jueves, 17 de marzo de 2011

Transmitiendo desde Osaka

Después de escribir la crónica de ayer recibí por internet mensajes de mi familia y de mis amigos, en especial de uno en cuyo criterio profesional en seguridad nuclear confío mucho, y todos me decían que se quedarían más tranquilos si me fuera de vacaciones a un sitio más lejos de la central de Fukushima. Mi criterio siempre es hacer caso a quien te quiere, y si esa persona es experto en algo de lo que tú no tienes ni idea, más todavía. Así que hablé con mi mujer y aprovechando que estamos de vacaciones de primavera y puedo ventilar en cualquier sitio mis obligaciones académicas nos hemos venido a pasar unos días a casa de mis suegros, en Osaka, a unos quinientos kilómetros al oeste de Tokio.

Después de que decidiéramos el viaje, me fui a dormir al niño y yo mismo me quedé frito en el futón de al lado. Habrían pasado unos minutos cuando me despertó un fuerte golpe en el suelo, de abajo hacia arriba. En todos los años que vivo en Japón era la primera vez que lo sentía -los terremotos suelen ser de movimiento horizontal- y por lo que me han enseñado sé que esos son los peligrosos. Desperté al niño y salí con él en brazos a la calle. El temblor, que había sido fuerte, paró en ese instante y mi hijo se puso conmigo hecho un basilisco por haberle despertado.

Por la mañana fue mi mujer la que me despertó. Hicimos el petate y aprovechando que la línea de Odakyu funcionaba a primeras horas de la mañana, nos llegamos hasta Odawara donde subimos al Shinkansen. Nuestra estación, Tokai Daigaku Mae, estaba llena de gente que, como cualquier día de jornada, iba en dirección a Tokio hacia el trabajo. En la de Odawara vi a bastantes extranjeros -un gran grupo de indonesios, creo- y ni aglomeraciones ni nada extraño. En el tren se veían asientos vacíos y de nuevo muchos extranjeros, esta vez occidentales.

En Osaka la vida es completamente normal. Hemos dejado al niño con su abuelo y nos hemos marchado a comprar unos pijamas a los grandes almacenes del vecindario, porque los habíamos olvidado. Nos hemos tomado un café con un croasán y nos hemos vuelto a casa. Como cualquier otro día.

En la televisión se dan noticias continuas de la situación de la central nuclear, que parece muy difícil. Leo en internet que el emperador se acaba de dirigir a la nación, pero todavía no lo he visto. También que según la embajada de los Estados Unidos los niveles de radiactividad en Tokio no son significativos y que la de la propia nuclear ha bajado en las últimas horas hasta niveles aceptables. Ójala sigamos así por mucho tiempo.

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