domingo, 20 de marzo de 2011

Menudo rollo

Me despierto, miro el e-mail y me cuentan que el gobierno español nos va a poner transporte para devolvernos a la patria. Llamo a la embajada y pregunto que si sale también de Kansai, el aeropuerto de Osaka, y que cuánto cuesta. Me dicen que no, que solo de Tokio y que es gratis. Lo último en principio es fabuloso -aunque luego habría que pagarse la vuelta, claro-, lo primero, para nosotros no tanto, porque el acercarnos hasta Narita nos supone casi como el viaje hasta Europa. Así que para otra vez.

Como hacía buen tiempo los niños se han ido a un parque con los abuelos y nosotros a dar una vuelta por Umeda, que es el centro de Osaka. Mi mujer quería comprar hornillos de campaña para mandárselos a unas amigas que están en la zona del desastre. En la tienda de artículos de montaña he visto un cartel de una marca española que tenía ¡una frase en euskera!

Las calles estaban llenas de gente. Como es la época de las graduaciones se ven universitarias preciosas en hakama, la vestimenta que llevaban antiguamente las chicas de diario a la universidad, y hemos visto hasta una extranjera en kimono. En cada rincón hay postulantes pidiendo dinero para ayudar a la gente que ha sufrido el terremoto. En las tiendas de comida y cosas así no había ninguna cola, pero en una de pasteles había que esperar como diez minutos a que te atendieran, me imagino, porque la línea era como de cincuenta metros.

Como me vine sin lectura, en la librería más grande de Osaka me he comprado una novela de Vargas Llosa, un Quijote en un tomo y el Sherlock Holmes ilustrado completo. Me ha sorprendido el precio, por lo barato, como unas tres veces más que hace diez años, digamos. También allí había una cola que daba miedo. Después de comer en un indio hemos pensado que era buena idea ir al cine (mi mujer quiere ver The King´s Speech), pero no había entradas más que para la primera fila y nos hemos vuelto a casa.

El niño está entusiasmado porque su abuelo le ha sugerido que haga un cuaderno de campo y él ha empezado esta misma mañana. Tiene madera para el dibujo; lo ha heredado de su madre. Después lo he dormido y ahora, mientras a mi lado mi mujer trastea con su móvil, les escribo esto. "Menudo rollo patatero nos mete este", dirán ustedes. Lo siento mucho: me han dicho que escriba de la vida diaria de la gente. Pues esto es lo que hay.






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