sábado, 5 de abril de 2008

Las ideas estropean la pintura



Pocas veces se le ocurre a uno recomendar El País en estos tiempos, y sin embargo hoy aparece una entrevista muy digna de leerse. Aquí va el final, para abrir el gusanillo...

El arte se ha convertido en una payasada monumental. Una payasada a la que no deberíamos contribuir. No sé si deberíamos plantear una especie de huelga contra los museos contemporáneos, o contra los museos en general. ¿Por qué no? No tienen que ver con el arte sino con la industria de las imágenes. Es una pena que el arte, que fue concebido para hacer más grata la estancia del hombre sobre la tierra, se haya convertido en algo que es una fuente de obsesiones, de preocupaciones, manías. Y luego están todos esos artistas que se dedican a agobiarnos. Montones de artistas que se dedican a denunciar la triste situación de los pobres. ¿Pero eso a quién va dirigido, a los ricos o a los pobres? Los pobres ya lo saben, no tiene que venir un Santiago Sierra a explicárselo. El arte se ha convertido en una forma de dar caña. Como si no tuviéramos ya suficiente. Nos dan caña en el trabajo, en el museo, en casa. ¿Y dónde pasamos un buen rato? Yo siempre digo, en la discoteca. Yo les digo a mis estudiantes, mientras haya discotecas hay esperanza.


La entrevista entera, aquí.






2 comentarios:

  1. Lo único que no entiendo es lo de las discotecas. ¿Es una boutade? Para mí son como me imagino que debe de ser el infierno. Un lugar en el que no se puede hablar porque hay una música altísima que recuerda al ruido de la sala de máquinas de un barco, o un telar o cosa por el estilo. Por lo demás, hace muchos años que vengo riéndome de los museos, sobre todo de los contemporáneos. Y no te digo, ya,de ese arte que llaman social. ¡Donde esté el campo...! Incluso con sus montones de mierda de vaca.

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  2. Sí, lo de las discotecas tiene que ser una boutade: en los museos, por lo menos el aire es moderadamente limpio.

    Mira tú que yo hay una cosa con la que no estoy de acuerdo con él: a los museos hay que ir, pero a mirar a la gente, a los guardias que bostezan (si son chicas, suelen estar muy bien), incluso a comer: no sé ahora, pero en el restaurante del Reina Sofía no servían nada mal. Eso sí, en Japón muérete: la comida de los restaurantes, en todos, es de pena.

    Un amigo latinista me contó que le habían invitado a la inauguración de uno de estos museos que proliferan como hongos (mira tú que hasta en Salamanca han abierto uno). Le sentaron durante la comida en una mesa llena de artistas y me decía que él, especialista en Petrarca, ¡era el raro! Moraleja: lo que antes era la vanguardia de la humanidad ahora es el "común", lo trillado. Así tiene que ser, o sea, menos vacas sagradas, y más salir al campo, como tú dices.

    Picasso está muy bien, pero también lo está el descubrir que, en el fondo, todos somos Picasso.

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