martes, 23 de septiembre de 2008

La muerte de un maestro



Me acaba de llegar la tristísima noticia de la muerte en accidente de D. Antonio López Eire. Al Prof. López Eire (y no en menor medida a su alumno, el Prof. Méndez Dosuna) debo uno de los regalos más preciosos que puede recibir un ser humano en los años mozos: la pasión por Homero. Ha pasado ya un cuarto de siglo, pero todavía recuerdo vivamente la atención exaltada con la que le seguía en clase, aquella forma tan brillante de recitar el texto original griego y después sus endecasílabos castellanos. Seguramente hoy el mejor homenaje que podamos hacerle sea releer aquella versión excepcional de la Ilíada. Descanse en paz.





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