viernes, 17 de julio de 2009

Misterios


Hace dos días me llega mi hijo con una cara de ilusión extraordinaria (y con un escarabajo repugnante en la mano). "Papa: éste es el ciervo volante que hemos criado desde que era una larva (la larva era, si cabe, más repugnante). A que es precioso, ¿verdad?"
Pocos misterios como el de la ilusión. Gracias a ella, durante unos instantes he conseguido quitarme mis ojos de cuarentón hispano y cambiarlos por los de japonés de cinco añitos. Ese cuerno largo, hermoso como un trabajo de artesano de caoba perfecto, los élitros brillantes en su barniz acaramelado, los ojos de antracita... ¿habrá en el mundo algo más bello que este coleóptero que mi hijo con tanto orgullo me mostraba?



2 comentarios:

  1. Me ha encantado este texto. Yo he tenido la misma experiencia con mi sobrino japonés y he sentido lo mismo.
    FMH

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