domingo, 26 de octubre de 2008

Las mil reencarnaciones de Fu Manchú

¡Benditas aquellas tardes de domingos del otoño! Sin reposar la comida salíamos por piernas a ver al cineclub una de Passolini, de ahí a la carrera hasta un cine comercial a devorar el Annie Hall, de donde regresábamos para casa resollando los mil metros: en la tele  ponían, y en versión original -o sea, en sueco-, El séptimo sello. 
Ya no estamos -afortunadamente- para tanto tute; por eso, ¡qué aburridas estas veladas domingueras transdosmilunistas! Para entretenerlas, aquí os dejo el link que nos puso mi colega Mike en su blog: mejor que una de Fumanchú...






2 comentarios:

  1. A mí, personalmente, me va más Moriarti. Tu me dejaste el libro y me gustó tanto que me quedé con él. Le tengo entre mis preferidos. De vez en cuando leo una historieta para engrasar.

    Lo de la conspiración, bueno, siempre agrada pensar que el padre es un cabrón. Y a veces, qué duda cabe, lo es.

    Aquí también se tiraron la tira poniendo en solfa la tesis oficial sobre lo que pasó en Atocha. Pero no eran más que batallas entre hemipléjicos morales. Luego, en la ejecución de la matanza, seguro que hay detalles que se escapan. Pero que es obra de fanáticos descerebrados no me cabe la menor duda.

    Por cierto, a propósito de fanáticos, los nazis, sigo leyendo las memorias de Jünger, en plena segunda guerra mundial. ¡qué cosas pasa y cómo las cuenta! Metido de hoz y coz en el berenjenal y sobrevolándolo a la vez.

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  2. !Así que eras tú el que se quedó con la edición aquella tan bonita en un tomo de Oxford (creo que era)! Quince años buscando al elemento, y eras tú, oh, Bruto mío... Pues te buscaba para darte las gracias: menudo mamotreto que era, recuerdo que no lo podía llevar a ninguna parte porque pesaba tanto. Ahora tengo una en dos tomos, comprada por cuatro perras de viejo -como todas- hecha un abanico y que puedo llevar a cualquier parte tan ricamente en el bolsillo del abrigo. Estoy deseando que alguien me la birle para comprarme la anotada que salió hace unos años. Si la gente no se quedara con nuestros libros, qué rollo tener siempre los mismos...
    Por cierto, yo creo que también me quedé con una tuya de los cuentos completos de Roahl Dahl en Penguin ¡Qué cosa más estupenda! Ojala que en el infierno dejen leer aunque sea solo el día del cumple del demonio: nos tendríamos que llevar los dos libros, y el otro de los cuentos de Agatha Christie. Poco más nos haría falta.

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