domingo, 29 de agosto de 2010

Mickey Mouse de incógnito

Me he enterado por la página del Twitter del Instituto Cervantes de Tokio que ZP la semana que entra viene para acá.

Recuerdo el día de la recepción de Aznar en la Embajada. Contradiciendo su fama de Sieso Mayor del Reyno, no paraba de hacer bromas, besar niños y viejas y de hablar con éste y aquél. Cuando estuvo preparada la paella y el famoso cocinero chino empezó a cortar lonchas de jamón de micra de ancho, hubo un momento en que Aznar y su mujer se quedaron casi con la única compañía de mis amigos y yo. Ella, con su abrigo echado sobre el hombro, aguantaba el tipo. Una colega, mientras Ana Botella casi daba cabezazos contra mi hombro izquierdo, le explicaba que la había tomado como modelo para una clase sobre la mujer española contemporánea que había impartido en su universidad. Aznar, para desesperación de los señores con sonotone que le torreaban y que miraban con el rabillo del ojo cómo se iba terminando la cuchipanda sin que el matrimonio presidencial se acercara hasta las mesas del banquete, cogió la cámara de una pareja amiga, y empezó a hacerles fotos. Hubo un momento -una décima de segundo- que estuve tentado a secuestrarlos y llevarlos a conocer el Tokio que nunca verían: un restaurante de ramen, una tienda de todo a cien, la cafetería de Shinjuku donde te hacen, tardando diez minutos de reloj, un café niquelado...

Ha corrido el rumor de que cierto alto mandatario, de cuyo país ni nombre no quiero acordarme, descontento con templos, palacios y bonsáis y deseoso de acercarse a la realidad del país con mayor profundidad, pidio conocer privadamente a elementos del género femenino nipón in camera, como aquel que dice. No sé, a lo mejor también ZP, asesorado por él hace lo mismo; pero me da que su estilo es un poco diferente: seguro que el gran secreto de su visita será, de riguroso incógnito, una vueltita por el Space Mountain de Tokyo Disneylandia...


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