sábado, 17 de julio de 2010

De putas, otro día

El verano pasado, como había un milloncillo que sobraba del presupuesto de la Biblioteca Central, sin ninguna esperanza pedí que me compraran la colección entera de los Clásicos de Cátedra. Para mi estupefacción me hicieron caso -la primera vez en tres lustros-, así que hoy, los elegantes volúmenes charolados ya catalogaditos, me he bajado hasta el tercer sótano y he tomado tres de ellos para irlos leyendo poco a poco.

En el sótano se estaba tan fresquito que me he demorado una buena hora. Mientras lo hacía iba pensando escribir en este blog acerca del proyecto del Gobierno de prohibir los anuncios de la prostitución y tal.

Con el espíritu refrigerado por las profundidades abisales de la biblio e inflamado por mis santas meditaciones acerca de esa esclavitud moderna que es el putiferio, a la hora de más calor me he subido a mi bicicleta y he bajado la cuesta hasta mi casa. En la carretera había un grupo de currelas. He tenido tentación de pararme a contemplarlos: su rostro encabronado enfrentándose al trabajo más terrible que en este día infernal puedo imaginar era digno de ser inmortalizado en una obra del ingenio humano, un poema, un cuadro de millones, alguna película de óscar. ¿Esclavitud? De las putas hablaré otro día...


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