miércoles, 15 de octubre de 2008

Cocinero antes que fraile

Los martes voy a trabajar a Tokio. Ayer no pude casi desayunar y, después, por cosa burocrática, tuve que estar en la Universidad hasta las tantas sin comer. Por estas dos circustancias acabé en Jinbocho, el barrio de las librerías. Me explico: allí está el único restaurante de los que conozco que a la hora del almuerzo y hasta avanzada la tarde ofrezca un bufé libre que merezca la pena.
Aprovechado que estamos aquí... me acerqué hasta Oshima y allí encontré una edición antigua de Sexual Life in Ancient Rome, de Otto Kiefer. En el tren, de vuelta, me topé con dos citas desconocidas para mí: los clásicos nunca dejarán de sorprendernos.

Si hay alguno que piensa que a los jóvenes hay que prohibirles hacer el amor incluso con prostitutas, diremos que ese hombre es sin duda un individuo de gran severidad, pero también que está fuera de todo contacto con el mundo real, con el espíritu de libertad de nuestros días e incluso con el código de conducta y con la benevolencia de nuestros antepasados. ¿Cuándo no fue eso normal? ¿Cuándo se vio tal censurado? ¿Cuándo no fue justo hacer lo que siempre ha sido un privilegio legal? 
(Cicerón, Pro Caelio, 20)

Elimina a las prostitutas de la sociedad y la reducirás al caos a causa de la lujuria insatisfecha 
(San Agustín, De Ord., ii, 12)





5 comentarios:

  1. Eran otros tiempos. Hoy por hoy, me apunto a lo de Suecia: fornica lo que te apetezca a condición de que no sea previo pago del servicio. La prostitución, ya sea literal, ya metafóricamente, no indica, para mí, sino falta de libertad. Y de unas cuantas cosas más. En fin, complicado asunto. Demasiado porcentaje del PIB.

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  2. Sorprendente de verdad, especialmente lo de San Agustín. ¡Esto es la sabiduría perennne!

    Un abrazo,

    F.

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  3. Claro que eran otros tiempos, y yo también me apunto a lo de Suecia. Pero si un tío (o una tía) libremente prefiere vender su cuerpo en la cama durante un rato a hacerlo ocho horas fregando escaleras o en un tajo cutre, nada que objetar. Ni que decir tiene que el esclavismo sexual es una de las sevicias más cutres que ha imaginado el ser humano. En definitiva: todo lo que hagan dos -o veinticuatro- en la cama con mutuo consentimiento, medie lo que medie, me parece bien y ahí las leyes creo que poco tienen que hacer.

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  4. Para ponerse al día de todo esto nada como las novelas de Houellebeck. Sector del PIB inmune a todo tipo de crisis.

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  5. Estupendas citas contra el tópico acartonado.

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