sábado, 18 de octubre de 2008

Caja tonta solo la llamarán los tontos

Lo habré dicho veinte veces: la primera que escuché a Cecilia Bartoli fue como Cherubino en la versión de Barenboim de Las bodas de Fígaro. Por contra a la mayor parte de los piraos de la ópera, antes que el Voi que sapete yo prefiero la primera aria, Non so piu. Hace meses cuando incluí en este blog varias interpretaciones de tres de las más grandes no pude añadir esta última pieza cantada por la Bartoli: entre los cientos de vídeos de su música que andan por la red, ninguno aparecía de esa aria. Después, mirando aquí y allí, me he dado cuenta de que hace ya varios años que la ha retirado de su repertorio.

Pero no hay mal que cien años dure: otro santo ha subido al YouTube una grabación canadiense contemporánea a la de la ópera de Barenboim: pura delicia verla hablando en francés, tan bella, joven y graciosa como aparece en la foto del librito del disco. A mí es que casi se me saltan las lágrimas... 



Aquí tenéis el concierto completo:





6 comentarios:

  1. Lamento mucho, querido Jacobus, no compartir contigo esa afición por la ópera. Para mí, opera y hermanos Marx son conceptos inseparables. Y la frase de Groucho, casi al final: "¡jo! Si me descuido me la tengo que tragar", es lo primero que se me viene a las mientes en cuando escucho la palabra ópera.
    De todas formas he visto unas cuantas veces en acción a la Bartolli -en la cadena Arte, domingos a las siete de la tarde- y no me quedó más remedio que exclamar: ¡criatura prodigiosa!

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  2. ¡Qué buena la de los Marx! Anda por ahí en internet (creo que ya han caducado los derechos de autor). Voy a ver si la busco y pongo el enlace. Personalmente puestos a elegir entre todo el Anillo de los nibelungos y una de los hermanos me quedo con ésta. Eso sí, es una pena que no salieran todos en las películas: si hubiera actuado también el mayor, Carlos, nos habríamos reído más seguramente.

    Bueno, Mozart es diferente: nunca me aburro de escuchar las tres óperas que escribió con los libretos de Da Ponte ni tampoco la Flauta Mágica: qué gozo. Eso sí, también depende del intérprete y la producción; como contaba hace unos días, cosas como la que hicieron hace dos años los del festival de Salzburgo es que son como para quitarle la afición a cualquiera.

    Con respecto a la Bartoli, qué decir que ya no haya dicho. Dentro de tres semanas viene por aquí. Yo no iré a verla porque ya no quedan entradas baratas y no quiero pagar doce mil yenes, pero sé que dentro de veinte años me voy a arrepentir de no haberlo hecho. Algún día...

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  3. Pues no estaba la película entera, pero sí las escenas más famosas. Aquí está la inolvidable del camarote.

    Ya lo decía Groucho: "Yo nunca sería entraría en una sociedad en la que aceptaran un miembro como yo (a member like mine)"

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  4. Jacobus, me dejas pasmado con lo que dices de Wagner: lo habrás escuchado poco. Para mí, si no en la música, por lo menos en la ópera entendida como espectáculo total, es el más grande. No comprendo cómo se puede preferir una película de los hermanos Marx (por muy graciosos que sean) a su arte.

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  5. A mí, como dice Woody Allen, oír a Wagner y entrarme ganas de ponerme a matar judíos, todo es una. Es que es un tipo, Wagner, que se me hace la mar de empalagoso con ese venga y dale a repetir un lev motif, o como se diga, que se te pega a las entrañas de tal modo que luego te pasas cinco días que no hay forma de deshacerse de él.Bueno, quizá sea ese truco el que le da tanto predicamento.

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  6. El Santi el de la Vega24 de octubre de 2008, 9:10

    Señor Paco: Al Jacobo (o al pedante del Salieri), ni caso; si hasta ellos lo saben: la ópera es un tostón que sólo soportan cuatro enteradillos solamente para hacernos creer al resto de la peña que son muy listos y muy culturetas. Pos ellos mismos.

    Qué jodío rollo del querer aparentar. Ya sabe usted: cosa del desclasismo y del mogollón de querer olvidar el origen barriobajero. Si yo le contara de cuando teníamos quince años, lo maca que era cuando veíamos los partidos del Atleti en su casa o oíamos a los Chunguitos, las Grecas, los Pecos o los Chichos. Cómo se ponía. Y ahora de fino que se ha vuelto se le pela el rabo.

    Mala leche, estos descastaos. Si es que me pongo malo. Que asco.

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