sábado, 8 de enero de 2011

Para güevos, los míos


Don Felipe González hoy en El País:

Debemos reconocer que somos poco productivos y hay que vincular los salarios a la competitividad. Eso no es de derechas ni de izquierdas, es de sentido común.


Es también de sentido común el afirmar que la productividad y la competitividad de las naciones están en una relación directamente proporcional con el valor de la enseñanza que han recibido sus ciudadanos. ¿Será también de sentido común el pensar que ese nivel de instrucción tenga algo que ver con las políticas educativas que el mismo Sr. González promoviera hace ya un cuarto de siglo? ¿Con su campaña sistemática de desprestigio, ninguneo y desmoralización del profesorado de enseñanzas básica y media? ¿Con el relevo del Ministerio de Educación y Ciencia nacional por diecitantas consejerías autonómicas que en muchos casos han seguido criterios amiguiles de contratación? ¿Con su apuesta por un modelo universitario que multiplicaba los centros e impedía el aprovechamiento de los recursos y la excelencia en enseñanza o investigación, que propició como nunca la fuga de cerebros?

El mejor presidente de la A a la X. Ni mucho menos: de la A a la Z; la Z de zoquete.



4 comentarios:

  1. Por cierto, lo que escribo arriba se podría interpretar, por defecto, como mi apoyo a la política de los gobiernos del partido de la oposición al PSOE, el PP de Aznar. Ni mucho menos; la política de los gabinetes de este último fueron más nefastas que las de los socialistas por dos motivos: no rectificaron los vicios del período socialista y sobre todo pusieron fin a una de las pocas actitudes positivas del PSOE en materia de enseñanza: la ampliación presupuestaria. Los populares, que gobernaron en épocas de bonanza no aumentaron los dineros en investigación ni en enseñanza pública en la misma proporción que lo hicieron los gabinetes de González (ni posteriormente de Zapatero). Con los antecedentes nombrados es de suponer que uno de los los primeros recortes que asuma un hipotético gobierno pepero sea en ese campo. Justo es reconocerlo.

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  2. Por cierto, estaría bien que algún técnico nos comentara lo que supuso la LOGSE, por qué tras esta ley el nivel de conocimiento de los alumnos de bachillerato bajó de forma tan evidente.

    Los niveles en matemáticas y en inglés de los colegiales españoles son, por lo que nos dicen los estudios, lamentables. El hecho de que no sepan de números o de una lengua extranjera no es lo fundamental, sino que eso se lee como un síntoma de bajo nivel en las dos herramientas sobre las que se construye cualquier trabajo intelectual: el pensamiento abstracto y el dominio del lenguaje (el fracaso en el aprender un segundo idioma se alimenta muchas veces de un conocimiento deficiente del propio). La LOGSE puso énfasis, por lo que yo sé, en el cambio de los contenidos, no en proporcionar al profesorado los medios para que pudiera transmitir al alumno esas herramientas gracias a las que uno desarrolla su labor intelectual.

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  3. Sobre la LOGSE, creo que circula por ahí un PANFLETO ANTIPEDAGOGICO de un tal Ricardo Moreno Castillo que ha suscitado no pocas controversias. La verdad es que todo esto de la pedagogía me resulta, como lo de los nacionalismos, tremendamente cansino. ¿Acaso hay algo nuevo sobre eso de los griegos para acá? Bien, que el Estado invierta más dinero. ¿Pero porque no los padres? Si los padres invirtiesen dinero en eso automáticamente, creo, aumentaría el prestigio del saber. Y por ahí iríamos bien.

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  4. Decía un profesor mío: "La psicología es la hija tonta de la filosofía. No os digo cómo será la pedagogía a la que parió aquélla".

    Lo triste es que con el mismo dinero se podría haber hecho mucho mejor. Cuando los maestros se enfrentaron en los ochenta al gobierno de mayoría absoluta socialista a González no se le ocurrió sino contraatacar de la forma más estúpida posible, demostrando así su verdadera estofa: quitándoles la autoridad delante de la ciudadanía. Así, cuando llegaron los noventa los colegios se convirtieron en lugares de vida insufrible: los padres, que veinte años pedían que les dieran más hostias a los niños venían a los centros a dárselas ellos mismos a los maestros. Hay una cosa básica en cualquier empresa: un currela descontento es un currela improductivo. Los socialistas consiguieron en dos legislaturas que el número de depresiones se multiplicara y sobre todo que el nivel de satisfacción del gremio se viera por los suelos. Creo que ahí está fundamentalmente la clave del fracaso del sistema educativo, no en mayor o menor dinero.

    Luego hay cuestiones más de detalle, como que la calidad del profesorado en muchos casos disminuyó al tomar las autonomías las riendas. Si en una oposición nacional el enchufe era la excepción, en diecisiete oposiciones regionales, donde todo el mundo se conocía, se convertía casi en norma, con lo que currículum y conocimientos era lo de menos para acceder a una plaza.

    Por otro lado, dar una educación decente a un crío no es tan difícil. Se trata de poner en su mano instrumentos para que se exprese con soltura en los lenguajes del mundo que le rodea: el del número, el idioma, la música, el dibujo, el cultivo del cuerpo. Ya está; los contenidos vienen por su propio peso. Una persona que se sabe expresar bien por escrito, que domina la abstracción matemática y las artes por fuerza tendrá que ser una persona curiosa con su entorno y buscará donde sea cómo satisfacer esa curiosidad. No lo veo tan difícil.

    Con respecto a lo del dinero, lo que dices es claro. Conozco a mucha gente en España que se ha empeñado para tener un buen coche; a nadie que lo haya hecho para mandar a su hijo a estudiar a Harvard. Eso sí que sería un cambio de verdad, y no lo del tabaco en los bares.

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