sábado, 10 de mayo de 2008

Homo adaptandus


Los martes enseño en Waseda, el Oxford de estas lindes. Aunque allí cada uno se cree el rey del mambo, para mi sorpresa todavía no he descubierto a ningún muchacho genial. Al clavo que sobresale, se le machaca, dice un proverbio. En Japón no es el genio quien triunfa, sino el que mejor se adapta al sistema, vaya, el que con más gracia lo sabe torear; ése obtiene el ingreso en las mejores universidades, empresas, círculos sociales...

Mientras que las clases de la primera planta son fresquitas, la mía de la cuarta está hecha un horno. Cuando acabo la lección voy hasta donde la secretaria y le pido que me tramite una solicitud de cambio de aula. "¿Qué motivo alegamos en el impreso?" "Que hace demasiado calor". "Eso no es un motivo", me responde ella en tono metal cuchillo. Una década atrás habría desgraciado diez minutos defendiendo mi postura; hoy, sin pararme a respirar, contrataco por reflejo: "En el aparato de la del primer piso puedo usar los DVDs del sistema español." No tengo ni un DVD español, y ella lo sabe. Me mira y, con su mejor sonrisa, sentencia: "Eso sí que es un buen motivo".

Vanitas vanitatis: algunos días no puedo sino convencerme de que, en este país, el carrerón que me espera es formidable.




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