viernes, 21 de marzo de 2008

A una muger que se afeitaba y estaba hermosa




Yo os quiero confesar, don Juan, primero:
Que aquel blanco color de doña Elvira
No tiene de ella más, si bien se mira,
Que el haberle costado su dinero.

Tras eso confesaros quiero
Que es tanta la beldad de su mentira
Que en vano a competir con ella aspira
Belleza igual en rostro verdadero.

Más, ¿qué mucho que yo perdido ande
Por un engaño tal, pues que sabemos
Que nos engaña así Naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos
Ni es cielo ni es azul: ¡Lástima grande
Que no sea verdad tanta belleza!



Lupercio y Bartolomé de Argensola

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