martes, 8 de junio de 2010

Maquiavelos de bolsillo

Para matar el tedio -digo yo- los gobiernos del Jiminto, el Partido Liberal Democrático, ahora en la oposición, se inventaban historias fantásticas que parecían de miedo.

Cuando el euro empezó a circular, cayeron en la cuenta de la vergüenza que suponía tener una moneda que se mercara a ciento y pico por dólar -o euro, en este caso- y propusieron quitarle a los billetes dos ceritos. Un economista algo aguafiestas hizo cuentas de lo que supondría cambiar toda la calderilla circulante, tunear las máquinas que funcionan con ella y a los dos días el proyecto, a la basura.

Otra delirante fue la de conseguir que todo peatón japonesito, en un plazo de digamos una década, adquiriera nivel conversacional de inglés. Motivo (vete tú a saber): de nuevo la vergüenza, la torera que supone comparar el nivel del euroínglis entre los jóvenes del viejo continente y el casi inexistente japoídem entre los de por aquí. Una vez más los meros hechos contables y una lógica de mucho arroz pa poco pollo remataron la bobada.

La más alucinante fue la de construir, por las llanuras del norte, una nueva capital y así descongestionar a la del este, Tokyo, que es lo que significa. Los tenderos y toda su cofradía -vade retro- pusieron su grito en el cielo y entonces murió el cuento.

¿Eran serias estas historias o meras cortinas de humo para hacer hablar y distraer al personal? Serísimas sin duda: no creo que les dé el coco para tejer tan gran maquiavelismo.


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