domingo, 2 de marzo de 2008

Y nada más que la verdad

Estoy releyendo por enésima vez el genial libro de Heilbroner, The Worldly Philosophers; y luego dirán que la historia de la economía es un latazo. Cada vez que vuelvo a él me encuentro con un algún párrafo que me hace sonreír y que, a la vez, me muestra otro nuevo senderito que en la anterior visita había pasado por alto. Hoy, en la página 183, en el capítulo dedicado a Henry George, he encontrado el siguiente. Como me hace mucha gracia traducirlo, lo voy a dar no en la versión original, sino en la mía:

Cuando la Universidad de California fundó una cátedra de Economía Política, se le consideró como un candidato muy en firme a la plaza. Para obtenerla debía impartir una clase delante de profesores y estudiantes. Entonces George fue tan indiscreto como para airear estas opiniones: "El nombre de la economía política se ha utilizado constantemente contra cualquier esfuerzo de la clase trabajadora para aumentar sus salarios", y, rematando, añadió: "Para el estudio de la economía política no hay necesidad de conocimientos especiales, de una enorme biblioteca, de costosos laboratorios... de hecho, si uno se toma la molestia de pensar por sí mismo, no hacen falta siquiera libros de texto o profesores."


Ésa fue la primera y la última lección impartida en una carrera académica que prometía maravillas. Pues acabo de caer ahora en la cuenta: sí que fue una suerte -para mí, no para los otros dos candidatos- que, cuando lo de mi oposición de titular, no le detallara al tribunal mis ideas sobre la enseñanza, ya sabéis...

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