martes, 6 de mayo de 2008

Del daño que produce el tabaco


En el Asahi ha aparecido una carta en la que, con muy buen criterio, se animaba a las autoridades a legislar sobre el uso del tabaco en bares y cafeterías.

Cuando regresé a mi patria en diciembre, mi orgullo de caballero español se vio colmado al constatar la rigurosidad de la ley antitabaco, la rápida acogida y adaptación que han experimentado los establecimientos públicos y el respeto escrupuloso con el que los ciudadanos la cumplen. No puedo silenciar, empero, el desasosiego que me han producido también las voces antisociales de aquellos que, parapetándose tras un malentendido liberalismo argumentan que los clientes son siempre libres de elegir el quedarse en casa si ningún establecimiento les agrada, obligando así de forma indirecta a los empresarios a adoptar los cambios apropriados.

Son tan ridículos estos argumentos que casi se nos hace ocioso el refutarlos: a un español esa propia españolidad, a causa, seguramente, de un imperativo genético aún poco estudiado -sicut cervos ad fontes- le obliga a frecuentar en grado sumo los bares. Ese prístino e inmarcesible ámbito ha de ser preservado puro e impoluto, libre del pútrido humo del tabaco, de la palabra blasfema y soez, del avieso escupitajo y, en la medida de lo posible, - aquí el legislador sufrió olvido imperdonable- del triste tufo pedorro del impertinente francotirador desaprensivo.








2 comentarios:

  1. A propósito de bares:

    http://youtube.com/watch?v=LnB2a9IB_Kc

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  2. El vídeo es genial. Eso sí, lo echaron de Cataluña, pero como siga así, las socialistas lo van a echar de España...

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