jueves, 10 de julio de 2008

Por fin me siento comprendido




Desde que a los dieciséis años leí mi primera historia del cine siempre había querido ver esas películas antiguas de las que a menudo se habla pero que no aparecen por ninguna parte. Una de mis amigas, experta en la materia, me ha enseñado cómo copiarlas del internet, así que las he instalado en mi Ipod y las voy disfrutando en el tren, los martes por la mañana, cuando marcho a Tokio.

Esta semana levanté la vista de la pantalla y vi que un hombre de unos cincuenta y tantos, en mangas de camisa, con gafas redondas y corbata negra, de pie junto a mí, se tapaba los oídos con los dedos queriendo indicar que el volumen de mis auriculares era una molestia. Por un instante pensé que así sería, pero enseguida deseché esa opinión intuitiva: del aparato que uso es imposible que escape ni el más mínimo rumor; además, siendo yo mismo un friki de la salud auricular nunca me permitiría tanto exceso decibélico. El hombre siguió con su tonta mímica durante el trayecto completo y, aunque decidí ignorarle, no negaré que su actitud me irritó tanto que ya no pude concentrarme en ninguna maravilla visual. Por eso, cuando de vuelta a casa, en un vagón de metro me encontré con el cartel de la campaña de julio, mi corazón se sintió aliviado y comprendido. Muchas gracias esta vez, Gabinete de Comunicación del Servicio Metropolitano: si es que estáis en todo...






2 comentarios:

  1. ¿Pasmo?

    http://www.tokyometro.jp/joshaken/pasmo/

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  2. No veas lo que me reí hará unos dos años cuando apareció. Yo tengo una en el bolsillo y cuando la miro no puedo reprimir una sonrisa. Aquí está la cosa.

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