miércoles, 30 de abril de 2008

Tu párbula voca


Desde niño la ortografía me ha traído de verdad por la calle la amargura. Cuando nos tocaba la hora del dictado, los minutos que el maestro nos concedía para el aprendizaje de las palabras difíciles yo, desesperando de ser capaz de tal proeza, los dedicaba a codificar en clave numérica las bes y las uves del texto. Quizá ése sea el motivo por el que, entre los inmundos errores que arrastra desde su origen la especie a la que pertenezco, sea el del desliz ortográfico el que me inspire mayor benevolencia... por la cuenta que me tiene.

Esta mañana, leyendo el comentario de Paco de la Vega a mi entrada anterior he pegado un buen respingo: ¿Pero párvulo de verdad es con uve? Pues claro, atontao, pero si lo sabes desde que tenías quince años: Marcus parvus est.

Qué bochorno. Mi primera reacción fue el ir al ordenador, corregir la falta y ponerle una vela virtual a santa Rita para que mucha gente no hubiera pasado por el blog. Después, en un flash, me vino la frase que la semana pasada habré repetido veinte veces a mis alumnos primerizos: Una de las mejores enseñanzas que se puede recibir del aprendizaje de un idioma es la habilidad de reírse de los propios errores, porque, mientras los éxitos son estériles, meter la pata sin miedo ni pudor constituye posiblemente la fuente más inagotable de conocimiento de la que pueda disponer la humanidad.

Pues ahí dejaré el párbulo por los siglos de los idem. Además, si a mí se me hace más bonito con la b y todo. Qué cosas.





1 comentario:

  1. Sí, muy listo y no sabes ni escribir sin faltas de ortografía. Lo que se inventa para disimular la ignorancia.

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