martes, 30 de noviembre de 2010

Ganar perdiendo, perder ganando


Mucha de la prensa del mundo habla de la gran victoria nacionalista en Cataluña. Para victoria, la anterior: un presidente txarnego que con los votos de su chusma anti-nacionalista gobierna poniendo en marcha el programa del más radical pujolismo: ir adoctrinando por las escuelas a los chavales en el pensamiento unitario nacionalista mientras se excita el espantajo del agravio comparativo y así se ponen los ánimos propicios a la inevitable solución independentista. Si Montilla-Kerensky hubiera estado cuatro años más en la poltrona, cosa hecha. Pena que la gentuza que le votaba al final haya caído en la cuenta...


3 comentarios:

  1. Me parece muy atinado el razonamiento. Aunque lo que más se aproxima a la verdad, creo, es el hastío. El que le ha hecho exclamar a Boadella: ¡que se vayan y nos dejen en paz de una puta vez! Y lo siento, porque en Cataluña, lo sé por experiencia, hay mucha gente la mar de razonable. Aunque también, a qué negarlo, la razón no quita la cobardía de una inmensa parte de los razonables.

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  2. Sí, el hastío. La nación ha sido generosa con Cataluña. Todas las olimpiadas se han celebrado o en la capital del país o en la ciudad de mayor importancia económica. La olimpiada de Barcelona, según yo recuerdo ahora, ha sido la única excepción. Existe toda una cadena de Radio Nacional en catalán (lo mismo de televisión): no recuerdo en un país de Europa en que suceda lo mismo. La civilizada Francia nunca ha admitido ninguna lengua oficial que no fuera el francés: ni el bretón, ni el occitano (con una gran literatura) ni el vasco han recibido más que consideración de simple patois. Casi ninguna nación del mundo (incluida la francesa) permite que una región se haga cargo de la educación de los jóvenes. Así hasta el infinito.

    Lo del hastío es comprensible: lo decía ya hasta Azaña...

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  3. Me ha dado por pensar que en realidad fue una putada para todos (catalanes y españoles) lo del rey que mandó a las tropas y tal. Si no hubiera sucedido eso hoy en día ambos países (Cataluña y España) tendríamos unas relaciones excelentes como las que mantenemos con Portugal, no habría tanta mala leche por ninguna de las partes y seguramente nuestra situación económica sería la misma en cada una de las partes. En fin, quien sabe si a la larga lo mejor sea un divorcio amistoso que no mantener "ad infinitum" esta situación de mala leche.

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