas cartas que tardaban una semana en llegar- eran diez minutos de telediario español que ofrecía la NHK a las ocho y media de la mañana y el ejemplar de El País Internacional que me prestaba una compañera una vez cada siete días. Hoy con internet me escribo con mi familia y mis amigos sin tasa, puedo ver la televisión española como si estuviera allí y hasta -casi lo mejor- escucho Radio Nacional cuando y como quiero.

De todos los medios de masas la radio siempre ha sido mi vicio. No sé cómo he podido vivir tantos años sin escuchar esos programas maravillosos que hacen desde Madrid. Estoy convencido que no me mueve la nostalgia al decir esto: de las radios del mundo que conozco RNE es una de las dos mejores; la otra -obviamente- es BBC.

Pasear por el parque al atardecer mientras uno escucha A hombros de gigantes o In Our Time es un placer divino. Nunca podré explicarme cómo, mientras muchas cosas sin sentido cuestan tanto, placeres tan extraordinarios son gratuitos. Lo que menos vale es lo que más caro cuesta, dice mi madre. Y lo que más vale es gratis, añado yo. En este caso gran verdad es.


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