domingo, 6 de junio de 2010

Ganga para el nene

Acabo de leer en el Mediafax que han pillado a un español en Rumania con más de venticinco kilos de hachís. En Japón la ley es muy estricta: asuntos que en Europa se considerarían bobadas de críos -que alguien te mande por correo una chinita, por ejemplo- puede causarte serios dolores de cabeza.

Hará unos quince años, una profesora americana, titular de inglés de una afamada universidad del corazón de Tokio, se enviaba a sí misma desde el extranjero alijos de maría. Recuerdo haber leído poco antes un artículo de ella sobre literatura contemporánea escrito en un tono de euforia raro. En fin, uno de estos alijos lo detuvieron en la aduana, la policía registró la casa y, por supuesto, encontró las sobras del paquete anterior. Resultado: expulsión fulminante, y desprestigio pa la uni. Tuvo suerte: a los transportes que pillan en el aeropuerto los enchiqueran unos cuantos años. Las cárceles japonesas gozan de un sistema semi-militar en el que no se permiten siquiera conversaciones entre internos. Según me han contado, el delincuente es un individuo pervertido en cuerpo y espíritu y labor de la sociedad es domar uno y otro. A base de bien lo hacen. Para comprobarlo basta leer el informe de AI del pasado año.

Contrasta mucho lo estricto de la persecución de las drogas ilegales con lo permisivo con respecto a las que no lo son. Que recuerde no he visto ninguna campaña anti-alcohólica y me viene ahora a la cabeza a un ministro que afirmó hace unos años -sin que ello le costara el puesto- que fumar era lo mejor para llevar una vida larga. Me imagino que el poder de las grandes compañías productoras de tabaco y alpistillo, amén de los impuestos que generan estas actividades, serán factores que uno tendrá que sopesar cuando se habla del asunto. En cualquier caso, el empapelar a unos muchachitos atolondrados que cultivaban su maría para ellos mismos y a causa de eso llenar las universidades del país con carteles de "Absolutamente contra la Marihuana" -y no de Deja el cigarrillo o Pasa de beber- resultará excesivo y a la larga hasta contraproducente.


6 comentarios:

  1. Y yo que pensaba que la gente se iba a pegar por comentar la entrada. Por lo menos esperaba un mensaje de éste. Yes, you can...

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  2. Bueno, a lo mejó es que lo de las drogas ya no tiene tirón. Al fin y al cabo ahora vas por la calle y ya no te asaltan los yonkis. De todas formas a mi me sigue pareciendo un problema complejo. Es muy curioso observar lo que está pasando en el norte de California. Con la permisividad del cultivo y comercio de la mariguana se ha creado un ambiente ampón que está obligando a numerosas familias con chavales jóvenes a buscar otros ámbitos más saludables. Lo que, en cualquier caso, todo el mundo tiene que reconocer es que no todo el mundo es Holanda. Si lo fuese, desde ahora mismo me apuntaba sin reservas mentales a la legalización de lo que fuese.

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  3. No sabía lo de California. En cualquier caso drogas más borreguismo son un cóctel realmente letal. Sin ir más lejos ya ves las que montan cuando se toman cuatro copas los estudiantes por mi tierra. Me dice una amiga que estos días no le dejan dormir hasta las tantas los estudiantes con las fiestas de fin de curso.

    En fin, donde no hay contención acaba todo por dar asco. Será lo que pasa en California y lo que no pasa en Holanda. Siglos de puritanismo que traen réditos, me imagino...

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  4. Por cierto, qué coñazo eran aquellos pobres yonkis pidepelas que te salían por la calle con las heridas del sida y la cantinela de "¿me dejas veinte duros?" (Y aquella respuesta tuya de ¿Cuándo me los vas a devolver?" Me imagino que o se habrán muerto todos o el que quede vivo estará para el arrastre y por eso ya no se ven.

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  5. No era ¿me dejas veinte duros? Era, ¿me prestas veinte duros? Es un matiz. El puto mendigo tratándote de tú a tú. Qué diferencia de aquellos mendigos de Salamanca que cuenta Torres Villarroel.

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  6. Pero había gente peor que aquellos mendigos: eran los que se habían reformado, se habían metido en la iglesia evangélica y se creían con títulos sobre tu dinero por esa mera realidad. Cuando no se lo dabas se ponían violentos verbalmente.

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