sábado, 27 de octubre de 2007

A propósito de "Japón exprime el atún del Mediterráneo"

Rescato ahora otro artículo de la misma época y tono de los anteriores. Creo que éste conserva mayor vigencia.



Lunes, 26 de agosto de 2002

Pesadilla algo ejemplar de una noche de verano

A propósito de "Japón exprime el atún del Mediterráneo"

Jacobo Nipónico | Tokio


Flores de color violado, coronas funerarias; un ataúd. Pierre y Manolo, dos hijos sobrios, dignos, velan al padre. Terminan las exequias. Se lee el testamento: el legado de los muchachos, un generoso patrimonio. A los pocos meses -qué desgracia- comienzan a malvender su herencia a un pérfido oriental de mirada aviesa.

Los pobres calaveras ya se ven al borde de la ruina. Buenas gentes se apiadan. En los periódicos aparecen artículos: Un astuto japonés exprime a los herederos. La opinión pública denuncia que las compras masivas de empresas a los hermanos Marenóstrum están acelerando su caída en la ruina miserable. Se haga aquí, no obstante, honor a la verdad, que no quede en entredicho la integridad de la prensa. Tras los titulares, alarmistas -que diría algún exagerado-, en el cuerpo de los sedudos artículos, ya se explica todo sin sombras, sin sensacionalismo: las transacciones son legales hasta el escrúpulo; los precios, justísimos; nadie, sino su propia mala cabeza, aconseja a los muchachos malbaratar su patrimonio.

Pero ¿quién lee un periódico hasta su última línea? El tiempo es oro, sabe usted. Las buenas gentes señalan al mercader oriental con el dedo. Las amenazas, primero entre dientes, acaban por no disimularse. Vuelan las primeras piedras. Una le alcanza, en la frente. Ya se oye a otra romper el aire, su impacto seco...

Santiago se despertó bañado en sudor. En el último momento de la pesadilla la cara del oriental se había transformado en la suya propia. Se levantó del futón sobre el pie derecho y miró el calendario buscando un omen: 25 de agosto, santa Ebba la Mayor. Qué mejor augurio: las verdes colinas de Nortumbria, la furia del viking, "Tú, que tanto quisiste a tu Inglaterra/ que ni tan siquiera la nombraste...". Este iba a ser, sin duda, un gran día. Se fue para el ordenador y releyó a Ferrán Adrià: El mejor 'sushi' del mundo, El País, 3 de agosto. La cosa estaba clara: aquel domingo, sushi.

Ya en el taxi los jugos gástricos comenzaron a trabajar. "Irasshaimase!", le saludó Tanaka san, con su sonrisa de siempre, mientras, entre la palma de su mano izquierda y dos dedos de la derecha, amasaba de forma tan diestra el arroz. El aroma del pescado fresco pusieron a Santiago en un estado de franco delirio. Sin casi mirar el menú, casi también sin dar tiempo a la esposa de Tanaka san para que sirviera el té, ordenó su plato favorito: sushi surtido de la casa.

Sabía que el divino manjar tardaría como un cuarto de hora en ser servido. Sacó de la cartera su pequeño portátil y el keitai del bolsillo. En España eran las cinco de la mañana, pero seguramente ya podría leer la edición electrónica de El País del domingo. ¿Tocaba éste el artículo de Vargas Llosa o era al siguiente?

Japón exprime el atún del Mediterráneo. Las ONG denuncian que las capturas masivas para el mercado del 'sushi' están acelerando la extinción de la especie, leyó estupefacto. No le dio tiempo a más. La sonriente esposa de Tanaka san ponía delante de él, en ese mismo instante, la bandeja con la ambrosía: el mejor sushi del mundo. Ahí estaban: el blanco con tonos marfiles del arroz, el rojo incitante del maguro; ese sabor del más exquisito gohan aromatizado con el punto justo de vinagre y wasabi; el suave filete de pescado que, apenas sin esfuerzo, se disolvería en la boca...

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. El allí, cargado de culpa, en su ignorancia, con sus hedonismos, con sus placeres egoístas, pérfidamente, estaba contribuyendo a un 'desastre ecológico de primera magnitud'. Pero Santiago era un buen ciudadano. Sin mirar el plato siquiera, se levantó, pagó y salió muy dignamente del restaurante para no volver a pisar en él nunca más. Sus jugos gástricos se rebelaron. No importaba. Qué duda había: en la esquina, en cualquier esquina, fieles, siempre le esperaban miles de MacDonals.




Jacobo Nipónico era hasta hace unas pocas horas (más exactamente, hasta el momento de leer el artículo arriba glosado) presidente-fundador de la ya disuelta y liquidada "Asociación de españoles amantes del sushi".

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