martes, 17 de agosto de 2010

El venerable respeto a los antepasados

Agosto y seis de la mañana en mi barrio
Como todos los años por estas fechas, ya estamos otra vez con la misma matraca: un insensato de primer ministro visita Yasukuni u otro de cuerda diferente pide perdón por las atrocidades cometidas por el pérfido Imperio hace ya tres generaciones.

A ver cómo se lo explico yo a esta gente: quienes hoy vivimos en una democracia tenemos la misma culpa de las barbaridades del pasado que los romanos contemporáneos de las que perpetró Julio César entre los pobres galos. Eso sí: responsabilidad nuestra es no permitir que éstas -todas- se olviden.

El Gobierno Japonés, en lugar de andar rasgándose las vestiduras -no sabemos hasta cuándo- más bien debería preocuparse de que en las escuelas del país ningún maestro de historia presente la matanza de Nanking como una invención de los chinos, o la ocupación de la Península Coreana o de Manchuria como una gran beneficio para los nacionales de aquellas tierras.

Por respeto a la santa tradición y al coñazo de los antepasados nunca lo veré, pero qué guay sería que algún día un alto funcionario saliera por la tele y dijera: "Este año, de disculpas nada: nosotros no somos herederos de los idiotas que hicieron la guerra." Así de sencillo. Pues no hay tutía.


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