viernes, 18 de marzo de 2011

Corazón de tigre


Esta mañana nos despertamos viendo en el telediario de las siete que la central nuclear de Fukushima sigue teniendo diversos problemas, problemas que no detallaré porque ustedes seguro que los conocen. A mí, personalmente, me parece extraordinaria la profesionalidad de las personas de la NHK, la televisión nacional japonesa, quienes, ante una situación tan difícil, mantienen de esa manera la calma intentando transmitir tranquilidad a la población.

Después de haber desayunado, para distraerme un poco de las noticias, estuve escuchando un ratito música, tomé un café y jugué con mi hijo. Después salimos al súper a comprar la comida: un sushi surtido muy rico que tienen en Osaka. Parecerá un poco cansino que lo repita, pero el ambiente en la calle era de lo más normal, bueno, a excepción del frío y la nieve que caía, inusual en estas fechas.

Supongo que a muchos de ustedes les interesará más que nada saber qué pienso yo de todo esto. Verán: gracias al consejo de un gran amigo me encuentro a una distancia de la central similar a la que hay entre Salamanca y Murcia -creo-, estoy en una casa calentita y fuera nieva; he comido un sushi riquísimo y esta noche me tomaré una cerveza con mi suegro y mi cuñado; hay por el norte una gente -muchos niños de la edad de mi hijo o más pequeños- que, entre temblores de tierra constantes, estando ahora al lado de la nuclear, lo ha perdido todo, casi no tiene qué comer y anda alojada en unos refugios improvisados donde parece que no hay apenas con qué calentarse. Entenderán que me sienta afortunado. Además, unos hombres grandes, a los que no conozco ni seguramente conoceré nunca, se están jugando la vida para salvar la de la mitad de la gente que quiero en el mundo. Siempre digo de broma que soy un tercio japonés, porque llevo viviendo en este país ese tiempo de mi vida; déjenme que hoy lo diga, muy en serio y con orgullo, el orgullo de pertenecer, aunque sea de forma consorte, de lado y muy espuria, a la misma estirpe de esos hombres grandes, unos hombres que en el cuerpo de humanos normalitos atesoran un inmenso e indomable corazón de tigre.



4 comentarios:

  1. Mientras lo que leemos en la prensa española es de un alarmismo desaforado, lo que viene de parte de los residentes en Japón resulta bastante tranquilizador. Y en tu caso, además, es una muy bella descripción de la situación.
    Gracias por informarnos.

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  2. Gracias a ti por leerme, faltaría más.

    La situación es difícil, pero es muy triste la interpretación parcial hacia lo apocalíptico que hacen los medios de las opiniones de los expertos. A ellos es a quien hay que dejar hablar.

    Leí una frase muy buena en Twitter (lo debo de tener en el margen del blog). "En España esto no podría pasar. Somos el país con mayor número de ingenieros nucleares por habitante. Basta oír las conversaciones de los bares". Creo que lo mismo pasa en los periódicos.

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  3. Desde luego que la generosidad y el civismo que están mostrando tantos japoneses es muy loable. Mas de diez mil muertos en una catástrofe natural y la posible contaminación radioactiva de muchos otros es sin duda triste y alarmente, si no somos capaces de sentir piedad por ellos, es que ya no somos humanos.

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  4. Completamente de acuerdo, Orsíloco. Realmente loable el nervio de esta gente, su afán por seguir adelante y su tesón. Los humanos no somos solo lo que sale en la telebasura; también somos esto.

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