domingo, 9 de enero de 2011

Hitler tenía más razón




5 comentarios:

  1. Nadie duda de que las mayorías pueden estar equivocadas, esa es la historia de la humanidad, error tras error aceptados todos por millones de personas, de ahí la necesidad de que alguien nos conduzca por el camino de la verdad , que mejor guía que los sacerdotes que siempre saben lo que hay que hacer porque tienen a Dios de su parte.

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  2. "Cuando todos me dan la razón dudo de si estoy equivocado". El problema más bien es cuando las élites se equivocan y transmiten sus vicios o sus errores a las mayorías, me parece a mí. Galbraith escribió un delicioso libro de historia económica en el que rastreaba cómo los errores de los economistas del pasado (más bien las fijaciones) influían en la forma de ver el mundo de sus contemporáneos de forma imperceptible para ellos. Seguramente eso sea verdad en muchos más casos de los que pensamos. Cuánto de nuestra personalidad, de los rasgos de conducta que consideramos más nuestros no se los deberemos a algún tatarabuelo cuyo nombre hasta hemos olvidado.

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  3. El comportamiento de las masas tiene, en cuestiones de ideología política, un sesgo de conveniencia social. Opera (inconscientemente) como una típica reacción de "disonancia cognitiva": si mis ideas no me convienen socialmente, cambio mis ideas. O dicho de otra manera: aquello que socialmente me favorece, acaba arraigando incluso en contra de mis convicciones morales.
    ¡Cuánto daño hicieron Arzallus y los suyos!

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  4. Viviendo por entonces en Sansebastián, un día observé que un chaval llevaba una parca verde como la del protagonista de "Quadrophenia", una película británica de 1979 en la que se arreaban leña entre los "mods" y los "rokers". Me hizo gracia. Pues bien, más gracia me hizo comprobar que a la semana lo raro era ver un chaval que no llevase semejante parka. Hace unos días estuve en Bilbao y vi que la mayoría de los jovenes vestían de negro con cazadoras muy ajustadas y peinados mohicanos. Gente con una personalidad muy acusada.

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  5. Eso que dices de la conveniencia lo vimos muy bien en nuestra infancia. Seguramente habrá algún día un medio científico para conocer cuántas personas de las que estuvieron en la última gran manifestación del Régimen en la Plaza de Oriente (o en la cola de la capilla ardiente de Franco) luego corearon pocos tres años después el regreso de Tarradellas. De cosas así hablaba Esther Busquets cuando publicó sus memorias en las que revelaba algo que todos sabemos, que el franquismo se sostuvo por el apoyo y la conveniencia de la burguesía catalana. Para éstos el gran negocio era la dictadura, ahora lo es este tira y afloja con el resto de la nación y si algún día es más rentable la independencia, independencia será. Ha sido siempre el propio capital catalán, y no los ogros de Madrid, el que ha determinado los tiempos y las convicciones morales de las masas.

    Los chavales, pues eso, son chavales. El problema es cuando la gente se niega a crecer y mantienen actitudes infantiles en las que, como los niños, confunden la realidad con sus deseos y, sobre todo, no ponen límites a estos ni a los medios para conseguirlos. Entonces sobreviene lo que se ha producido en las llamadas "comunidades históricas": las ficciones (la nación vasca, la nación catalana), a fuerza de repetirse durante casi dos generaciones ya, acaban tomando carta de naturaleza. Fijaos que la mayor parte de las figuras universales nacidas por esas tierras han ido siempre de españoles por el mundo (Dalí, Unamuno, Albéniz, Pla, Baroja).

    Con respecto a Arzalluz y sus muchachos, pues no sé qué decir. Tengo razones para asegurar que todo ha sido una excusa para comer tortilla en el batzoki.

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