martes, 29 de abril de 2008

Yōchien de niños grandes


En la clase de lectura, al fondo del aula, un estudiante me dormía plácidamente. Los profesores indígenas rara vez se molestan por esta costumbre de tanto arraigo tradicional; seguramente ellos mismos la practicaron en sus años juveniles y hasta es posible que continúen con ella en las interminables reuniones de los comités variados a los que uno se ve obligado a pertenecer si enseña por estas tierras. Algunos universitarios se divierten o trabajan por las noches. ¿Por qué no duermen en su casa? Porque vital es estar ahí en el instante cumbre de la clase: cuando el docente pasa lista.

Por mi parte, desde el primer día de curso dejo clara mi postura: voy a pasar lista porque ésa es la política de la universidad; pero el venir o no venir a clase no afectará en absoluto la nota final.

Cuando sonó el timbre llamé a capítulo al durmiente. El muchacho adoptaba durante mi perorata el aire natural y seguro para la ocasión: cabeza gacha, apariencia sumisa; por un oído me entra y por otro me sale. Me pidió perdón con la boca pequeña y ya iba a salir del aula cuando le solté: ¿Tú sabes cuánto te ha costado la clase de hoy? Piensa en lo que pagaste de matrícula y divídelo por las clases anuales: aproximadamente cinco mil yenes. Mientras has estado dormido has tirado ese dinero a la basura. Me miró y, por primera vez en toda la entrevista, pronunció una palabra con tono sincero: Sumimasendeshita ("Usted perdone"). Que se lo diga a sus padres, claro, que son quienes le subsidian el invento, porque lo que él saca con el curro de una noche de macdonals o de super veinticuatro horas se lo gasta tan feliz a la siguiente.

Money makes de world go around, claro. El que estos muchachos, con toda su vida por delante, sea casi el único idioma que comprendan de verdad, me produce uno de los sentimiento de tristeza más severos de toda mi vida profesional por este negocio del -según sabia expresión de mi heredero- parbulario de niños grandes. Qué le voy a hacer...




5 comentarios:

  1. Creo que Vitín ha dado en el clavo. El mundo, en general, cada vez se parece más a un parvulario de niños grandes. Cada cual haciendo lo que le viene en gana bajo la atente mirada del Zapatero de turno que calma su desazón haciendo leyes que sabe nadie va a respetar. Y así se cierra el círculo. En fin, una buena guerra es lo que hace falta para ver si el personal espabila.

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  2. Ya sabes: los gobernantes no son ni mejores ni peores que las naciones a las que pastorean. Con todo hay niveles. ¿Quiénes son más pueriles, los nacionalistas o los que no lo siendo les hacen el juego para arañar votos? ¿Los que enseñan fábulas en las escuelas haciéndolas pasar por historia o los que no les paran los pies por temor a asustar al elector? ¿El que alienta a la rata en su labor de zapa o el que negocia con ella sabiendo que es una rata? Grandes problemas sin duda.

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  3. Muy fino el Sr. Francisco: si no acabamos con Zapatrero el acabará con nosotros. Lo de la guerra me imagino que lo dice en broma.

    Jacobito, no metas a todos los españoles en el mismo saco: todos lo que no votamos a Zapatero merecemos un respeto, no estamos al mismo nivel que él y sus secuaces.

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  4. Se me olvidó la otra vez ¿No has pensado que a lo mejor se quedan dormidos en la clase porque sea un rollo? Yo me lo pensaría.

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  5. Seguramente tienes razón. De todas maneras no sé si, en plena primavera, has intentado mantener la atención de sesenta o setenta veinteañeros durante hora y media hablando todo el rato una lengua que no es la tuya nativa. En caso de que no lo hayas intentado, deberías hacerlo: es un ejercicio realmente inolvidable.

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