miércoles, 25 de agosto de 2010

¡Mamá le chupaba a papá su pajarito!


Dice mi maestro Pascual que es una suerte para la humanidad el que los lingüistas no levantemos puentes. Cada tanto me da por pensar que habría que incluir en esa nómina, si no a otras profesiones enteras, sí a individuos que ejercen algunas de ellas.

En la ya famosa biblioteca de Atsugi fui hasta el mostrador de préstamos y pedí el periódico en español que se publica en Tokio. El resto de la prensa está a disposición libre de los lectores; éste no, me imagino que a causa del excesivo fervor letrérico de algún hispano-hablante.

Lo leí y con mi maximalismo típico de inmigrante pensé: "Qué fachas estos japoneses"; una sicóloga comentaba las consultas de cierta página de internet, en concreto las referidas a los problemas que provocaba el binomio vida sexual + casa mínima entre los matrimonios con hijos. El argumento de la especialista era en esencia el que se lee en la entradilla: los niños chicos todo lo cuentan y los mayores se traumatizan.

Hasta el padre más bobo sabe que los pequeñajos, en gran medida, son espejo de lo que ven: si tú vives algo como vergonzoso, los críos también y viceversa. Curioso que soy fui a la página original y allí me encontré con una respuesta mucho más inteligente que la de la letrada:

Un día el niño de los vecinos vino a casa y me dijo: "Mamá le chupa el pajarito a papá". Su amigo respondió: "Eso es porque se quieren. Oye, ¿vosotros también lo hacéis?" "Pues claro", respondí. Problema resuelto.

"También hay animales con birretes doctorales."
No se lo he oído decir nunca a mi maestro, pero seguro que lo piensa.

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