lunes, 31 de mayo de 2010

La estación de las lluvias

El viernes, cuando volví de Atsugi, desde el tren me puse a mirar los arrozales: llenos de agua son como espejos enormes que reflejan un cielo gris del que no para de caer el agua. La estación de las lluvias (¡qué compuesto más hermoso!) todavía no ha llegado, pero la lluvia misma parece no ir al tanto del parte meteorológico.

Dentro de unas semanas florecerán las hortensias -ya están preciosas en sus taludes- y los primeros brotes del arroz asomarán sobre el agua. Algún día, bajo un cielo espléndido de julio, desde el tren de nuevo, mi hijo y yo veremos la pradera de un verde pasmoso extenderse por toda la llanura hasta tocar las laderas de Tanzawa. Esos días el pecho se dilata y sientes, aunque sea por un instante, que el mundo está bien hecho.

3 comentarios:

  1. Hablar de arrozales hasta tocar las laderas de Tanzawa suena exótico. Pero, en cualquier caso, hoy, mientras pedaleaba hacia Cervera entre las mieses a punto de granar contrastando con el rojo de las parcelas recien aradas para recibir la semilla del girasol... también sentía algo de eso que dices del pecho y de que el mundo ni tan mal.

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  2. Bueno, pues yo por seguir con lo del paisaje, cuando iba con mis hijas hacia Sesto Fiorentino, a una competición de natación sincronizada, veía teñirse el paisaje toscano de un rosa palido, con un fondo de cipreses y una explosión de retama que calmaba el alma, en estos momentos de desasosiego.

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  3. Es reconfortante ver que del mismo modo en cualquier lugar de la tierra, en las exóticas Castilla o Toscana, en mi cotidiana llanura de Kanto, el paisaje nos conforta y nos esponja el alma. Como soy un pedante irremediable, si tuviera el libro a mano copiaría, para mayor pedantería en alemán, esa cita de Rilke en la que nos dice que en cualquier lugar del mundo hay mucha belleza. Pero tengo la erudición metida en cajas y a saber dónde andan las Cartas al joven poeta.

    En todo caso, lo que hoy importa, es que esta mañana del último día de mayo, cuando me he levantado muy poco católico, me lo que de verdad me ha levantado el ánimo son los dos saludos venidos desde la lejana Europa que me envían dos amigos. Muchas gracias por ellos. Me iré más tranquilo a la ergástula. Recibid mis dos abrazos.

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