domingo, 12 de octubre de 2008

Física elemental


Los ciento sesenta centímetros de distancia cósmica mejor aprovechados del universo.






3 comentarios:

  1. Tomando prestada una expresión que usan los americanos: "Esta señora juega en una liga diferente". Habré visto la grabación cien veces, ni me aburre ni creo que lo haga nunca: qué energía, qué pasión en el actuar y, sobre todo, qué dominio de esa voz, tan amplia y profunda, de la coloratura, de esa potencia y precisión en el fraseo. No creo que exista en la historia contemporánea de la ópera otra Donna Elvira que le llegue ni de cerca, tanto en pasión como en ejecución técnica (se admiten refutaciones, no obstante.

    Sin exagerar: qué mala suerte para Mozart el no haber podido ser contemporáneo de esta gran dama: en la fosa común del cementerio de Viena no podrá evitar un sentimiento horroroso de envidia hacia los que la podemos escuchar en vida y, al mismo tiempo, le llenará de orgullo el que algunos de sus más queridos personajes hayan encontrado por fin una intérprete tal.

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  2. ¿Qué me dices Elisabeth Schwarzkopf, de esto más concretamente?

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  3. Pues, sencillamente, maravilloso. Son, a mi juicio, dos visiones bien diferentes del personaje, llenas de pasión ambas, no obstante. Con todo yo me quedo con Cecilia, (quizá tenga que ver con que ella canta en su idioma nativo) fundamentalmente porque el timbre de su voz me fascina y en su "contención", en su falta de "gritonerismo", algo en lo que casi todas las grandes caen más o menos. Me acuerdo ahora de la interpretación que hizo de Cherubino para la versión de Barenboim de finales de los ochenta o principio de los noventa, en concreto del aria del primer acto ("No se piu"). Es una pena que no esté en internet (creo que hace tiempo que retiró esta aria de su repertorio).

    Pero quizá lo más fascinante sea el que no se trata sólo de una cantante de primera categoría, sino también de una actriz superior: basta ver no sólo los personajes estos, sino también su Donna Anna, por ejemplo. Uno tiene que esforzarse para recordar que está interpretando, que no es algo que le está sucediendo a ella: lo vive, algo que yo, particularmente, nunca he sentido con una intérprete de ópera. Fíjate, por ejemplo en y en esto y en y en esto. La interpretación con Terfel la vive, se ve que se lo está pasando pipa, mientras que en la otra, que sencillamente "canta", al final no se puede contener, mira al paisano y parece que dice: "colega, esto hay que hacerlo más creíble".

    Pa acabar, compara su "Via resti servita", la que puse en el blog hace unos días con la de la niña mimada de la escena contemporánea. Creo que no hace falta argumentar mucho: no hay color.

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